La Cofradía del Rocío de Málaga presenta la “Cruz del Mundo” y el cartel del cincuentenario del Nazareno de los Pasos en el Monte Calvario

Un acto de profunda densidad simbólica en torno a la creación sacra

La Cofradía del Rocío de Málaga ha dado a conocer la presentación de la denominada “Cruz del Mundo”, junto al cartel conmemorativo del L Aniversario de la Sagrada Efigie de Nuestro Padre Jesús Nazareno de los Pasos en el Monte Calvario, en un acontecimiento en el que convergen la memoria devocional, la creación artística contemporánea, la construcción de un discurso simbólico de largo alcance y una voluntad explícita de dotar de continuidad a una de sus advocaciones más significativas dentro del imaginario cofrade malagueño, articulando así un relato de fuerte densidad espiritual y estética.

El acto, concebido como un espacio de encuentro entre distintas sensibilidades del arte sacro, ha desplegado un discurso visual y conceptual de notable complejidad, en el que la pieza central, la Cruz del Mundo, se erige como un elemento vertebrador que articula no solo la dimensión estética del proyecto, sino también su lectura espiritual, su carga teológica, su dimensión iconográfica y su condición de objeto simbólico de elevada resonancia, configurando un relato en el que forma, materia, símbolo y devoción se entrelazan de manera deliberada, constante y profundamente significativa.

Un proceso creativo coral de amplia resonancia artística

La configuración de esta obra ha sido posible gracias a la participación conjunta de Curro Claros, Raúl Berzosa, Juan Vega y Manuel Toledano, cuyas intervenciones han dotado al conjunto de una riqueza plástica derivada de la convivencia de lenguajes diversos, donde cada aportación se integra en una estructura común sin perder su identidad expresiva, su sello artístico y su lectura simbólica, generando así una pieza sustentada en la pluralidad de miradas, la suma de sensibilidades y una construcción de naturaleza profundamente iconográfica, estética y conceptual.

En el centro de esta construcción visual se sitúa la figura del Nazareno de la Victoria, representado en una actitud de entrega total, con los brazos abiertos hacia la cruz, en una imagen que intensifica la carga simbólica del gesto al sugerir simultáneamente el abrazo del madero, la consumación del sacrificio, la dimensión redentora del acto, la lectura teológica del acontecimiento y su profunda raíz devocional, estableciendo un vínculo directo entre lo representado, lo doctrinal y lo profundamente iconográfico.

Un barrio transformado en escenario de exaltación artística

El entorno en el que se ha presentado la obra ha quedado impregnado de una percepción de excepcionalidad estética, donde la irrupción de la Cruz del Mundo ha sido entendida como un acontecimiento artístico de primer orden dentro del ámbito cofrade, no solo por la complejidad técnica de su ejecución, sino también por la densidad simbólica, la potencia visual, la profundidad devocional, la intensidad espiritual y la capacidad de evocación religiosa que la envuelve, generando una experiencia de contemplación prolongada y de lectura interpretativa múltiple.

Las terminaciones de la pieza, enriquecidas mediante la intervención de Manuel Valera, adquieren una especial relevancia dentro del conjunto, ya que las cantoneras diseñadas por el autor aportan un acabado ornamental que no se limita a lo decorativo, sino que contribuye a reforzar la lectura jerárquica del objeto, elevando su presencia visual, su carácter sacro, su dimensión litúrgica, su peso simbólico y su solemnidad material dentro de un lenguaje profundamente ornamental y estructural.

Raúl Berzosa y la construcción del relato visual del cincuentenario

En el marco de esta presentación se ha dado a conocer igualmente la obra del pintor Raúl Berzosa, encargado del cartel conmemorativo del L aniversario, cuya trayectoria dentro del arte sacro contemporáneo lo sitúa como una de las voces más reconocibles en la representación pictórica de lo religioso, especialmente en lo que respecta a la figura del Nazareno, concebido como el Cristo tres veces caído, de fuerte carga expresiva, intensidad iconográfica, profundidad devocional, resonancia teológica y un marcado carácter simbólico dentro del imaginario contemporáneo.

La presencia de esta obra anunciadora no se limita a su función informativa, sino que se integra plenamente en el discurso global del proyecto, actuando como umbral estético, narrativo y simbólico que introduce al espectador en la narrativa del cincuentenario, estableciendo una continuidad entre la celebración histórica, la memoria cofrade, la tradición religiosa, la dimensión devocional y su traducción artística contemporánea de alto impacto visual.

Una obra de gran formato para una memoria devocional compartida

De manera paralela, se ha presentado la creación titulada “Cincuentenario del Señor de los Pasos en el Monte Calvario”, igualmente firmada por Raúl Berzosa, ejecutada en óleo sobre lienzo con unas dimensiones de 97 x 146 centímetros, concebida como pieza de alto contenido simbólico, narrativo, teológico, iconográfico y profundamente devocional dentro del conjunto expositivo.

En su estructura compositiva, el primer plano está protagonizado por la imagen del Señor de los Pasos en el Monte Calvario de la Cofradía del Rocío de Málaga, mientras que el fondo se desarrolla como una recreación del propio enclave, donde se distribuyen varias cruces diferenciadas por su morfología, cromatismo y lectura iconográfica, configurando un paisaje de gran densidad simbólica, narrativa, espiritual y de notable profundidad visual.

El tratamiento pictórico del fondo, resuelto con una ejecución más abierta y menos definida, permite reforzar la presencia del primer plano y, al mismo tiempo, introducir una dualidad narrativa en la que se entrecruzan la subida al Monte Calvario, el desarrollo del Vía Crucis oficial de la ciudad de Málaga y la dimensión profundamente ritual, devocional y procesional del recorrido penitencial.

En la parte superior de la composición se incorpora un pequeño cáliz acompañado de una Sagrada Forma en blanco, elemento que remite de forma directa al carácter eucarístico, sacramental, doctrinal, litúrgico y profundamente teológico de la cofradía, integrando así una referencia de gran densidad simbólica dentro del discurso visual de la obra.

El cromatismo general se estructura en torno a dos grandes bloques tonales, el morado, asociado a la penitencia, la identidad del Señor, la dimensión penitencial y la tradición cofrade, y el ocre-dorado, vinculado a la divinidad, la eternidad, la gloria y la unión entre lo humano y lo trascendente, funcionando ambos como ejes constantes de lectura simbólica, estética, teológica y profundamente iconográfica.

En la zona inferior derecha aparecen las inscripciones “cincuentenario” y “1977 – 2027”, mientras que en la parte baja se incorpora la leyenda “Señor de los Pasos”, completando así la identificación histórica, devocional, cronológica, simbólica y profundamente representativa de la obra.

La estructura compositiva mantiene como referencia directa el modelo empleado en la pintura de la Coronación Canónica de 2014, estableciendo una línea de continuidad formal dentro de la producción del autor, que consolida una estética reconocible, coherente, simbólica, iconográfica y de marcada identidad artística dentro del ámbito del arte sacro contemporáneo.