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Sevilla, ⭐ Portada

La Merced de San Gregorio no contempla una salida procesional de la imagen en la relación de sus cultos anuales

Queda por concretar si está previsión se circunscribe a 2021 o si será una decisión definitiva que implicaría que la Virgen nos saldría en procesión de manera anual

La nueva fraternidad de la Virgen de la Merced de San Gregorio ha desvelado la relación de cultos anuales a celebrar por la recién creada corporación. La relación contempla una procesión claustral por el interior de la Iglesia conventual de San Gregorio con la imagen de la Virgen el lugar de una salida procesional. Queda por concretar si está previsión se circunscribe a 2021, año en el que los cultos externos estarán previsiblemente mediatizados por la incidencia de la pandemia derivada del coronavirus covid 19 o si será una decisión definitiva que implicaría que la Virgen nos saldría en procesión de manera anual. 

Además, los últimos sábados del mes celebrará misa de fraternidad con rezo del Santo Rosario y sabatina, triduo a San Pedro Nolasco los días 3 4 y 5 de mayo y la celebración de su onomástica el día 6, novena a la Virgen de la Merced del 15 al 23 de septiembre culminando con función solemne el día 24 solemnidad de María de la Merced fecha en torno a la cual se expondrá a la imagen en veneración o besamanos. Finalmente, y además de la celebración de misas por las festividades de los Santos de la orden, la fraternidad celebrará misa de réquiem por las almas de los difuntos de la familia mercedaria así como por la salvación de desamparados y cautivos, de acuerdo con la idiosincrasia de la orden.

Los Padres Mercedarios de la ciudad de Sevilla desvelaban el pasado 16 de noviembre que el Padre Provincial, con el visto bueno del Consejo de la Provincia de Castilla de la Orden de la Merced, ha concedido el pertinente permiso para se efectúe la restauración de la rama laical en nuestro Convento de San Gregorio (COM 85-86 y NG 51-52), que lleva por nombre «Fraternidad Seglar Mercedaria de Nuestra Madre y Señora de la Merced y san Pedro Nolasco», así como aprueba ad experimentum los Estatutos (COM, 87) presentados para tal efecto. Tal acontecimiento se enmarca en la celebración del octogésimo aniversario de la restauración del convento en la ciudad de Sevilla.

Conviene recordar que el pasado mes de septiembre, la Comunidad de Padres Mercedarios de la ciudad de Sevilla informaba de la restauración de la Fraternidad de Seglares Mercedaria por título Fraternidad de Nuestra Madre y Señora de la Merced y san Pedro Nolasco. La presente fraternidad nace erigida de la nueva labor pastoral de la provincia de Castilla, de la que depende la Casa, que desea la fundación o restauración de fraternidades en los diversos conventos de su potestad. El objeto y fin de estas fundaciones es la formación espiritual de todos sus integrantes, la propagación de la devoción a la Santísima Virgen de la Merced y la difusión del carácter redentor de la Orden de la Merced heredado de su fundador san Pedro Nolasco. Además de incidir en la colaboración con las campañas de caridad iniciadas por la Orden. Es intención de que las primeras juras de hermanos y hermanas e imposiciones de escapulario comiencen D.m. en el último trimestre del presente año 2020.

La conventual iglesia de San Gregorio Magno, rendimos culto a la Patrona y Protectora de nuestra Orden, Ntra. Madre y Sra. de la Merced, a través de una preciosa talla de la que poco se sabe documentalmente. Las primeras referencias encontradas sobre nuestra imagen se hallan en la Memoria del Capítulo Provincial de Castilla del año 1945, en la cual se expone que durante la restauración de nuestra Orden en Sevilla, en 1940, “la familia de Ternero nos hizo entrega de la imagen de Nuestra Santísima Madre, vestida, que había pertenecido al antiguo convento, y estaba arrinconada en el convento de nuestros Descalzos de Marchena”, sin puntualizar nada más al respecto. Años más tarde, José María de Mena fechó la imagen de Nuestra Señora en el siglo XVIII, aunque sin ningún matiz que pudiese concretar de una manera más precisa su origen. Si bien, por las características formales que presenta, aunque sería arriesgado realizar una atribución certera, puntualizando las palabras de Mena la talla podría encuadrarse dentro de la escuela barroca sevillana, parece ser que de la primera mitad del siglo XVIII.

Si observamos la talla, realizada en madera y policromada al óleo, descubrimos una imagen bastante hierática, con facciones ensimismadas y de cierta severidad, pero no por ello carente de dulzura. El hermoso semblante de corte ovalado se enmarca por la cabellera, añadido del siglo XX realizado en telas encoladas, que se peina con una raya en el centro cayendo hacia ambos lados, y bajo la que se encuentran las orejas, de intenso naturalismo. El espacio en el que se distribuyen los ojos, de amable mirada baja, enmarcados por las arqueadas cejas y la boca cerrada, que esboza una ligera sonrisa, se divide en dos por la nariz, de perfil recto y que arranca desde su ancha frente.

La imagen, que mide 155 cm, se encuentra erguida. Con su mano izquierda sostiene una imagen de Jesús Niño, obra seriada de escaso mérito artístico como señalara Martínez Alcalde, pero que despierta gran fervor entre los fieles. Parece que le fue incluido a su llegada a nuestro convento, probablemente para asemejar la iconografía a la de la primitiva imagen de la Virgen de la Merced en Sevilla, conocida como “La Fernandina”, y que presidió el retablo mayor de nuestro Convento Casa Grande (actual sede del Museo de Bellas Artes) hasta la desamortización de 1835, cuando pasó a la iglesia de las mercedarias de la Asunción. Igualmente, con la derecha sostiene delicadamente con los dedos pulgar y corazón el cetro, símbolo de poderío y soberanía sobre la intercesión en la redención del género humano, y ofrece el escapulario a los fieles. Nuestra Madre, viste durante todo el año el hábito mercedario, compuesto por túnica y escapulario de tela, portando además sobre sus hombros el manto, como símbolo de su amparo y protección celestial. La iconografía es completada con la corona de imperiales, la ráfaga y la media luna a sus pies, todas piezas de orfebrería de estética neoclásica.

Dentro de las intervenciones realizadas sobre la imagen, además de los añadidos anteriormente comentados de la cabellera y el Niño de Dios, debemos destacar las actuaciones sobre el rostro y manos de la Virgen. Sin haber noticias concretas sobre las mismas, se estima que en la década de 1960 se ejecutaron dichos trabajos, repolicromando por completo el busto de la talla y sustituyendo el que se cree su primitivo juego de manos por el que posee actualmente. Estas últimas podrían considerarse obra del escultor Antonio Eslava Rubio, debido a la alta calidad de trabajo y las características formales que presentan, mostrando estrechas similitudes a las de la Virgen del Rosario de la Hermandad de la Macarena, piezas documentadas del escultor carmonense.

Desde su llegada hasta 1972 presidió el Altar Mayor de la Iglesia, pasando por aquel entonces a su retablo actual, obra de Guzmán Bejarano, ubicado en la cabecera de la Nave del Evangelio. Anualmente se celebran cultos en su honor en el mes de septiembre con el Rezo de la Novena al término de todas las misas durante los días 15 al 16, Solemne Triduo los días 21, 22 y 23; así como Función Solemne con motivo de su Solemnidad el día 24. Los actos culminan con su exposición a los fieles en Devoto Besamanos los días 23 y 24.

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