La obra de José Cabrera Lasso de la Vega, titulada «El rostrillo de la Virgen», traduce en imagen el sentir colectivo de la hermandad
La Hermandad de Nuestra Señora del Rocío de Umbrete ha protagonizado en la jornada del sábado un acontecimiento de especial relevancia con la presentación oficial del cartel anunciador de la Romería del Rocío 2026, una cita marcada por la emoción compartida y la profundidad simbólica de la obra dada a conocer. El trabajo, firmado por José Cabrera Lasso de la Vega y titulado «El rostrillo de la Virgen», ha sido realizado en técnica mixta —óleos, acrílicos y lápices policromos— sobre tabla estucada montada en bastidor, con unas dimensiones de 100 x 60 centímetros, siendo su digitalización obra de Daniel Salvador-Almeida González.
Se trata de una creación de notable calidad artística, capaz de reflejar con gran sensibilidad y belleza la esencia de la devoción. Se configura como una pieza de gran potencia expresiva, llena de detalles, fuerza y simbolismo, que trasciende su función anunciadora para convertirse en una invitación directa a la vivencia espiritual desde el presente.

Una llamada anticipada al camino y a la convivencia rociera
Desde la corporación se subraya el valor del cartel como punto de partida hacia la próxima peregrinación, entendiéndose como la primera llamada que congrega nuevamente a los hermanos en torno a la Hermandad y a la Virgen del Rocío. Asimismo, se reconoce la aportación del autor, cuya obra queda incorporada desde este momento al itinerario emocional que conduce a una nueva romería.
Una composición que fusiona lo celestial y lo terrenal
Desde el punto de vista iconográfico, el cartel es un estallido de luz devocional en el que la imagen no solo anuncia, sino que convoca un sentimiento profundo. En el eje central, el rostro de la Virgen emerge con una serenidad antigua, rodeado de ángeles que custodian no solo la imagen, sino también la memoria colectiva de un pueblo que camina, reforzando así la dimensión comunitaria de la devoción.
Sobre esta escena, una paloma suspendida en pleno vuelo derrama un simbolismo de paz y gracia que envuelve la totalidad de la composición, aportando una lectura espiritual que eleva el conjunto. En la zona inferior, la narrativa se desplaza hacia lo tangible, donde la pequeña custodia con la imagen de la Virgen del Rocío funciona como un corazón encendido, evocando cómo la devoción se hace camino, se hace polvo y se convierte en canto.
La tierra y el pueblo como fundamento de la romería
El discurso visual se enriquece con elementos naturales que conectan la obra con su entorno, como las amapolas rojas y las espigas doradas que rodean el conjunto, que introducen un pulso terrenal de carácter casi agrícola, como si la propia tierra de Umbrete brotara para acompañar a su Hermandad.
Finalmente, la base de la composición ancla la escena en la realidad cotidiana mediante la inclusión de la fachada de la iglesia y la multitud reunida, subrayando que la romería no es solo símbolo, sino también comunidad, encuentro y cuerpo que avanza unido.
Un umbral hacia la experiencia rociera
La obra se presenta como un auténtico umbral hacia la vivencia rociera, en el que todos los elementos han sido tejidos con una sensibilidad que permite que quien la contempla no solo observe, sino que se adentre en la romería antes incluso de su inicio. Se trata, en definitiva, de una creación que late, llama y prepara, configurándose como un cartel que invita a caminar desde el presente hacia la Virgen del Rocío.





