Sendero de Sueños | Gracias por tanto y por todo, Bejarano

Hoy, 10 de febrero, me he levantado con la noticia de tu partida hacia la presencia del Padre, aunque seguro que a ti te ha recibido la Virgen. Ella, a la que tanto amabas.

Aún recuerdo cuando me pedías que te hablara. Que te dijera cualquier cosa, sólo por escucharme hablar. Decías que te gustaba mi acento de cordobesa. Y nos reíamos a carcajadas, cuando en broma, imitaba el vuestro.

Hoy me viene a la mente aquel Rocío de la Fe. Tu sonrisa permanente. No se te borró de la cara en ningún momento. Te sorprendió y lo disfrutaste, a pesas del frío que pasamos. No parabas de observarlo todo, como queriendo grabar en tu corazón cada instante de aquellos momentos. Recuerdo cuando mi Diputada de Cultos me mandaba al Santuario o la parroquia y tú, con tu eterna sonrisa y predisposición, me decías: ¿ya estáis aquí? Todo va a salir bien.

Sin embargo, hay un momento que compartirnos junto a Saavedra y vuestras esposas, Rocío ambas. Un momento tan íntimo que sólo vivimos unos pocos. Un regalo de la Virgen que hizo que tú fueras testigo de ese instante tan bonito y emocionante para un rociero. Estoy segura que la Virgen te puso en mi camino para aprender. Y tanto que lo hice. Aprendí de tu sentimiento. De tu buen hacer. De tu gran corazón. Descansa en Paz. Disfruta de la presencia de la Madre y sigue haciendo Rocío como tú lo hacías.

Gracias por tanto y por todo, Bejarano. En Córdoba no se te olvidará jamás. En la ciudad de San Rafael dejaste una gran huella.