Rocío, sueño del amanecer

Quizá tu frágil belleza,
quizá tus dulces colores,
tus cambiantes y pureza,
y tu esbelta gentileza,
tus fantásticos albores,
son imágenes risueñas
de contento y de ventura,
son citas de una hermosura,
son las tintas halagüeñas
de alguna mañana pura.

Los versos del poeta Enrique Gil y Carrasco escritos en 1837 se personifican hoy en la causa y motivo de estas líneas, en el leitmotiv de las fantasías del alma y del gozo de la retina.

Porque decir tu nombre es abrir los pulmones y exhalar el frescor de la amanecida, de esa misma aurora boreal que susurra al mundo que nos espera la vida, que el minutero confirma en el viaje de ida que por mucho que se afane, la muerte será vencida.

Hablar de ti, es evocar senderos, arenas inmemoriales de siglos de devoción que guardan celosas en cada montículo los recuerdos de ilusiones y plegarias, de emociones centenarias que parten y regresan a la luminosidad divina de tu blancura estelaria.

Juntar esas cinco letras es acariciar una medalla, que va desgastando el tiempo de tantas historias guardadas, de los sueños pasajeros que se miden por un cirio que llora la cera gastada, reflejado en los bordados de un manto de terciopelo que lleva como reliquia las oraciones prendadas.

Y no sé qué más decirte, lucero de sal empapada, rayo que ilumina el mundo en la oscuridad compacta, mejor que siga el silencio porque a mí no me queda nada, solo mirarte a los ojos y gritar qué guapa vienes, Rocío de la mañana.

Con estos sencillos versos acompañamos el magnífico trabajo del artista José Manuel Chamorro en su última obra, dedicada a la Virgen del Rocío, de la Hermandad de la Redención, que se coronará canónicamente el sábado 5 de julio.