Reflexiones heterodoxas | Navidad, pobreza y negocio salvaje

Madre, yo al oro me humillo,

él es mi amante y mi amado,

pues de puro enamorado

anda continuo amarillo.

Que pues doblón o sencillo

hace todo cuanto quiero,

poderoso caballero

es don Dinero.

Francisco de Quevedo

¡Ya está aquí! Acabamos de celebrar la festividad de Todos los Santos, este fin de semana rendimos culto a Cristo, Rey del Universo. Algunas hermandades como la Presentación al Pueblo, el Huerto, el Rescatado, el Amor o la Cena celebrarán cultos en honor de sus sagrados Titulares.  La semana próxima comenzaremos un nuevo año litúrgico con el inicio del Adviento, tiempo de verde esperanza ilusionado, tiempo de preparación y de desierto interior, pues estamos esperando, nada más y nada menos que la llegada del Hijo de Dios. Ciertamente, habrá cargantes y marisabidillos que dirán que no hay nada que celebrar, que la Navidad es la cristianización de los cultos romanos al Sol Invictus, la festividad que marcaba el solsticio de invierno o de las saturnales, dedicadas a Saturno, el dios de la agricultura, pues con esta sacralización de lo pagano se favorecía la conversión de sus seguidores. Que cada cual elija lo que le parezca, pues desde esta columna no pretendemos convencer y mucho menos convertir a nadie. La cuestión es que, a la postre, como en tantas otras cosas de esta vida, la cosa se queda en la superficie, en lo intrascendental, en el oropel y el brillibrilli, en esas luces navideñas vacías y sin contenido que, si de noche ofrecen falsas sensaciones, de día resultan absolutamente decepcionantes, vacuas, insulsas e inanes. Si a ello se le une el festín de las compras, el triunfo del consumo sobre todas las cosas: «compra ahora que la semana que viene habrá subido». Al final, la Navidad se ha convertido, la hemos transformado, en la celebración del capitalismo más salvaje, donde las ventas compulsivas, con el blac friday importado de Estados Unidos como antesala, se han transformado en el leitmotiv de toda la conmemoración.

Alumbrado navideño junto a la estación de Atocha en la capital de España. Sin comentarios. Foto: PacoRomán

Los pasados 12 y 13 del presente mes de noviembre, en la sede de la Fundación Pablo VI, en Madrid, Cáritas presentaba el IX Informe FOESSA sobre Exclusión y Desarrollo Social en España. La conclusión resulta reveladora y escalofriante pues, 9,4 millones de personas en España viven procesos de exclusión social, impulsados por la desigualdad en la vivienda y la precariedad laboral. De ellas, las generaciones jóvenes tienen ante sí un futuro bloqueado, atrapadas entre la inestabilidad y la falta de oportunidades, dándose la paradoja que, después de muchos años, los hijos van a tener peor futuro que sus padres y ello, a pesar de poseer mejores estudios y unos niveles de formación, que ya hubieran querido para sí sus progenitores. Todo esto da que pensar y mucho. En la introducción se afirma que España se encuentra en una encrucijada que define no solo su presente, sino el horizonte de posibilidades para las próximas décadas. Vivimos en lo que definen como «sociedad del desasosiego», pues asistimos a la asombrosa contradicción entre los datos que ofrecen los indicadores macroeconómicos, que hablan de recuperación y crecimiento: «España va como un cohete», presumen desde el Gobierno, con su líder carismático a la cabeza. Sin embargo, la realidad de la calle es bien distinta, a esa aparente bonanza se opone la dura realdad, cada vez son, somos, más los españoles que nos encontramos en peligro de exclusión social, la bolsa de la compra se encarece de forma alarmante. Según publica Economía Digital, según un reciente estudio de Facua-Consumidores en Acción, el precio de los huevos, el aceite de girasol y el aceite de oliva, en algunos casos, ha superado el 25% en apenas un mes. En concreto, el precio de los huevos, ¡ha aumento un 34% en los últimos doce meses!, incremento que se ha agudizado en las últimas semanas como consecuencia de la gripe aviar y del aumento del consumo para la fabricación de dulces navideños.

La Gran Vía de Vigo con sus coloridas rampas cubiertas, constituye el epicentro del espectáculo de luz y color, que ha convertido a la ciudad gallega en el epicentro de la Navidad a escala mundial. Foto: PacoRomán

Un dato revelador del informe nos habla de que, mientras que en 1994 las clases medias representaban el 58% de la población, en 2024 esta proporción se ha reducido al 43%. Según sus datos, España ha pasado de ser país emisor de emigrantes, a receptor de ellos con un total de 8,8 millones de personas que han llegado hasta la fecha. Si a ello se le une el envejecimiento poblacional y la fecundidad frustrada, la composición demográfica han dado un vuelco muy preocupante a nuestra pirámide poblacional. Un segundo elemento a tener en cuenta, es la revolución laboral femenina, pasando del 40% al 70% de participación, junto a lo que el informe denomina como “las nuevas formas familiares”, que dan como resultado una sociedad más diversa, lo cual, en mi humilde opinión, no significa que sea un paso adelante sino todo lo contrario por razones muy diversas que, desde el punto de vista doctrinal, se deberían considerar. A estos dos factores se une la precariedad laboral, el modelo inmobiliario especulativo que privilegia la inversión sobre el uso social de la vivienda, el mantenimiento de un modelo de desarrollo ecológico insostenible, la transformación del teléfono móvil en nueva forma de control tecnológico sobre la sociedad contemporánea. Por último, alude a los movimientos sociales surgidos tras el 15M, caracterizados por su activismo antiglobalización, su extremismo feminista, su apoyo a los colectivos, que no personas, marginales y su crítica exacerbada contra la austeridad económica. Todo lo cual, y esto no lo señala el informe, dio paso a la creación de Podemos y sus derivadas personalistas, cuyos dirigentes más conspicuos, en cuanto pisaron moqueta, hicieron gala de un nivel de demagogia nunca visto hasta la fecha. Una de las dos Españas, siempre helando el corazón, parafraseando a Antonio Machado.

Al final, Abel Caballero, alcalde de Vigo, ya ha iniciado su particular Navidad para atraer turismo, «ande yo caliente…» como dijo nuestro paisano, don Luis de Góngora. Los anuncios de la lotería, porque son dos, ya hacen estragos con su ñoñería sensibloide, propia de la ralea dominante. La musiquilla del turrón de chocolate ya nos bombardea los tímpanos. Y, ya queda muy poco para eso de Navidad, Navidad en Canal Sur… En definitiva, nada nuevo bajo el sol. Queridos cofrades, ya falta menos para que nazca el Niño con su renovado mensaje de Amor, que es lo que realmente importa… aunque a nosotros, lo que realmente nos importa, es que ya lo podremos matar.   


Foto portada: Primeros ensayos de costaleros, previos a la Navidad. Foto: PacoRomán