A paso mudá, Opinión

Todos queremos procesiones pero… ¿qué pasa con los músicos?

Es de obviar que tras dos años sin procesiones de Semana Santa, todos queremos ver a nuestros Sagrados Titulares por las calles realizando estación de penitencia. Todos echamos de menos el olor a incienso mezclado con el azahar, las filas de nazarenos, la bulla, la música de las bandas… pero hay algo que creo que se debería tener en cuenta.

El pasado 5 de enero, la banda juvenil de las Tres Caídas de Triana anunciaba que no participaría en la cabalgata de la ciudad de Sevilla por un brote de covid en la formación musical. Quizá, en plena nueva ola (no sé ya ni en qué ola estamos) lo veamos como algo normal. Pero imaginad que esto mismo pasa en plena Semana Santa. Quizá en una banda grande, con muchos músicos, no pase a males mayores, y entended que me refiero a lo que es la formación en la calle, dando por hecho que el mal mayor es contagiarse en este contexto. Bandas medianas y pequeñas en número de componentes pueden verse afectadas como pasó con la formación sevillana en sus actuaciones: que el tuba o el solista principal se ponga malo, que otro haya sido contacto estrecho con un contagiado, etcétera. Quizá sea algo improbable si todo va bien, pero hay que plantearse todos los escenarios. Al igual que puede pasar en las cuadrillas de costaleros, aunque a mi parecer, en menor medida, puesto que una cuadrilla, por lo general, solo sale un día; una formación musical, en cambio, lo hace prácticamente toda la semana.

Bajo mi opinión, desde las propias formaciones musicales y desde las propias hermandades, se debería respaldar a los músicos que cada Semana Santa hacen su acompañamiento al Señor y a la Virgen María, y aunque sea algo costoso, realizar recorridos «más seguros» para todos, aunque ya sabemos lo que hay y quien y quien no quiere. Hay tiempo para pensar, aunque no mucho, pero hay que plantearse la situación.