Tal día como hoy, hace tan solo dos años, Córdoba entera se preparaba para ser testigo de un acontecimiento histórico que tenía como protagonista absoluta e indiscutible a la Santísima Virgen. La prometedora y calurosa jornada recibía el consabido nombre de Regina Mater y, con ella, la ciudad califal se convertía en el escenario por el que las grandes devociones marianas que hubieran recibido el privilegio de la Coronación Canónica habrían de caminar, dando lugar de este modo a toda una colección de escenas para el recuerdo.
La recordada procesión extraordinaria se comenzó a fraguar como un proyecto con el que celebrar los 775 años de la Catedral cordobesa desde su conversión al culto católico, a través del cual pasaba también a ser el templo mayor de la Diócesis. Así pues, dicho acontecimiento se transformaba en el motor para que, mediante la colaboración del propio Cabildo Catedralicio de Córdoba y la Agrupación de Hermandades y Cofradías, nuestra ciudad albergase a algunas de las imágenes más veneradas a lo largo de la historia en Córdoba y provincia.
A finales del mes de enero de 2015, las respuestas afirmativas para participar en tan ilusionante proyecto ya alcanzaba la cifra de 20 a falta de algunas indecisas que, viendo agotado el plazo para sumarse a la procesión mariana, no se harían de rogar mucho más. Para ese momento, tanto la cordobesa Hermandad de los Dolores como la del Carmen habían manifestado su interés e intención de formar parte de un evento de tales características. Sin embargo, la intriga aún se mantenía por parte de cuatro cofradías: la de Nuestra Señora de Gracia de Benamejí; Nuestra Señora de la Sierra, de Cabra; Nuestra Señora del Rosario, de la Hermandad de la Expiración y Nuestra Señora del Socorro.
Por otra parte, la extensa lista ya había quedado garantizada con las confirmaciones de las respectivas hermandades de la Virgen del Castillo, de Carcabuey; María Auxiliadora, de Montilla; la Virgen de la Cabeza, de Rute; la Purísima Concepción, de Puente Genil; Nuestra Señora de la Salud, de Castro del Río; la Virgen de la Fuensanta, de Córdoba; Nuestra Señora de la Soledad, de Priego de Córdoba; la Virgen de las Veredas, de Torrecampo; Nuestra Señora de la Antigua y Piedad, de Iznájar; la Virgen de Gracia, de Benamejí; la Estrella, de Villa del Río; la Virgen de los Remedios, de Aguilar de la Frontera; María Auxiliadora, de Córdoba; la Virgen de Belén, de Palma del Río; María Santísima del Campo, de Cañete de las Torres; Santa María del Valle, de Santaella – la cual no había sido invitada inicialmente, puesto que su coronación no había sido considerada como canónica, sumándose previa autorización del Obispado – y la Virgen de Linares, de Córdoba. Entre las citadas habría que contar, también, a Nuestra Señora de los Ángeles, de Hornachuelos, María Santísima de los Remedio, de Villafranca y la Virgen de Villaviciosa, de la capital cordobesa.
No obstante, la célebre Regina Mater no consiguió atraer finalmente a imágenes tan destacables y esperadas como la Virgen de Araceli, de Lucena o Nuestra Señora de las Angustias, de Córdoba, ambas tras haber expresado su voluntad de no tomar parte en la Magna Mariana que hoy rememoramos.
Bajo esa premisa, los días previos a la Regina Mater se iban viviendo con la lógica expectación y la llegada de las Vírgenes de la provincia y sus respectivas cofradías, las cuales eran recibidas con gran cariño por la capital y, especialmente, en las diferentes sedes en las que tuvieron ocasión de estrechar lazos con sus anfitrionas y desde las que habrían de partir para dirigirse a la inigualable Catedral en la cálida tarde del 27 de junio.
Las horas anteriores a la procesión extraordinaria tampoco estuvieron exentas de emoción contenida con la celebración de Rosarios de la Aurora – como en el caso de la Virgen de la Piedad de Iznájar – y celebraciones de misas que hacían de antesala de la esperada tarde.
Esta llegaba con la primera salida – a las 17:40 horas – que no era otra que la de la recientemente coronada Virgen del Carmen de San Cayetano, inaugurando a su paso la deseadísima jornada. Una jornada cargada de emotividad durante la que las cofradías, a pesar de las altísimas temperaturas, condujeron, orgullosas, visiblemente emocionadas y entre vivas – en alguna ocasión, alentados incluso por el propio Obispo – a sus respectivas titulares hasta el corazón de la Judería donde se las esperaba para dar completo sentido a la numerosa procesión y dejarnos, a su vez, hermosísimos recuerdos e instantáneas en el interior de la Catedral de Córdoba.
Una vez finalizada la Regina Mater, llegaban los pertinentes balances, de los que muchos medios se hacían eco, incluida, por supuesto, Gente de Paz así como la página destinada específicamente a dar a conocer los detalles de la tarde con la que, entre refrigerios y constantes golpes de abanico, pudo deleitarse el pueblo cordobés:
La Magna Mariana, que reunió el sábado en Córdoba en 25 procesiones simultáneas a otras tantas Vírgenes coronadas (18 de ellas procedentes de la provincia y muchas patronas de sus respectivas localidades), ha tenido un retorno económico para la ciudad de más de 2,8 millones de euros, justo 2.826.000, según el detallado análisis de F&J Martín Abogados, con la colaboración de Calma Ingenieros Consultores, para Diario CORDOBA.
Aunque trabajando con cifras provisionales, el estudio comenzó a realizarse antes de la celebración del evento, dejando pendiente para el cálculo final aspectos como la asistencia.
120.000 ASISTENTES Al respecto, ayer tanto fuentes municipales como el presidente de la Agrupación de Cofradías, Francisco Gómez Sanmiguel (que consideró un éxito la organización del evento) y F&J Martín y Calma cifraron esta asistencia en torno a las 120.000 personas a lo largo de toda la jornada, ya que se constató menor a la del Vía Crucis Magno de septiembre del 2013 porque el calor condicionó por la tarde la asistencia.
Eso sí, la afluencia fue mayor pasada la medianoche en el regreso de las procesiones a sus templos de acogida, con mucha presencia de visitantes de los pueblos siguiendo los cortejos, lo que vino a dar más “comodidad al evento” respecto al Vía Crucis Magno, ya que se evitó aglomeraciones en determinados puntos, como en el 2013, porque muchos solo seguían el cortejo de su imagen, explicó ayer Gómez Sanmiguel. […] (reginamatercordoba.blogspot.com.es).
También en Gente de Paz realizábamos el oportuno balance de esta histórica jornada. Por ejemplo, Marcos Fernán Caballero, en su columna semanal Candelabro de cola titulaba su análisis, «Siete reflexiones sobre el Regina Mater», que decía lo siguiente:
Pasada una semana de la celebración de la Magna Marina Regina Mater, considero adecuado realizar un somero análisis subjetivo acerca de los puntos que entiendo que merecen cierta reflexión para bien o para mal. Estos siete aspectos configuran mi particular análisis… ¿cuál es el suyo?
La organización mejoró respecto al Vía Crucis Magno de la Fe. Cierto es que, a pesar de todo, la misma estuvo bastante lejos de la perfección, pero también lo es que no es fácil organizar una procesión de 25 Vírgenes Coronadas. El retraso en el retorno hasta los templos desde la Catedral fue notable, aunque en cierto modo comprensible. La elección de la fecha de celebración y el aspecto que presentaban las sillas en los primeros tramos del recorrido oficial no tienen justificación alguna (ni perdón de Dios). ¿Por qué me da a mí que, si ese va a ser el comienzo de la futura Carrera Oficial en la Catedral, las sillas de esa zona pueden presentar un aspecto muy parecido al de este 27 de junio? Ese fresquito junto al río, ese viento nada agradable corriendo por las noches…
Ejemplar y envidiable la devoción que suscitan algunas Vírgenes Coronadas de la provincia: Sierra, Piedad, Cabeza, Inmaculada… sus fieles y devotos han acompañado no solamente la participación en la Magna Mariana, sino en todos y cada uno de los actos de culto que las mismas han celebrado en la ciudad califal. Actos que, dicho sea de paso, casi han brillado por su ausencia en las diversas Cofradías y Hermandades de la capital… salvo muy contadas excepciones. ¿Nos sirve también de excusa el calor?
La Virgen de los Dolores lució bellísima mostrando, por cuarta vez este año, su espectacular ajuar por nuestras calles. Pero hoy me van a permitir una apreciación con la que estoy seguro muchos se van a llevar las manos a la cabeza. A la Señora de Córdoba le hace falta un palio. Sí, sí: he dicho un palio. Un palio personal y distinto al del resto. Un palio original y acorde a la estética de la Dolorosa de Córdoba por antonomasia. Y por favor, no me salte con lo del cielo de Córdoba, que ya está muy manida la respuesta…
La Magna Mariana fue la procesión de 25 Vírgenes Coronadas, pero de una sola Cofradía. La preocupación por cuidar el cortejo fue casi exclusiva de la Hermandad de la Expiración acompañando a la Virgen del Rosario. Espectacular, en todos los sentidos, en el recorrido de vuelta y, lo más importante, sin renunciar a su estilo serio y solemne. A la Hermandad de San Pablo creo que solamente se le pudo poner un pero: el aspecto que presentaban las piezas altas de la candelería. El calor le jugó muy mala pasada.
La Magna Mariana tuvo 3 bandas que rozaron la perfección: Carmen de Salteras, AMUECI y Esperanza. Ojo a esta última, que la banda del joven compositor Alfonso Lozano está alcanzando un nivel más que notable. Buena noticia para la ciudad, qué duda cabe.
Entre lo menos positivo: lo de subir al paso de la Virgen del Socorro a San Acisclo y Santa Victoria me resultó una idea de lo menos afortunado. Pero como dicen que no hay mal que por bien no venga, no estaría mal sugerirle a su Hermandad que se atrevan a proponer la participación de estas dos tallas en el Corpus de la ciudad.
Vista la imagen que varias fuentes nos apuntan sobre el bochornoso espectáculo que se vivió en la Catedral, a saber: personas tiradas por los suelos, gente comiendo bocadillos, colas continuas para acceder a los servicios y a las fuentes, ¿qué justificación se puede esgrimir para que se repitiera lo mismo que ya se vivió en el Vía Crucis Magno?
PD: Querido Queco, querido David de María y demás “artistas” que van a componer la canción para reivindicar que la Catedral de Córdoba pase a ser de titularidad pública: las musas no me han venido para dedicaros el poema que os prometí. Supongo que ha sido igual que cuando vosotros os ponéis frente al papel: que no solamente no vienen, sino que, además, se van corriendo.
Por su parte, Guillermo Rodríguez, en su sección semanal El Cirineo, hacía lo propio con un artículo de opinión que bajo el título «Al César lo que es del César», ofrecía también su visión particular, con la cerramos este Rincón de la Memoria sobre una histórica jornada para recordar:
Comenzaba mi artículo de opinión de hace justo una semana asegurando que hoy no habría ningún texto escrito en primera persona sobre el Regina Mater porque, en el legítimo ejercicio de mi libertad, había tomado la decisión de no estar presente en un acontecimiento que algunos han tildado de histórico y que indiscutiblemente dejó algunas estampas para el recuerdo que muchos cofrades cordobeses sólo podremos conocer a través del vídeo o la fotografía. Y en cumplimiento de lo anunciado, así será, por la insumisión relatada en mi exposición de hace siete días y porque desde que comencé a hacer pública mi particular visión de lo que sucede en nuestras cofradías, en este espacio que lleva el nombre de El Cirineo mucho antes de que cierta web de noticias nos lo tomase prestado para su sección morada, jamás he escrito de oídas y no voy a empezar a hacerlo a estas alturas del cuento.
No obstante, si quisiera mencionar dos aspectos relacionados con la Magna Mariana, uno que afecta directamente a Gente de Paz, y otro que incumbe, o debería, al global de los cofrades cordobeses.
El pasado miércoles les conté lo ocurrido en relación al reparto de acreditaciones a fotógrafos para el acontecimiento y de la advertencia que a alguno de ellos se hizo al hacerle entrega de la que le correspondía, lo que se traducía en que no tendríamos posibilidad de mostrar a nuestros lectores imágenes desde el interior de la Catedral. Como no quiero redundar en el mismo asunto, les remito a lo escrito entonces haciendo especial hincapié en el final de uno de los párrafos que terminaba diciendo: “No las tendremos a menos que «el responsable de comunicación de la Catedral, que coordina para bien o para mal los medios para la Magna Regina Mater» (sic) lo evite. En su tejado está la pelota y la responsabilidad de que semejante atropello no se produzca.” Pues bien, el mismo miércoles entablamos contacto con el mencionado responsable, José Juan Jiménez Güeto, que una vez conocida la situación solucionó el absurdo y aportó luz y lógica a todo este enojoso asunto. Como es de bien nacido ser agradecido, démosle al César lo que es del César. No sólo quedó claro gracias a su intervención que las fotografías son propiedad de sus autores y, como no podía ser de otro modo, pueden hacer con ellas lo que estimen oportuno, incluyendo publicarlas en la página que deseen, sino que a raiz de nuestro requerimiento, hemos sabido que se otorgaron acreditaciones sin las ridículas limitaciones que en origen se plantearon. Excelente su intervención que en justicia toca aplaudir públicamente, no sin antes recordar, que muchos estamos esperando volver a ver avanzar la cruz parroquial por los senderos de nuestro humilde espacio de libertad.
El otro sucedido relacionado con el Regina Mater del que quisiera aportar mi particular visión es la ausencia en el evento de Isabel Ambrosio, alcaldesa de Córdoba (empieza a serlo con minúscula) a resultas del pacto de no ganadores que le regaló la vara de mando hace apenas unas semanas. El sectario panfleto firmado por PSOE, IU y Podemos- Ganemos o como narices se llamen en esta bendita ciudad, ya dejó claro que esta sería una Corporación Municipal que no gobernaría para todos los cordobeses (lo de cordobeses y cordobesas se lo dejo a los giliprogres del lenguaje), más bien al contrario, puso de manifiesto que este gobierno, con su alcaldesa no ganadora al frente, lo haría contra una parte de Córdoba, los católicos, desde el preciso instante en el que el manifiesto impone en su punto 40, la “reclamación de la titularidad pública de la Mezquita-Catedral y de todos aquellos bienes de uso público usurpados”, denominando usurpación a una acción que hasta la fecha ha quedado meridianamente claro que es ajustada a derecho y así se han pronunciado los tribunales hasta la fecha, a pesar de las infantiles pataletas del “Califa Rojo”, y tildando de usurpadores, no a la jerarquía eclesiástica, sino a la Iglesia, es decir a TODOS los católicos. Dificilmente se puede conjugar el concepto de gobernar para todos cuando se insulta a una parte del todo. Señora Ambrosio, la Iglesia no es un ente abstracto formado por unos cuentos curas y monjas, no es la curia. La Iglesia somos todos los católicos, todos, los que votan y los que no. No pretenda engañar a nadie pregonando que quiere ser la alcaldesa de todos los cordobeses, porque no lo será mientras no retire el insulto suscrito por los tres partidos firmantes del repugnante panfleto. Me siento insultado como miembro de la Iglesia, me siento insultado por ser católico, por usted y por sus amigos. Mientras no se disculpe por ello y retire el insulto, quedará claro que su gobierno no es para todos, sino contra algunos.
La alcaldesa no ganadora, en sumisión al documento citado (que en el punto 44 recoge la frase “Impulso al carácter laico y la aconfesionalidad del ayuntamiento. Se eliminará la obligatoriedad de la presencia de la institución municipal en manifestaciones religiosas oficiales”) declinó asistir al Regina Mater con una excusa barata, que en ningún caso hubiese impedido acudir a ambas citas si hubiese existido la más mínima voluntad. Partamos de la base de que su antecesor, tampoco estuvo en el Vía Crucis Magno, es cierto que en aquél caso, ni siquiera se encontraba en Córdoba, pero su ausencia fue igualmente reprochable. Un alcalde debe estar donde su cargo así se lo exige, porque representa a toda la ciudadanía, a los que comparten su pensamiento y a los que no, y un evento que con independencia de su vertiente religiosa, que no puede alegarse cuando las creencias son inexistentes, reporta unos incuestionables beneficios económicos y de imagen para la ciudad que preside demanda su presencia.
Usted decidió no acudir y en este sentido, permítame que le haga un ruego. Obre en consecuencia, no asista absolutamente a nada que huela a incienso, pero sea valiente y no mande a nadie en su lugar. Yo particularmente prefiero ni verla aparecer por ningún acto cofrade, nada, ni a usted ni a los suyos, los presentes o los pasados, expresidentes de la Agrupación de Cofradías incluidos. Es altamente recomendable y coherente que los que firman contra nosotros eviten hacer acto de presencia en acontecimientos organizados por los menospreciados, porque una cosa es que te insulten, y que dejen muy claro que van a gobernar en tu contra y otra muy distinta en que se roce el recochineo queriendo aparentar que te respetan. La alcaldesa dejó claro el pasado sábado, que no respeta a una parte del pueblo de Córdoba, a la que no debe considerar potencial votante, visto lo visto. Hágame un favor y de ese pasito más que concluya en no enviar a ningún concejal sustituto. ¿Para qué les va a hacer pasar un mal rato si maldita la falta que nos hace?. Y cuando afloren las cifras de puestos de trabajo que existen gracias a las cofradías en esta ciudad, o a la generación de riqueza que se produce cada primavera, vuelva a sacar a pasear al “muchacho de la cera en el suelo y la responsabilidad que le piden al ayuntamiento los que se caen”… cuando quiera comparamos cifras, verá usted qué risa.





