El Capirote, Sevilla, 💙 Opinión

Prohibiciones

Unos días de diferencia bastan para ver cómo cambia el panorama cofradiero tras el fin del estado de alarma. La Junta desaconsejaba las procesiones aunque no las prohibía y cuando pensábamos en una desescalada con imágenes de gloria —es su época— por las calles de la ciudad aparece el arzobispado para permitir el culto externo solo cuando tenga lugar la celebración de la eucaristía. Y así se desvanecía el pensamiento de algunos hermanos que ya ideaban fechas tan señaladas como el día de la Virgen del Carmen como punto de partida de un calendario que se resiste en la capital. Porque como saben, en otras diócesis las procesiones comienzan a asomar.

No hay quien ha visto en esta ocasión una oportunidad para sacar a los sagrados titulares a las puertas para presidir la celebración de una eucaristía. No pocas plazas anteceden a los templos que podrían ser escenario de celebraciones que quedasen en la retina. Y aquí es donde los hermanos comienzan a trabajar en futuras propuestas que al menos nos arrojen imágenes de los titulares presidiendo misas como la que se celebró con el Gran Poder en la plaza de San Lorenzo el pasado mes de octubre.

Si en junio el Corpus poco se parecerá al que vivimos hace dos años no todas las hermandades sacramentales tenían en mente el mismo procedimiento. Pero Asenjo sentenciaba mediante este decreto que «tendrán carácter claustral, pudiendo impartirse la bendición con el Santísimo en el atrio del templo, donde sea posible». Y de un plumazo se retrasaba la celebración de cultos externos. E incluso quedaba en el aire la procesión de la Virgen de los Reyes en esa mañana radiante, de júbilo y luz, del 15 de agosto. Y la hermandad de la Candelaria, intentando ganar tiempo, trasladaba su procesión nuevamente al mes de diciembre, cursando la solicitud a la autoridad eclesiástica competente.

Queda conformado un calendario huérfano de procesiones, donde la imagen de la Divina Pastora de Capuchinos en el atrio del templo fue un soplo de aire fresco cargado de esperanza. Y en la calle Amparo, la Divina Pastora de Santa Marina soñaba con una procesión para septiembre donde todo está medido al milímetro que se lleva por delante el último decreto. Veremos a ver si la situación mejora y la autoridad eclesiástica, para entonces, cambia de idea.  

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