Un consejo, que me dieron, fue el siguiente: intenta y procura, nunca hablar acerca de política y religión. Yo, ingenuo, no sabía muy bien, a que se debía tal sugerencia, pero con el transcurso de algo de tiempo, y esa experiencia que te da la vida misma, comprendí a la perfección, a que se debía tal advertencia. No obstante, hay que dar la cara por Nuestro Señor, y no esconderse, en el interior del templo o con personas de mismo pensar, para decir abiertamente y con gran júbilo: soy Católico. La fe, no se debe de negar, ya que costó, ni más ni menos, que la preciosísima sangre, del Hijo de Dios, y asimismo, son tantísimos los que han muerto, mueren y morirán (los mártires) por defenderla, con uñas y dientes, siendo semillas que mueren, para que florezca la Fe. Los mártires son todo un ejemplo para todos, porque dieron su vida y testimonio de la Fe, no la rechazaron en ningún momento, aunque supusiera el fin de su vida terrena.
Últimamente, los que posee alguna clase de poder, los actores sociales y grupos de presión, pretenden reducir la fe, tan solo y únicamente a la esfera personal, y privada de las personas, cuando ello, es un ataque en toda regla, a la misma esencia de Nuestra Fe. Ella, la Fe, envuelve toda la existencia y el ser de la persona, y aparte, nuestro Papa Francisco, en alguna ocasión ha expresado: “Debemos de salir de las sacristías”, es decir, salir fuera de nuestra comodidad, donde estamos a gusto, donde sabemos que no vamos a ser marginados, que no vamos a ser calumniados, ni mirados de manera rara, ni perseguidos o sufrir esta palabra tan de moda “bullying”, por decir: soy de Cristo. Pero, mi pregunta es la siguiente: ¿Qué merito tiene no salir de estos, nuestros espacios acomodados (las sacristías)?
El hombre actual, está constituido sin identificación, con pedazos de esto y lo otro, y se amolda a todos los parámetros, estando constituido sin identidad o raíces de ningún tipo. Es decir, así como el agua, lo hace si arrogas en un vaso, una jarra o un cuento, cogiendo la forma del recipiente, así hacemos nosotros. Algo parecido, argumenta un sociólogo polaco, de nuestra era, llamado Zygmunt Bauman. ¡Una autentica desgracia de nuestro tiempo! Y como está siendo habitual, pero ello, no significa que sea lo normal y lo correcto, los cristianos del hoy, nos dejamos influenciar. Somos muchos los cristianos, los que nos cambiamos la chaqueta, en cuando nos interesa y nos parece adecuado. Nos da temor, miedo, o vergüenza, vaya a ser que a nosotros nos crucifiquen también. Es exactamente, lo que a San Pedro le sucedió, mientras estaban juzgando a Nuestro Señor. Más aun, las personas solemos cambiar de bando, tantas veces como resulte necesario, y salvaguardar nuestros intereses o nuestras apetencias personales. Este comportamiento o actitud, resulta peligroso para el seguimiento de Cristo, porque sus labios pronunciaron, las siguientes palabras: “Pero el que me niegue delante de los hombres, será negado delante de los ángeles” (Mateo 12, 9)
Por el contrario, la fe vivida entre numerosos católicos cristianos que son perseverantes y ante la tribulación o sufrimiento, continúan siendo fieles, son hombres y mujeres íntegros, de valores, de convicciones, sin fisuras, ni fracturas, y hombres y mujeres con un objetivo clarividente, con un elevado ideal, con una meta bien definida y con un gran objetivo. ¡Qué necesario son en estos tiempos estas personas!
Si en un hipotético caso, a Nuestro Señor, se le puede considerar, un político. Cosa que en absoluto no lo es, ni de lejos, por supuesto, su posible “programa electoral” serían las Bienaventuranzas (Mateo 5, 3-12). Dentro, de los puntos, de “su programa electoral”, expongo él siguiente: “Bienaventurado seréis cuando os injurie, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa”. Y “este político”, ya os dijo que no miente y cumplen sus promesas electorales. Así pues, mi pregunta es:
¿Qué temor hay? Salgamos!!!





