«Prohibido dar cera»

No por estar dotadas de la mayor de las lógicas y por ser conocidas, en el fondo, por todo aquel que viste o ha vestido hábito nazareno, deja de llamar la atención que una corporación penitencial haga públicas, a través de las redes sociales, las normas de obligado cumplimiento que han de ser observadas por su cortejo nazareno para una correcta estación de penitencia. Así lo ha hecho la Hermandad del Cristo de Gracia y no es la primera vez. Hace tan sólo unos días, nos hacíamos eco igualmente de la llamativa normativa interna de la cuadrilla del Cristo de Gracia que también la corporación del Alpargate difundía a través del mismo medio.

Y es que, a pesar de que se trata de normas, prácticamente por todos conocidas, resulta conveniente enfatizarlas y subrayarlas de tal modo que calen en nazarenos y público, para que sean plenamente conscientes, ambos, de lo que implica vestir el hábito nazareno, que no es en ningún caso disfrazarse como en ocasiones pudiera parecer. Normas, muchas de las cuales, siempre han estado ahí y que igualmente siempre se han recordado, si bien de manera interna. En la memoria de los cofrades más veteranos están aquellas normas que se repartían a los antiguos costaleros profesionales en las que, en ocasiones, se llegaba advertir que no estaba permitido fumar bajo el paso o incluso hacer sus necesidades fisiológicas bajo la intimidad que proporcionaban las andas. Normas impensables hoy en día, como impensables son, en la actualidad, determinados comportamientos.

Sin embargo, otros son moneda común, de ahí que no esté de más agradecer que una corporación de la trascendencia y la tradición de la del Cristo de Gracia, ponga sobre la mesa estas reglas que no solo es imprescindible que conozcan sus nazarenos sino que es necesario que lleguen al pueblo, familiares incluidos, en aras de dignificar la figura del nazareno y preservar entre todos la imagen de nuestra Semana Santa. Y es que no hace tanto, ciertas fotografías perpetradas en las calles de Córdoba, que se difundieron por todo el territorio nacional, provocaron el bochorno en dos hermandades en particular y en todos los cofrades de la ciudad en general. Las normas que han de observar los nazarenos que acompañan al Esparraguero, contienen algunas, como no caminar por la calle con el hábito sin cubrerrostro, que ciertas cofradías cordobesas respetan pero que en otras lamentablemente es moneda común y otras como la advertencia de que no está permitido el maquillaje, pintauñas o pulseras, que, por increíble que pueda parecer, aún es imprescindible recordar año tras año, y año tras años se incumple entre los nazarenos cordobeses.

Preservar la mayor compostura y corrección, la prohibición de ingerir alimentos, refrescos y bebidas alcohólicas, no abandonar las filas de penitencia salvo causa de fuerza mayor o no hablar, son algunas de las normas relacionadas por parte de la cofradía trinitaria que son absolutamente imprescindibles para dignificar el hábito. Otras, derivan del avance de los tiempos, como la prohibición de utilizar dispositivos móviles o la de subir a redes sociales fotografías con el hábito nazareno «sin la debida compostura». Y alguna que ha estado ahí siempre, «abstenerse de dar cera«, rara vez es respetada ni por nazarenos y mucho menos por el público, el infantil y el adulto, que da rienda suelta a sus niños como si de animales recién desenjaulados se tratase para que se lancen contra los nazarenos provocándoles un agobio continuo difícilmente de explicar si uno no ha sido nazareno de luz. Una norma que urge respetar por todos, por estética, por el buen funcionamiento del cortejo, imposibilitado en ocasiones para caminar con fluidez e incluso, créanme que no exagero, por salud mental del propio nazareno

De ahí que, como ocurriera hace apenas unos días, con las meritadas normas de su cuadrilla costalera, la publicación de estas otras, además de merecer el aplauso de quienes escribimos a diario de cofradías, debe llamar a la reflexión de quienes visten el hábito, para que concedan la importancia capital que subyace al hecho de ser nazareno y al mismo tiempo, a la del público que ha de entender que lo que está presenciando es una estación de penitencia y no una cabalgata de carnaval.