Miradas bajo el cubrerrostro, 💙 Opinión

¿Quién gestiona las hermandades?

En la pasada chicotá de esta procesión que no acaba, procesión que sigue mientras el nazareno tenga fuerzas para seguir caminando, mientras pueda seguir salvando las piedras que le ponen en el camino, y mientras no llegue el momento de llegar a su Templo para siempre… Decía, que en la última chicotá que di formulé una frase que ha traído cola, o suspicacias, o ratos de charla con otros nazarenos que nos acompañan en este desfile que es la vida.

La reflexión que hice en aquella chicotá era la referente a la necesidad de llegar a la Cofradías enseñado, con un bagaje y conocimientos suficientes y necesarios como para no tener que estar haciendo experimentos que no hagan sino mostrar al mundo cofrade la falta de experiencia y de capacidad de muchos de quienes están al frente de las cofradías cordobesas a fecha de hoy.

¿Recuerdan el “efecto 2000”? Fue un concepto de nuestra Historia reciente (pues “veinte años no es nada”, como dice el tango) que, aunque se tratase de un concepto tecnológico, fallido o vacío en la práctica, este efecto 2000 parece que sí afectó a otros órdenes de la vida, en especial al aspecto económico y social.

El siglo XXI se está convirtiendo en un tiempo de mediocridad más acentuada, si cabe, en muchísimos campos; en un terreno abonado para el enfrentamiento por cualquier disparidad de ideas; en una era en la que el buenismo tiene más cabida que la verdad, el esfuerzo o el mérito. Y aunque no debiera existir relación entre lo que se vive en el mundo cofrade de esta centuria con aquel temor a aquel segundo efímero en el que, finalmente, no ocurrió nada, sí parece que fue en aquel cambio de año cuando el esquema conocido hasta aquel momento se resquebrajó, esperemos que no para siempre. Supuso un giro en la forma de concebir la vida de las Hermandades y Cofradías, y, por ende, de la Semana Santa de Córdoba, lo que lleva aparejado la íntima relación que ésta tiene y debe tener con la Iglesia cordobesa.

El siglo pasado nos trajo momentos de enorme esplendor de las Cofradías cordobesas, con la aparición de Hermandades fundadas con unos pilares bien cimentados, y no al albur de la necesidad de pseudo-cofrades resentidos ávidos de cubrir su ansia de feudalismo en su pequeña corte. Fueron décadas en las que se pudo poner las bases de la identidad de la Semana Santa cordobesa. La fundación de la Agrupación de Cofradías con presidentes de enorme talla personal y cofrade; pregoneros de exquisita oratoria y vastos conocimientos cofrades, artísticos, históricos y académicos; cofrades ejemplares de reconocida trayectoria y valía para la Semana Santa de Córdoba; Juntas de Gobierno y Hermanos Mayores preparados para desempeñar la enorme responsabilidad que asumían.

Y es a este punto al que quería llegar. ¿Cómo ha podido cambiar tanto el cariz, e incluso el nivel, de quienes gestionan algunas hermandades de nuestra ciudad en estos tiempos? ¿Cómo si no es como consecuencia del declive social que vivimos desde, curiosamente, aquellos primeros años del nuevo siglo?

Quiero dejar claro que no se trata de una crítica a ningún Hermano Mayor de ninguna Cofradía en concreto (Dios me libre). Pero si alguno se ve reflejado en estas líneas, que se lo haga mirar, en vez de disparar contra quien tiene la valentía de dejar por escrito lo que muchos piensan y se dicen para sus adentros. Todo esto no deja de ser una opinión. Inciso: para quienes dicen no leer estas líneas, pero lo hacen a escondidas, en este caso estoy exponiendo una opinión; otras veces expongo hechos y realidades. Ruego no confundir.

Hoy nos encontramos rodeados de Hermanos Mayores que se parecen a aquella tortuga que estaba en lo alto de un poste: nadie entiende cómo llegó ahí, no puedes creer que esté ahí, sabes que no pudo haber llegado hasta allí solo, estamos seguros de que no debería estar ahí, y somos conscientes de que no va a hacer nada útil mientras esté ahí.

Sin embargo, no sólo se mantienen en lo alto de ese poste, sino que se aferran al mismo yéndoles la vida en ello. Y muchas veces sin ser conscientes de lo que ese cargo supone en cuanto a responsabilidad y de lo que requiere en cuanto a preparación y capacidades.

Lo primordial y básico que debe cumplir un Hermano Mayor es que tiene que venir con todas las aspiraciones personales cumplidas. Es algo tan obvio que pecaría de innecesaria su mención, pero…

Salvado este primer requisito (aunque hay ocasiones en las que esta asignatura la dejamos para septiembre… y ya vemos entonces), hay una serie de capacidades y de actitudes que un Hermano Mayor debe poseer

  • Puede sonar muy prosaico, incluso vulgar, pero quien se pone al frente de una Cofradía de hoy en día debe tener una capacidad de gestión propia de un empresario. Debe rodearse de un equipo de profesionales preparados y capacitados dispuestos a aportar sus conocimientos y ponerlos al servicio de la Hermandad; y no cometer el error de rodearse de amiguetes que le rían las gracias, cuando las tiene, y que le cubran las miserias y errores, que sí que las tiene.
  • Como gestor, debe tener conocimiento de muchas materias y no ser confiado o, peor, despreocupado. Hay quien se ha dado cuenta de la falta de preparación de muchos Hermanos Mayores en cuestiones tan básicas como el saber contratar servicios o comprar materiales para la Hermandad, y se aprovechan de la ineptitud y falta de conocimiento de lo que está gestionando ese Hermano Mayor. El desconocimiento se convierte en miedo a errar, y terminan fiándose de cualquiera.
  • Enlazado con esto último, un Hermano Mayor tiene que gestionar un presupuesto y un patrimonio. Si no se es consciente de esto se cae en el error de acostumbrarse a disparar con pólvora del rey. Y para ello debe ser muy pulcro en la presentación de las cuentas a sus hermanos, estando atento y presto a cualquier solicitud de aclaración. No olvidemos que se está al servicio de los demás.
  • Un Hermano Mayor no puede ser como el emperador Claudio. Me refiero a aquel emperador romano que siempre estaba tras de las cortinas, discreto, tomado por tonto; y sin embargo puesto al frente de Roma por los demás porque pasaba por allí, para ser el hazmerreir o el tonto que se lleva las tortas, mientras quienes lo han subido al poste se mantienen en la sombra, siendo los verdaderos dirigentes. Un Hermano Mayor debe tener un criterio (no se le pide ni que sea un criterio acertado).
  • Un Hermano Mayor debe tener una actitud de escucha y de diálogo permanente con todos los miembros de su Hermandad. Las Obras Sociales, de Misericordia o la Bolsa de Caridad de una Cofradía empiezan en muchas ocasiones en tu vecino, en tu hermano, en quien menos crees que lo necesita. Y no me estoy refiriendo a la ayuda económica. Recordemos la actitud de servicio a los demás y comprenderemos mucho mejor este punto.
  • Y se le requiere una Formación Cristiana. ¡Ay, la Formación Cristiana y la Evangelización! Esa gran olvidada de nuestras hermandades. Su ausencia nos lleva a la falta del punto anterior. Sinceramente, sin formación cristiana, ¿qué sentido tienen hoy las Hermandades? (pero esto lo dejo para una próxima chicotá).
  • Por último, a un Hermano Mayor se le pide que sepa dónde está. Cómo es la Hermandad que pretende dirigir (ojalá que gestionar), su Historia, su identidad, sus gentes, sus tradiciones.

Permíteme que insista. Si algún Hermano Mayor se ve identificado con estas palabras, o algún lametraserillos ha identificado a su “jefe”, que se lo haga mirar. No está nunca mal el mirarse el ombligo para la autocrítica; y no como se hace siempre… para el autobombo.

De todos modos, sólo es una opinión… aunque haya quien vea realidades.

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