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Evangelium Solis, 💙 Opinión

«Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos»

En este Domingo XXIII del tiempo ordinario, traemos a Gente de Paz un nuevo Evangelium Solis.

Lectura del santo Evangelio según San Marcos

En aquel tiempo, dejando Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del lago de Galilea, atravesando la Decápolis. Y le presentaron un sordo, que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga las manos.

El, apartándolo de la gente a un lado, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua. Y mirando al cielo, suspiró y le dijo:

–Effetá (esto es, «ábrete»).

Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba sin dificultad.
Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos. Y en el colmo del asombro decían:

–Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos.

Palabra del Señor.

En el evangelio de hoy, Marcos nos narra la curación de un sordomudo en territorio de la Decápolis). Es en esta ciudad, para poner de manifiesto que rompía que las prevenciones que el judaismo oficial tenía contra todo territorio que consideraba pagano y sus gentes, lo que era una fuente de impureza. Para ese judaísmo, el mundo pagano está perdido para Dios. Pero Jesús no puede aceptar esa manera de pensar y actuar; por lo mismo, la actuación con este sordomudo es un símbolo por el que se va a llegar hasta los extremos más inauditos: Va a tocar al sordomudo. No se trata simplemente de una visita y de un paso por el ciudad, sino que Jesús se mete hasta el fondo de las miserias de los paganos.

Vemos a Jesús actuando casi como un curandero; incluso le cuesta trabajo, aunque hay un aspecto mucho más importante, cuando el Maestro “elevó sus ojos al cielo”. Es un signo de oración, de pedir algo a Dios, ya que mirar al cielo es hablar con Dios. Y entonces su palabra Effatá, no es la palabra mágica simplemente de un secreto de curandero, sino del poder divino que puede curarnos para que se “abran” (eso significa Effatá) los oídos, se suelte la lengua y se ilumine el corazón y la mente. Y vemos que el fragmento del evangelio quiere ser también una lección de discreción: no quiere ser reconocido por este acto de curación de un sordomudo, sino por algo que lleva en su palabra de anuncio del Reino. Dios actúa por él, curando enfermedades, porque el Reino también significa vencer el poder del mal. Los enfermos en aquella sociedad religiosa, eran considerados esclavos de “Satanás” o algo así.

Su «tocar» es como la mano de Dios que llega para liberar los oídos y dar rienda suelta a la lengua. El signo de tocar con la manos es poner de manifiesto que con los oídos abiertos aquél hombre podrá oír el mensaje del evangelio; y soltando su lengua para hablar, advierte que, desde ahora, un pagano podrá también proclamar el mensaje que ha recibido de Jesús al escucharlo en su vida nueva. Esta es una lección que hoy debemos asumir como realidad, cuando en nuestro mundo se exige la solidaridad con las miserias de los pueblos que viven al borde de la muerte.

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