Pasado el primer fin de semana cuaresmal, así como los primeros días de esta, he de decir que no estaba preparado para que llegara este tiempo tan bonito.
Tengo el privilegio de vivir cerca de la ciudad más bonita de Andalucía, mi Córdoba; y de también vivir cerca de una de los referentes en la Semana Santa a nivel mundial, Sevilla. Y es que en estos días he podido comprobar y vivir de nuevo el ambiente de una Cuaresma cuanto menos especial. Comenzando con la elegancia de la Hermandad de la Esperanza de Córdoba con el Vía Crucis de su titular, el Gitano de San Andrés. Dos años después salió a la calle en este característico acto que cada Miércoles de Ceniza tiene lugar y al que los cordobeses no faltan. Las calles céntricas de la ciudad acogen el andar del Señor y la música de capilla, un recogimiento que echábamos todos de menos.
Seguidamente, en el fin de semana en la capital andaluza se ha respirado el ambiente que Sevilla sabe aprovechar al máximo. El olor a azahar mezclado con el del incienso, el sol radiante y las hermandades en la calle en sus diversos actos. Músicos que hacían sonar sus instrumentos y, ¿por qué no decirlo? Bulla en la calle, bulla sana que es necesaria y que nos hace recordar los mejores momentos.
Solo nos queda seguir viviendo de forma intensa esta Cuaresma, volcándonos con nuestras hermandades, grupos y bandas. Porque si algo hemos comprobado es que un día lo tenemos todo, y al otro no tenemos nada.
Disfrutad hermanos, disfrutad.





