Con el albor del presente 1 de enero, la Hermandad de la Merced de Córdoba ha dado la bienvenida a un ciclo cronológico de una trascendencia superlativa, erigiéndose este 2026 como el custodio del quincuagésimo aniversario desde que la actual talla de la virgen se integrara en el seno de la corporación. Esta conmemoración, que se alza como un faro en el devenir histórico de la cofradía, no solo pretende ser una mirada retrospectiva hacia aquel instante que transmutó para siempre el pulso de la hermandad, sino que se proyecta como un cimiento espiritual sobre el cual los hermanos habrán de renovar su fe y su inquebrantable compromiso con su titular.
Un itinerario de piedad y memoria colectiva
A lo largo de los doce meses que conforman este año jubilar, la institución se sumergirá en un vasto y cuidado programa de cultos, actos litúrgicos y actividades de diversa índole, diseñadas con el propósito de convertir el tiempo en un espacio de oración y convivencia. Se trata de un calendario concebido para que la memoria agradecida se entrelace con la esperanza futura, permitiendo que cada instante de este aniversario de oro se grabe de forma indeleble en la crónica de la ciudad. La junta de gobierno ha extendido una invitación formal y sentida a toda la nómina de hermanos y a los devotos en general, instándoles a participar en esta celebración de la fe bajo la tutela de la madre de dios.
La génesis artística de la dolorosa y el sacrificio de la primitiva imagen
La actual imagen devocional, que destaca en el panorama de la imaginería por su serena belleza y la hondura de su mirada, es una creación de Francisco Buiza datada en 1976. Su génesis estuvo marcada por la fatalidad material, pues la hermandad había encomendado inicialmente al maestro una restauración de la antigua talla del siglo XVIII, de escuela sevillana y propiedad de Rafael Rodríguez de Ortega, que había sido el centro de los cultos desde 1955 hasta 1975. No obstante, Buiza alertó con severidad sobre el estado de ruina técnica de la pieza, señalando que en su cabeza solo subsistía el fino rostrillo de estuco sobre la madera. Ante la imposibilidad de una recuperación, la antigua imagen fue reducida a cenizas, las cuales fueron depositadas en un habitáculo en el reverso de la nueva obra de arte, fundiendo así el pasado y el presente en un solo cuerpo.
Evolución morfológica y restauración
El proceso de conformación de la fisonomía de la virgen de la Merced no se detuvo en su bendición original, pues la talla portó inicialmente las manos de la imagen precedente, único vestigio físico que sobrevivió al tiempo. Sería poco antes del fallecimiento de Buiza cuando este labrara las manos actuales, dotando a la dolorosa de su configuración definitiva. Este patrimonio, que constituye el tesoro más preciado de la Hermandad de la Merced de Córdoba, fue objeto de una minuciosa restauración en el año 2022 por parte de la especialista Ana Infante de la Torre, asegurando que la efigie luzca con todo su esplendor en este año de gloria que hoy comienza.





