A las 12 en punto de la madrugada, con la puntualidad británica que caracteriza a la cofradía, se abrieron las puertas de San Hipólito para que comenzase a discurrir, bajo la gélida noche cordobesa, el cortejo silente de la Buena Muerte. Un cortejo nazareno que es siempre un ejemplo de compostura, recogimiento y saber estar.
Un ejemplo, sin duda alguna, como ejemplo es la figura de Lorenzo de Juan. Un verdadero maestro que continúa derrochando indiscutible sabiduría al mando de la cuadrilla que tiene el privilegio de sacar a uno de los crucificados más hermosos de cuantos existen en la Semana Santa de Córdoba. El Cristo de Castillo Lastrucci representa en su estética, de manera inmejorable, la advocación que posee, conteniendo en su expresión una serenidad que impresiona. Su discurrir bajo la luz tenue de la madrugada cordobesa, es uno de los momentos que jamás se pueden obviar, como punto culminante del Jueves Santo en la ciudad de San Rafael.
La cofradía avanzó con la celeridad que le caracteriza por un Bulevar con una considerable presencia de público, creciente año tras año, a pesar de que el frío invitaba más a refugiarse en un brasero que hacerse el valiente buscando cofradías. Sin embargo, la ocasión lo merecía, y por ende muchos cordobeses fueron fieles a la Buena Muerte.
La puesta en escena del paso de palio de la Reina de los Mártires, que sigue siendo una de las maravillas patrimoniales de nuestra Semana Santa, fue extremadamente singular. Su capataz Enrique Garrido, indudablemente con la anuencia de la Junta de Gobierno de la cofradía, ha decidido cambiar la frecuencia del paso, modificando sustancialmente su manera de andar. Un cambio, en mi opinión, absolutamente desacertado.
Creo sinceramente que un palio de fleco de bellota, no puede andar como un paso de silencio porque no está concebido como tal, con independencia de que lleve o no música. El palio de la Reina de los Mártires no es un palio de silencio, aunque vaya en silencio. Y por tanto, no puede llevar una cadencia tan pausada y una zancada tan larga como el que ha mostrado esta madrugada por las calles de Córdoba. Bajo mi punto de vista, un experimento fallido del que hay tiempo para rectificar. Aunque como, para gustos los colores, veremos qué decisión toma al respecto en el futuro, la corporación de San Hipólito.




























