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Opinión, Racheando

Revolucionarios de última generación

Me he propuesto no ser visceral, pero la verdad, en ocasiones no puedo evitarlo. Llevo días pensando seriamente en mi artículo de hoy, en como no caer en provocaciones de pseudoartistas que buscan la fama a costa de polémicas y no por ser buenos artistas.

La exposición que han amparado en la Diputación de Córdoba ha conseguido lo que quería, dividir la sociedad. Incluso dentro de los propios católicos, hay quien ve la Virgen en esas representaciones y a quien no, pese a que claramente la intención ha sido representar la imagen de la Madre de Dios, por no hablar del título de la exposición.

Tras los primeros momentos de desconcierto, los políticos entraron a escena en una batalla que recordaba a otros tiempos, pero con un léxico bastante más pobre.

Los revolucionarios que nos llaman inquisidores a los que queremos que se retire esa exposición, lanzan sus soflamas desde sus teléfonos de última generación con las comodidades de nuestro tiempo, esos teléfonos que explotan a sus empleados, contra las que lanzan sus peroratas demagógicas.

Revolucionarios que leen la prensa en sus tabletas, que visten marcas de moda fabricadas por niños pakistaníes y repiten como loros las lecciones de los líderes que viven en chalets de lujo mientras al resto de la sociedad vivimos con lo justo.

Moralistas que nos llaman censores mientras caminan por la calle con aire de superioridad rodeados de asesores, o con su coche oficial. Los mismos que nos acusan estar anclados en el pasado, cuando su ideología es de hace dos siglos y, como dijeran en «Los Simpson» funciona en teoría, aunque en la práctica sólo se enriquecían los mismos que lo hacen hoy día, los de arriba.

Nos llaman fascistas los mismos que son herederos de las checas en España, de los gulags y de los campos de trabajo en otros países.

Los tiempos parecen no han cambiado para aquellos que viven bien en la partitocracia, mientras nosotros, los de abajo y, para colmo cristianos, vemos una y otra vez como nuestros sentimientos son profanados, como somos humillados. Los tiempos no han cambiado, vivimos en un eterno enfrentamiento entre bandos, creados por aquellos que, sentados en un buen sofá, lanzan sus mítines a través de las nuevas tecnologías, pero nunca verán como, a final de mes, les puedan cortar la luz.

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