El Capirote, Opinión, Sevilla

Sueño de una noche de verano

Un bando histórico. La víspera del 15 de agosto logró reunir en Sevilla a un importante número de formaciones musicales para anunciar la procesión de la patrona. Catorce marchas interpretadas en un recorrido que partió a las nueve de la noche desde el Santo Ángel hasta la puerta de San Miguel, adonde llegaron pasadas las diez y media. Bastó una hora y media para que Sevilla se convirtiera en capital de la música cofradiera.

Agosto, que sufre el éxodo de sevillanos a las playas junto con julio, vivió una víspera inolvidable en una noche donde el público se echó a la calle, acercándose de pueblos vecinos en una cita que, a tenor del éxito que tuvo, pretenden que se convierta en tradicional. Algunos estarán llevándose las manos a la cabeza ante la presencia de público foráneo… ¡y de bandas de otras ciudades! Otros simplemente pudimos disfrutar de una noche inolvidable. Sabor cofradiero en pleno mes de agosto, horas antes de que la Virgen de los Reyes bendijera Sevilla en su día.

El evento da para largas horas de conversación sobre otros aspectos. Por ejemplo, recuerda a la víspera del Corpus, con numeroso público en las calles y una mañana donde para encontrar bullas hay que esperarse al regreso del paso de la Sagrada Cena, mientras que Dios en una custodia soberbia entra en la catedral poniendo el broche de oro a uno de los jueves que relucen más que el sol. Se vuelve a poner sobre la mesa cuánto hay de religiosidad popular, cuánto de devoción y cuanto de afición. Y se hace extensible al resto de las fiestas de la ciudad, incluida la Semana Santa. La víspera del 15 de agosto retumbó en la ciudad, para la mañana había el mismo público que otros años, pudiendo acompañar a la patrona de Sevilla y su archidiócesis sin problema.

En ocasiones es necesario abordar en profundidad tales observaciones si no se quiere perder el auténtico sentido del cristiano, que ha de ver a través de las imágenes, representaciones de Jesús, María y los santos, el camino para acercarse a ellos. La finalidad de acercarse a una procesión pasa por tener en cuenta como primer motivo la presencia de aquellos que son procesionados sobre los pasos. De lo contrario se cae en una afición que tendrá una base, pero que no será aquella sobre la que se sustenta el creyente. Este debate poco parece importar, porque por encima otros intereses bailan, como llenar las arcas, dinero por encima de todo. Y así es como dejamos paso a los que defienden una Semana Santa desnaturalizada, sin su objetivo más significativo, que no es otro que el de evangelizar acudiendo a realizar estación de penitencia. ¿Qué sentido tiene que las cofradías saquen a sus titulares, y que estos devuelvan una vez al año su visita a aquellos que se postran diariamente a sus plantas, y que por encima de ello prime una banda, un izquierdazo o la revirá de un palio? Así es como la religiosidad popular también se resiente, pero poco importa. Crecen los aficionados y no hay tiempo de repensar las cosas porque aquí ya se está presintiendo la próxima procesión.