Advertisements
Cruce de gallardetes, 💙 Opinión

Tardes de novenas

En nuestra tierra sabemos mucho de amar a la Virgen María y prueba de ello, son las múltiples localidades que estos días de agosto están celebrando sus fiestas patronales. Durante todo el día, se suceden repiques de campanas y disparos de cohetes, anunciando con júbilo que es la hora de un nuevo encuentro con María.

En estos días donde los vecinos ausentes vuelven a sus hogares, se celebran en nuestros templos al caer la tarde el ejercicio de la novena en honor a María. En cada lugar con sus tradiciones y peculiaridades, pero en todos sitios se coincide en el amor desbordado hacia la Madre de Dios.

Cabe destacar el rigor, formalidad y seriedad con el que se están celebrando los cultos en estos momentos de pandemia, dando así un ejemplo las diferentes corporaciones a la sociedad y mostrando a las Cofradías penitenciales, que pese a las limitaciones, son muchas las posibilidades que existen de celebrar los cultos.

Centrándome ahora en el título que da nombre a este nuevo artículo de cruce de gallardetes, quisiera destacar la belleza y sabor, que dejan los cultos de novenas en el corazón de los creyentes.

Aparte de la belleza con la que se revisten los templos, los arreglos florales con aromas a nardos, el buen trabajo de los priostes con los altares de cultos o el buen hacer de vestidores y camareras para que María este radiante, a mi modo de ver, las novenas que se celebran en las tardes del tiempo estival, tienen un sabor añejo diferente a los del resto del año.

Tardes de calor y abanicos que marcan el tiempo al rozar con las medallas que cuelgan del pecho. Son tardes de encontrarte con vecinos y conocidos de toda la vida, que año tras año, están en el mismo banco fieles a su cita. Los cantos son los de siempre, convirtiéndose en himnos que se asocian a una devoción y que se repiten una y otra vez.

Son tardes de salves, sermones y predicaciones, de visitas al camarín y de ser testigos de esa fe y devoción que nos dejaron los que partieron hacía la casa del padre. En las tardes de novena, siempre hay un hueco para un poco de tertulia de las buenas a la salida del templo, de no cansarnos de querer a María, de darle gracias por llevarnos a Cristo y de llevarnos su imagen con la compra de uno de esos recuerdos que se venden en los canceles.

Podrán organizar todos los certámenes o conferencias que quieran, besamanos o meditaciones, pero por nada del mundo cambio una novena al caer la tarde. Trabajemos por cuidar dichos cultos y que no pierdan la identidad que los hizo crecer. No nos dejemos arrastrar por otras modas y seamos nosotros mismos. 

Tardes de novenas bajo el sol radiante que alumbra las calles de Andalucía, piropeando y amando a la que fue por Dios elegida, para mí, bajo el nombre del Alcázar, que desde el cerro donde fue hallada, con su mirada a través del valle del Guadalquivir riega y abona nuestras penas y alegrías.  

Advertisements

Suscríbete

Introduce tu correo electrónico para recibir todas las novedades. 


Powered by WordPress Popup