La Hermandad de la Merced de Córdoba ha presentado la papeleta de sitio para el próximo Lunes Santo realizada por Miguel Ángel Arroyo González, hermano de la corporación. Una papeleta cargada de simbología en la que el autor ha querido rendir homenaje el hábito mercedario de la cofradía. En la obra se muestra a la Virgen gloriosa con unos grilletes sentada en un trono y sobre un velo donde aparecen sus propias palabras dirigidas a Pedro Nolasco las cuales dicen: «Vestirán los hijos de mi religión un hábito blanco en testimonio de mi virginal pureza, del modo que me ves vestida».
Todo se enmarca en un dosel de ornamentación interpretada a base de grafito, acuarela y aerosol creando un efecto dorado y plata en alguno de los motivos, todo sin definición alguna y a modo de boceto simulando la forma de un Simpecado ya que es la representación de la Virgen por excelencia. Dicha técnica y su ejecución al completo ha sido intervenida de manera digital. En la composición destaca el detalle de las espigas de trigo, muy representativas en el ámbito sacramental.
Analizando la obra desde la parte superior hacia abajo se puede encontrar como remate en las propias esquinas unas llamas de fuego en las que la Biblia describe a Dios como un «fuego consumidor» que aparece a menudo como un símbolo de la presencia de Dios. Cabe recordar que un elemento importante para los sacrificios del Antiguo Testamento, en el altar de las ofrendas fue un fuego divino, habiendo sido encendido originalmente por Dios Mismo.
A modo de custodia bajo este fuego y el trono de la Virgen aparecen unos querubines bastante significativos puesto que son los que se hallan en el paso de misterio del Señor de la Coronación de Espinas. Figuran también unas cartelas con la insignia del Santísimo así como el pelícano, figura que tiene su origen en una antigua leyenda de la época medieval, según la cual, el pelicano, en tiempos de escasez, nutría a sus crías con la sangre que sacaba de su pecho con su propio pico lo que llevó a relacionar a esta ave con Jesucristo el cual ofrece su propio cuerpo en laEucaristía para alimentarnos, ha explicado el artista.
Para concluir la composición el autor ha rendido tributo a Pedro Nolasco (fundador de la orden mercedaria), recordando que Pedro Nolasco comerciaba con musulmanes para liberar esclavos cristianos que capturaban. En homenaje a esta labor, el autor ha incluido en la composición a dos de los esclavos aparecientes en el paso de Nuestra Madre Santa María de la Merced bajo sus maniguetas, «dándole así un toque de color para así resaltar los escapularios mercedarios y las cadenas rotas que cuelgan de sus muñecas». Todo este proyecto se representa sobre un fondo del color del hábito y la insignia mercedaria a modo de marca de agua.

















