Cruce de gallardetes, Opinión

Todos hemos llorado

En la mañana del Domingo de Ramos, las calles y plazas de nuestras respectivas localidades, se llenaron de luz y alegría, para recibir al Rey de Reyes a lomos de un borriquillo. Al igual que en la entrada triunfal de Cristo, también las gentes de este tiempo, aclamaron al que viene en nombre del Señor.

Pero este Domingo de Ramos, no era un domingo cualquiera. Si de por sí, este día es el más esperado por los cofrades, este año aún lo era más, puesto que se trataba de la vuelta de las Cofradías y Hermandades a nuestras calles y con ellas, nuestros nazarenos, mantillas, promesas, costaleros, músicos y todo lo que ellas traían consigo.

Desde primeras horas de la mañana, el cielo azul se vio sorprendido por los cohetes y el repique de las campanas llamando a los fieles a las fiestas de las palmas, las cuales recorrieron las collaciones de los templos y catedrales.

Y por fin llegó el momento que todos deseábamos, el de ver la cruz de guía de la primera de nuestras Cofradías en la calle. Ahí estaba, alzándose gloriosa sobre nuestros ojos, anunciando que Cristo venía triunfante y que nos traída una nueva Semana Santa. Tras esa cruz de guía, los primeros niños hebreos y los nazarenos, así, hasta llegar al paso del Rey de Reyes.

Redobles de tambores y sones de cornetas que hacían latir los corazones y como no, la voz elevada al cielo del capataz, que mandaba llevar al cielo al Soberano, tras una larga espera de más de mil días.

No hubo cofrade, en ningún lugar de esta tierra, que no llorara y se emocionara en la mañana del Domingo de Ramos ante el paso de la “Borriquita”.

Los cofrades nos merecemos este momento. Salgamos a las calles y hagamos de esta Semana Santa la mejor de nuestras vidas.