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El sinsentido de pagar por tocar

Vaya por delante que siempre he defendido la presencia de bandas foráneas en Sevilla, ya que pienso que, históricamente, la ciudad de la Giralda ha estado demasiado encerrada en sí misma, obnubilada en un afán de autocomplacencia que le venía impidiendo ver el hecho de que más allá de sus fronteras existían bandas de primer nivel, capaces de acompañar a cualquier paso de su Semana Santa con sobradas garantías. Este hecho quedó plenamente refrendado con el acompañamiento musical por parte de la Banda de Cornetas y Tambores del Rosario de Cádiz a la Hermandad de la Sed el pasado Miércoles Santo, cuando se vivieron momentos gloriosos que levantaron, en muchas ocasiones, el aplauso del público sevillano, que se rindió al buen hacer de la formación musical de la Tacita de Plata. Parece que la historia ha estado a punto de repertirse el próximo Lunes Santo con la presencia de la Banda de Cornetas y Tambores de las Tres Caídas de Granada tras la Hermandad de las Aguas, en un asunto turbio y del que aún desconocemos cómo puede terminar.

Decía al comienzo del artículo que siempre he defendido que bandas foráneas pongan su música en la Semana Santa de Sevilla. Y es cierto, aunque existe un gran «pero». Pero no a cualquier precio. A pesar de que la Banda de las Tres Caídas del granadino barrio del Realejo desmiente las informaciones relativas a «supuestas suculentas cantidades que irían a dicha Hermandad» (las Aguas), también se manifiesta en el comunicado de la banda que «lo único manifestado es que se ayudaría a personas o entidades necesitadas», confirmando incluso que ya había «donaciones donde se nos había indicado». Es decir, algún contacto debe haber existido y quién sabe si ha llegado a haber más que eso.

Hablando en plata, se sienta, o mejor dicho se habría sentado, un peligroso precedente. Si bien es cierto que cada formación musical es libre de aceptar los contratos por una determinada cuantía económica, más aún cuando se trata de una entidad privada como el caso de la formación granadina, sí me siento capacitado para criticar el hecho de pagar por tocar, que al fin y al cabo, parece ser que es lo que está sucediendo, a tenor de los múltiples rumores que hablan sobre la donación de la banda a la Hermandad y el comunicado de la formación musical. Esto no es nuevo, y he de decir, modestia aparte, que he venido denunciando desde hace mucho tiempo las malas artes de diversas formaciones musicales de rebajar ostensiblemente sus cachés con tal de tocar en una capital de provincia o ciudad importante como Jerez de la Frontera, perjudicando en consecuencia a Hermandades de pueblos humildes al recuperar con creces ese dinero perdido en pequeñas localidades más limitadas económicamente. Por lo tanto, termina pagando más quien puede pagar menos -las Hermandades de pueblos- y, en contraste, pagando menos quien puede pagar más –las Cofradías de capitales-.

No puedo afirmar tajantemente en qué condiciones se habrían producidos esos donativos, o si alguno se ha producido ya. Tampoco puedo tener la certeza absoluta sobre qué banda acompañará a la Cofradía el próximo Lunes Santo. Pero sí que estoy seguro de aquello que dicen de que cuando el río suena agua lleva es cierto. Una banda no publica un comunicado oficial sobre algo que no se ha producido, aún menos cuando se cita explícitamente al hermano mayor, mayordomo y abogado de la Cofradía como parte del acuerdo verbal alcanzado. Por lo tanto, la Hermandad de las Aguas tampoco se puede ir de rositas en todo este llamativo asunto. Alguien ha debido meter la pata, no me cabe duda. No me cabe duda de que si la Cofradía del Arenal no hubiera recibido esa asfixiante presión periodística y, consecuentemente, popular, en contra de la formación musical del Realejo, el acuerdo habría llegado a buen puerto.

Ahora bien, hay dos cuestiones que no soy capaz de dejar pasar. En primer lugar, hay un hecho que a mi juicio es de pura lógica. Pagar por tocar como concepto, aunque vaya destinado a fines benéficos, es un absurdo equivalente a ofrecer cualquier servicio o trabajar no ya gratis, sino además pagando por ello. Es un sinsentido no valorar el trabajo del músico cofrade durante todo un año, quien ensaya haga calor o frío, llueva o ventee. No lo digo solo por el caso concreto de las Tres Caídas de Granada, cuya situación es muy especial al ser una banda privatizada, pero sí por el agravio comparativo que podría suponer este precedente en el ámbito musical de la Semana Santa. Imaginen que a las demás Cofradías que esta banda acompaña les da por exigir también un donativo. ¿Por qué no? Imaginen, además, que más Cofradías de otros lugares empiezan a exigir lo mismo. Sería el fin de las bandas de Semana Santa tal y como las conocemos.

Más allá de los condicionantes comentados anteriormente, relacionados con la privatización de la formación nazarí, lo cierto es que la banda ha cometido errores que no solo le perjudican a ella con vistas a posibles contrataciones de otras Hermandades, sino también al gremio bandístico general, al que se le hace daño al no valorarlo en su justa medida, especialmente si esa infravaloración proviene desde una propia formación musical. La banda granadina, además, de querer realizar un donativo para fines benéficos, podría haberlo hecho en las Hermandades a las que acompaña en la Semana Santa de Granada, que a buen seguro también sabrían aprovecharlo para acometer obras sociales. Por su parte, Sevilla, que ha sido espejo para tantas cosas -y que en mi opinión, episodios como el vivido entre la Hermandad de las Aguas y la Banda de las Tres Caídas de Granada hacen que haya dejado de serlo-, habría de analizarse a sí misma antes de criticar con la crudeza que se ha hecho la actuación de la formación nazarí. El trabajo que las bandas de Semana Santa realizan durante todo un año, luchando por sobrevivir en muchos casos gracias al dinero que se recauda en Semana Santa, es algo que las Cofradías, también las sevillanas, han de saber valorar.

Y esto último me lleva al segundo aspecto que me gustaría mencionar. Es cierto que el hecho objetivo de que una banda ofrezca un donativo a una Hermandad por acompañarla en su salida procesional es algo criticable. Pero me gustaría ver a la prensa cofrade sevillana criticar con la misma fiereza actuaciones que han venido teniendo lugar durante muchos años en la ciudad de la Giralda y que no me cabe duda que se sigue produciendo. ¿Es la primera vez que escuchamos que una banda realiza un donativo a una Hermandad que acompaña? Rotundamente no, lo que sucede es que en el banderín de esas bandas pone «Sevilla», en lugar de poner «Granada» o cualquier otro lugar foráneo, y las plumas moradas se encogen cuando el sujeto a criticar posee denominación de origen local. Pagar cantidades irrisorias a las bandas que tocan en la Semana Santa de Sevilla es una -mala- práctica que no es en absoluto extraña en la capital andaluza.

Hoy he llegado a leer que de haberse materializado el acuerdo -dando por hecho que las Tres Caídas de Triana va a ser ratificada, cosa que aún está por ver-, se hubiera dinamitado el mercado del mundo de las bandas que participan en Semana Santa. Disculpen, pero ese mercado viene ya dinamitado de serie, entre otras muchas cosas, por las propias Hermandades de Sevilla, que pagan, en líneas generales y salvo honradas excepciones, cantidades irrisorias a las bandas que acompañan a sus titulares, incluso recibiendo donativos por parte de ellas, hecho que se ha extrapolado por contagio a otras capitales andaluzas. Casi cualquier dirigente de bandas de toda nuestra geografía tiene claro que si pretende tocar en cualquier capital de provincia, y muy especialmente en Sevilla, la primera premisa es que el coste sea muy bajo o nulo. Y eso se hubiera evitado si las Hermandades de Sevilla, todas ellas con un poder adquisitivo entre alto y muy alto, hubieran establecido un caché mínimo que ofrecer a las bandas, evitando así la progresiva caída del mercado, en el que las bandas -algunas, no todas- compiten por ver cuál se baja más los pantalones para acompañar a un paso de una Semana Santa «importante». En contraposición, las Cofradías más modestas de otros puntos de Andalucía deberían saber valorar en su justa medida a aquellas bandas que rebajan sus cachés en sitios «importantes», no pagando cantidades desorbitadas que también repercuten en una desvirtuación del mercado.

Otro de los comentarios absolutamente rocambolescos que he llegado a leer desde la capital andaluza es que este tema, que incumbe a la Banda de las Tres Caídas de Granada, perjudica a las demás bandas de la ciudad nazarí. Me parece hilarante pretender utilizar esta polémica para tratar de atacar a las bandas de Granada, como si tuvieran algo que ver con lo que hace o deja de hacer la formación musical del Realejo. Esto no es más que la excusa perfecta para aquella prensa sevillana que continúa enrocada en sí misma, negando una y mil veces el pan y la sal a todo lo que no lleve denominación de origen sevillana, para defender sus obtusas posturas, menospreciando todo aquello que provenga más allá de sus fronteras. Parecen pretender querer aplicar el todo por la parte, pero no les vi hacer lo mismo cuando una formación hispalense dejó tirada a una Hermandad de otra ciudad con el paso aún en la calle. ¿Se imaginan que hubiéramos señalado a las demás formaciones musicales de la ciudad por ello? En definitiva, quien pretenda acogerse al tremendo error cometido, en mi opinión, por la Banda de las Tres Caídas granadina para volver a cerrar unas puertas que parecían haberse comenzado a abrir para las formaciones musicales forasteras, les está tratando de vender una burra coja, ciega y sorda. Más allá de las fronteras sevillanas hay bandas que, además de poseer un nivel musical alto o muy alto, están dirigidas por personas con raciocinio suficiente como para saber valorar el trabajo de sus músicos durante todo un año, conscientes, además, de que aquel tópico que existía de que para darse a conocer había que sonar en Sevilla capital a cualquier coste ha quedado ya muy anticuado, amén de las posibilidades ofrecidas por los avances tecnológicos que permiten a cualquier cofrade, sea del lugar que sea, conocer a cualquier banda.

No se dejen engañar. Hay que saber analizar las cosas tal y como son, sin prejuicios concebidos sobre quiénes son los buenos -los míos- y quiénes son los malos -los que no son míos y además son forasteros-. Pagar por tocar es un contrasentido, como también lo es no cobrar por acompañar a una Hermandad, donar los exornos florales o incluso cobrar cantidades ínfimas de dinero a Hermandades capaces de pagar con solvencia cinco cifras de euros a sus respectivas bandas, cuando en otras localidades con economías más modestas las reglas del juego cambian, y los precios requeridos suben ostensiblemente. Eso es lo que ha pervertido el mercado de las bandas hasta los extremos en los que hoy nos encontramos, en un ambiente en el que una banda puede llegar a ver normal ofrecer donativos por acompañar a una Hermandad de Sevilla, al ser una práctica relativamente habitual. Este hecho que tan ruidoso está siendo no es más que la punta de un iceberg que ha venido fraguándose durante muchos años, y que pocos se han atrevido a denunciar. Hoy es muy fácil atizar a la banda granadina, que ha entrado como un elefante en una cacharrería, y a la que, siguiendo con el símil paquidermístico -válgame el palabro-, estaban esperando los cazadores furtivos de la prensa morada sevillana. Espero que este sinsentido de pagar mediante donativos por tocar sea igual de criticado cuando la formación musical protagonista sea otra y sea local, por el bien de la coherencia cofrade hispalense.