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El viejo costal, 💙 Opinión

Saquen sus manos…

Vuelven a la carga los asiduos sobre lo conveniente que sería tener una “Madrugá” en Córdoba, y algunos entran al trapo simplemente porque se mueve, o guiados por el interés económico, economía inexistente, ya que nunca ninguna corporación, ni gremio, ni partido político, estuvo dispuesto a subvencionar y devolver a la Semana Santa todo lo que la Semana Santa les dio.

Y no se dan cuenta de lo incongruente de la idea, idea de algún partido político que desea abrirse tajo en el sector de los Cofrades, y con ello sacar algún rendimiento político por la gestión de nuestras tradiciones gestionando nuestra Semana Santa.

Otros desde el lado de la gestión de las hermandades han visto la posibilidad de aumentar los ingresos, aunque sea a costa de vender sus dos riñones, por este año aciago para las Hermandades, y así salvar en parte el tipo y su economía.

Y la realidad es otra muy distante, muy distantes a los intereses políticos de unos y a los intereses económicos de los otros, señores míos, Córdoba tiene la población que tiene, dentro de esa población hay un número de personas que se podían considerar cofrades de corazón, otros de cofrades a secas, pero no tanto, e incluso, asómbrense, los hay que no lo son.

Pues partiendo de la premisa de que no tenemos una población importante, digamos que no tenemos una muestra de población suficiente para mantener las calles repletas durante el desarrollo de esa soñada Madrugá.

Así lo manifiestan los que han pasado por los distintos intentos de generarla, y que irremediablemente se vieron obligados a retornar a su lugar tradicional, “hay que acostumbrarse a ver las calles vacías”, “si seguimos un par de años el guion hubiese bajado de los 150 nazarenos”, “el público de Córdoba se marcha en masa a las playas de Málaga, tras la noche del Miércoles Santo”.

Y es que la casa hay que empezarla por los cimientos, desde abajo, me encanta que existan en mi ciudad hermandades que tengan aspiraciones, me encanta que quieran eludir las hazañas de “Calamar y Rafael” pero antes hay que cultivar y culturizar profusamente a la población, hay que aumentar logarítmicamente el número de hermanos, para que cuando caiga la cifra, se mantengan en un ratio similar al anterior a su entrada en soñada Madrugá, y así paliar al menos la falta de ingresos de guion, únicos ingresos que serán fijos, los prometidos serán o no serán, y solo se debe contar con la generación de recursos propios.

Hay que estar pendientes de que nadie meta sus manos en nuestras cosas, alejarnos de las manchas que dejan en nuestras cosas los políticos, y mantener nuestras tradiciones distantes de engaños, promesas, alineaciones, programas, y un larguísimo etc.

Y hay que ser suficientemente avispado, para que por muy bonito que sea el color del paño, no nos aparte la mirada de nuestras metas mucho más largas en el tiempo que los cuatro años que dura un mandato, ni nos vemos sometidos a la presión de hacer por hacer, que el tiempo se acaba, las hermandades tienen relojes lentos, de siglos, andan paso a paso sin pausa, y estaban antes de la creación de algún partido, y se mantendrán en su lugar varios siglos después, cuando todo el mundo ni recuerde el nombre de ese partido, ese es nuestro peso, esa es nuestra medida, y así deberíamos de seguir, cada uno por su lado, todos a una.

Es sencillo, solo hay que decirles: “señores, saquen sus manos”, y nosotros no entrar a lo primero que se mueva, y si se entra, que sea dándole tiempo al tiempo, ya saben “lo vamos a tratar y en unos años le daremos la respuesta”, con sabor antiguo de “andar sobre los pies”.

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