El origen de la devoción popular a la Virgen de la Fuensanta parte de 1420. Según la tradición, vivía en el barrio de San Lorenzo, junto a la puentezuela, un infeliz cardador de lana, llamado Gonzalo García, que tenía a su mujer paralítica y a su hija loca, por lo que sólo vivía para ellas, subsistiendo con el exiguo jornal que lograba sacar con su oficio. Una calurosa tarde de verano, agobiado por los negros nubarrones de su día a día, salió de la ciudad por la puerta de Baeza en dirección alarroyo de las Peñas o Piedras, hacia el lugar conocido como de las Moras, a causa de las muchas silvestres nacidas en aquellos paredones. Ramírez de las Casas Deza, en su Indicador cordobés, relata el sucedido en los siguientes términos:
«…se le presentaron dos mujeres de noble y hermosa presencia y un gallardo mancebo, y la más bella se aproximó a Gonzalo y le dijo: «Paz sea contigo: no tengas pena: toma un vaso de agua de la fuente que está al pie de aquel cabrahigo, dala a beber a tu mujer e hija y tendrán salud.» Suspenso a estas palabras dudaba Gonzalo que fuese posible recibir tanto bien y entonces le dijo el mancebo: «Haz lo que te ordena la madre de Dios, que mi hermana Victoria y yo te hemos alcanzado este favor.» Sorprendido Gonzalo con tal encuentro volviendo los ojos a mirar la fuente… deseando poner en ejecución lo que se le mandara, volvió a la puerta de la ciudad llamada de Baeza, donde en aquel tiempo estaban las alfarerías, compró un jarro y le llevó el agua a su mujer e hija y habiéndola bebido quedaron ambas perfectamente sanas, lo que probó que no había sido ilusoria ni fantástica la maravillosa visión…»
La noticia se extendió por toda la población, por lo que fueron muchos los que acudieron al lugar para beber del agua milagrosa que, a partir de aquel momento, fue conocida como la Fuensanta. Veinte años después, un ermitaño de los que entonces moraban en la Albayda, padecía una fuerte hidropesía que lo mantenía al borde de la muerte. Tras beber el agua de la fuente, la enfermedad desapareció por completo. Restituido a su ermita no dejaba de pensar en el origen de tales milagros por la intercesión de Ntra. Sra. y de los Santos Acisclo y Victoria. Ocurrió que, después de maitines, la noche del 8 de septiembre de 1442 le fue revelado que aquella antigua higuera encerraba en su tronco una imagen de la Virgen María, escondida allí por antiguos cristianos durante la dominación musulmana, siendo esta la causa de los milagros. La voz le indicó que informase al prelado, que era don Sancho de Rojas. Éste hizo cortar la higuera y allí apareció una imagen de la Virgen portando en el brazo izquierdo al Niño Jesús. Se trata de una talla realizada en barro, de media vara de alto, con corona de la misma materia, en cuyas espaldas aparecían unas letras góticas ya gastadas y que no se podían leer. La noticia concitó en el lugar a casi todo el vecindario de la ciudad, con presencia de los estamentos civil y eclesiástico que, en palabras de Ramírez de Arellano, dieron lugar
«…a una procesión que, en medio de una alegría indescriptible, aumentada por el repique de tantas campanas como entonces había, y del disparo de cohetes y arcabuces, llegó con la imagen al Sagrario antiguo de la Catedral, hoy capilla de la Cena, donde la depositaron, hasta que se edificó en el sitio del cabrahigo el primer humilladero»
Ya en 1450, en terrenos de la antigua Huerta de Albacete. Dispuso el Cabildo que se hiciese un brocal al pozo para que allí se recogiese el agua de la fuente. El que ha llegado hasta nuestros días de estética neogótica data de principios del siglo XX y fue realizado por Mateo Inurria, en sustitución de otro anterior. Se da la circunstancia de que es la única construcción totalmente gótica de la ciudad de Córdoba. En principio unareproducción de la imagen de la Virgen, colocada en una hornacina, presidía el recinto del “pocito”. Posteriormente fue sustituida por un lienzo que representaba a Nuestra Señora de la Fuensanta, a los Santos Acisclo y Victoria delante del cabrahigo y aGonzalo García cogiendo el agua de la fuente, con una breve inscripción. Este cuadro fue reemplazado en 1949 por el mosaico de cerámica que hoy conocemos.
El cabildo trató después de construir una iglesia próxima al sito de la invención de la imagen, construyéndose un primer templo. En 1455 como consecuencia de la visita al Santuario de la reina Doña María, esposa del rey Don Alonso de Aragón y hermana de don Juan II de Castilla, que se encontraba hidrópica. Tras beber de las aguas y realizar la novena en honor de la Virgen, donó al santuario varias alhajas y una importante limosna, para que se labrase una vivienda que sirviese de hospedería, a la cual añadió otras el cabildo para habitación del capellán. Esta iglesia fue reedificada en 1649, quedando de su primitiva arquitectura la puerta lateral que da acceso al patio. En opinión de Ramírez de las Casas, en 1641 debió de construirse la fachada actual, compuesta por cuatro cuerpos, de los cuales los dos últimos forman el campanario y es toda de ladrillo de forma piramidal, «con una portadita de mármol azul, del país, y adornos blancos, todo de muy mal gusto arquitectónico», en palabras de don Teodomiro, siempre contrario al gusto barroco.
La iglesia es de tres naves sostenidas de arcos y machones adornados de pilastras de orden toscano en que carga un cornisamento corintio arquitrabado.
A lo largo de estos siglos, muchos han sido los milagros atribuidos a la intercesión de Nuestra Señora de la Fuensanta. Con evidente exageración, el autor de los Paseos afirma que necesitaría un tomo de cuatrocientas páginas para recogerlos todos. Entre ellos, destaca uno al que alude Enrique Vaca de Alfaro en su historia delsantuario: Corría el año 1505 cuando cinco estudiantes, hijos de padres conversos, decidieron gastar una broma haciendo pasar por muerto a uno de ellos, con el fin de depositarlo delante de la Virgen para luego simular su resurrección. El problema surgió cuando comprobaron que el joven estaba realmente muerto, esto los llevó a confesar la verdad mientras rogaban a Nuestra Señora que lo devolviese a la vida. En la actualidad, estos fenómenos tendrían una explicación en programas especializados de televisión, cuando no serían negados abiertamente y tachados de locos sus protagonistas. De todos modos, siempre cabe un resquicio por el que la fe logra superar barreras, haciendo realidad las palabras del Evangelio de San Mateo 21:22: «Y todo cuanto con fepidiereis en oración lo recibiréis».








