«Resignación de una Madre», la obra de López del Espino que ha viajado a Milán

Una vez más, Francisco Javier López del Espino ha sabido cómo enmudecer al universo cofrade. La última obra del artista lucentino recibe la sentida y estremecedora advocación de «Resignación de una Madre». Se trata del boceto de terracota de la dolorosa que tallara en madera para una colección particular de la ciudad italiana de Milán hace unos meses. Sin embargo, el escultor ha llevado a cabo distintas innovaciones en esta obra.

López del Espino ha realizado un modelado valiente a través de nuevas técnicas como el empastado de óleo siguiendo el estilo de los grandes pintores y dejando un alto componente sobre la superficie -como cejas, labios, paño blanco y rojo). Además, ha decidido policromar las lágrimas en lugar de utilizar partículas de cristal fundido como se hace de manera habitual en las imágenes marianas dolorosas. Para ello, el artista lucentino ha tomado como inspiración distintas fuentes, como el célebre pintor flamenco Van der Weyden, representando las lágrimas pintadas sobre la superficie incrementando el volumen de las mismas con el óleo. 

Esta obra viene a continuar la línea ascendente de la carrera profesional de López del Espino, ya que consiguió la emoción del panorama cofrade con la ejecución de una imagen de Santa Teresa de Calcuta para Lucena. También recientemente ha presentado las escultoras de María, Madre de los Afligidos, para Murcia, un San Juan Evangelista para Cabra o un Cristo Resucitado para la localidad zaragozana de Calatayud.

El autor

Nacido en el seno de una familia humilde y trabajadora, Francisco Javier López del Espino cursó estudios primarios en Lucena y su sensibilidad artística fue evidente desde pequeño, pues desde que tuvo uso de razón recuerda haber dibujado y pintado infinidad de imágenes, hasta que en la adolescencia empezó a sentir atracción hacia la escultura y en especial hacia la imaginería. A los 17 años, con la intención de empezar a formarse como imaginero, se trasladó a Córdoba para realizar los estudios de grado medio de talla artística en madera. Con posterioridad, inició los estudios de grado superior en escultura, a la vez que entró a trabajar con importantes imaginemos  cordobeses. Para enriquecer su aprendizaje como imaginero, también trabajó durante dos años y medio en la escuela taller La Merced VI, encargada de reconstruir el retablo mayor de la Iglesia de la Merced de Córdoba, desarrollando su labor como oficial en el módulo de imaginería, ejerciendo labores de policromía, dorado y restauración.

Finalizado el periodo de estudio y aprendizaje, se trasladó a Lucena, donde abrió su propio taller en la calle Julio Romero de Torres nº 21. Enseguida comenzaron a llegar los encargos, destacando una escultura de San Juan Pablo II bendecida por el Papa Francisco en la Plaza de San Pedro de la Ciudad del Vaticano en febrero de 2014, que recibe culto en Lucena. Además, cuenta con obras en Sevilla, Almería, Conil (Cádiz), Córdoba, Tarancón (Cuenca) Ciempozuelos (Madrid), Ciudad Real, Elche (Alicante) Albacete, Malagón (Ciudad Real), Écija (Sevilla), Lucena (Córdoba) Huesca, Valencia, Porcuna (Jaén), Guadalajara, etc.

Afirma buscar como escultor es que sus imágenes transmitan un sentimiento determinado, igual que lo transmite una persona. Para ello, trata de imprimirles la divinidad que cualquier imagen religiosa debe tener, la tristeza, la belleza, el sufrimiento y el dolor, con la intención de que parezca que la imagen que estamos contemplando posea el mismo sentimiento que nosotros. “Para mí, como escultor-imaginero, desabrocharme el alma y volcar todos mis sentimientos sobre el barro o la madera resulta, aparte de algo indescriptible, una obligación”, afirma el escultor.