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Evangelium Solis, 💙 Opinión

“Tú tienes palabras de vida eterna”

Otro Domingo más viene a Gente de Paz el Evangelium Solis de esta semana, la cual corresponde a la semana XXI del tiempo ordinario, siguiendo con el Evangelio de Juan.

Lectura del santo Evangelio según San Juan

En aquel tiempo, muchos discípulos de Jesús, al oírlo, dijeron:

–Este modo de hablar es inaceptable, ¿quién puede hacerle caso?

Adivinando Jesús que sus discípulos lo criticaban les dijo:

–¿Esto os hace vacilar?, ¿y si vierais al Hijo del Hombre subir adonde estaba antes? El espíritu es quien da vida; la carne no sirve de nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y son vida. Y con todo, algunos de vosotros no creen.

Pues Jesús sabía desde el principio quiénes no creían y quién lo iba a entregar. Y dijo:

–Por eso os he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede.

Desde entonces muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él.

Entonces Jesús les dijo a los Doce:

–¿También vosotros queréis marcharos?

Simón Pedro le contestó:

–Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo consagrado por Dios.

Palabra del Señor

El Evangelio de hoy es la última parte del capítulo de Juan sobre el pan de vida y la eucaristía. Como momento final, y ante las afirmaciones tan rotundas sobre Jesús y la Eucaristía, la polémica está servida ante los que oyen a Jesús, que no aceptan que este pueda dar la vida eternamente. Incluso hay discípulos, escandalizados, que abandonan a Jesús. Pero la eucaristía es solamente un anticipo, no es toda la realidad de lo que nos espera en la comunión con la vida de Cristo. Por ello se recurre al símil del Hijo del hombre que ha de ser glorificado, como nosotros hemos de ser resucitados.

Ahora Juan, se permite una contradicción con las afirmaciones anteriores de la “carne”: “el Espíritu es el que da vida, la carne no sirve para nada”. Nunca se han podido explicar bien estas palabras en todo el contexto del discurso de pan de vida, donde la identidad “carne” es el equivalente a la vida concreta que vivimos en este mundo. Es la historia del Hijo del hombre, de Jesús, en este mundo. ¿Por qué ahora se descarta en el texto? Porque en este final del discurso se carga el horizonte de aquello que apunta a la vida después de la muerte, a la resurrección y la vida eterna. Y la vida eterna, la de la resurrección, no es como vivir en este mundo y en esta historia. Tiene que ser algo nuevo y “recreado”. Es una afirmación muy en la línea de la primera de Corintios “la carne y la sangre no pueden heredar el Reino de los cielos”.

Este es uno de los principales valores de la Eucaristía. Y no es otro, si no que no se celebra desde la memoria del pasado solamente: la muerte de Jesús en la cruz. La Eucaristía es también un sacramento que adelanta la vida que no espera tras la muerte. Esto es lo admirable de la Eucaristía. Jesús, les pide a sus discípulos, a los que le quedan, si están dispuestos a llegar hasta el final, a estar con El siempre, más allá de esta vida. E incluso les da la oportunidad de poderse marchar libremente. Las palabras de Pedro, que son una confesión de fe en toda regla, descubren la verdadera respuesta cristiana: ¿A dónde iremos? ¡Tú tienes palabras de vida eterna! Todo esto ocurre en la Eucaristía cuando se celebra como muestra real y verdadera de lo que Jesús quiere entregar a los suyos, por ello es un pacto de vida eterna.

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