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El viejo costal, 💙 Opinión

Recuerdos, son los que valen…

Se acerca el día de los difuntos, día de oración dedicado a los que pasaron el trance de la muerte, y una vez finalizada su vida terrenal, esperando aún la purificación de su alma, esperando en el Purgatorio, para que reciban nuestra ayuda en forma de oración junto a algo de luz, por eso se llama día de Todos los Santos.

Es el tiempo de los puestos de castañas en las cercanías de los cementerios, con su peculiar olor, a quemado y a castañas recién hechas, sus tradicionales cucuruchos de papel, calientes que queman, y volver a sentir la avidez de un niño con esa golosina en las manos.

Es el tiempo de las gachas, con coscurros de pan frito, su canela en rama, escondida junto a la piel de limón, regadas por anís, y canela en polvo a demanda, dulce de pobres, que son los que de verdad saben a gloria.

Es el tiempo de una oración dedicada a nuestros seres queridos, que ya no está junto a nosotros, y de recordar una vez más que Dios solo se lleva a los buenos, dejándonos atrás a los que no lo son.

Es el tiempo de preparar para acercarse al cementerio y depositar alguna flor, acompañada de una oración, sobre las tumbas de los que ya no son, y que siempre fueron.

Pero las cosas han cambiado, las castañas ya no se venden a las puertas de los cementerios, y junto a las gachas, han sido sustituidas por cualquier otra golosina, seguro más dañina para nuestra salud.

Ahora ya no puedes ir en estos días previos al cementerio salvo que la asistencia sea facilitada previa petición telefónica de cita, evitando así la asistencia en grupos, así como el exceso de aforo, todo correctamente orquestado y perfectamente organizado.

Además de otras medidas, seriamente tomadas, no podrás depositar nada en el interior del cementerio, ningún objeto, ni flores, ni tan siquiera productos de limpieza, aunque uno de ellos sea la salvadora “lejía” tan de moda en estos tiempos como desinfectante económico del pueblo llano, pues tampoco.

Si entras además no puedes tomar ni usar los útiles tradicionales, ni cubos, ni escaleras, ni ramos de flores, ni realizar la limpieza de los nichos, no es conveniente tocar nada ni dejar nada de nuestro rastro que pudiesen ser el origen de una contaminación y posible inicio de focos de infección.

Con todas estas medidas lo único que de verdad puedo llevar y dejar en el cementerio es efectivamente una oración, al menos de momento.

No han dejado hueco para los encuentros entre familia, lejana y no tan lejanas, y es que estas cosas, igual que las gachas, las castañas y el regado con anís están más que perdidas, olvidadas, no quiero pensar que la oración y ese poco de luz también.

Ahora voy a pedir mi cita, y voy a ver cómo voy gestionando lo de las gachas, lo de las castañas, lo de mi familia, y como no, lo de esta nueva normalidad, que con tantos cambios me queda como muy anormal del todo, y todo muy distante y lejano. Creo que soy yo que me voy haciendo viejo y solo recuerdo cosas que ya casi nadie recuerda.

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