Como mero contador de las cosas que ocurren, – notario de la realidad que diría un cursi – resulta imposible dejar de admirarse de lo que logran las manos de Manuel Jiménez, cada vez que su indiscutible sabiduría convierte en arte efímero lo que para el común de los mortales sería vestir a una imagen. Una capacidad y unas cualidades que permiten concebir con sus manos verdaderas obras de arte cargadas de ese componente devocional, que trasciende de lo meramente estético, del que se nutre inevitablemente su trabajo, logrando convertir en magia cada una de sus creaciones.
Una vez más lo ha vuelto a hacer. Ha vuelto a enamorar y a sorprender por obra y gracia de su creatividad, potenciando más si cabe la indiscutible belleza la Emperatriz Cordobesa, Nuestra Señora del Carmen Coronada, que ha sido vestida por el artista para la inminente Novena que presidirá en su hogar de San Cayetano.
Para la ocasión, y tal y como el propio Jiménez ha tenido a bien explicar a Gente de Paz, la Virgen viste el hábito de los jarrones de 1735 con la capa de brocado francés del siglo XVIII. Además, luce la mantilla de blonda española con forma goyesca junto con un encaje de las mismas características. Sobre sus sienes portan el Niño y la Virgen el juego de coronas de plata sobredorada, de Manuel Azcona, de 1791.
Sobre su escapulario, luciendo sobre la banda con los colores nacionales de España, un conjunto de broches de oro de estilo isabelino formando un peto. La insignia de oro del ayuntamiento de la ciudad de Córdoba que le fue impuesta con motivo de su coronación canónica, escudo realizado en oro esmaltes y brillantes de la orden del Carmelo Descalzo y la estrella donada por la hermandad de la Estrella de Sevilla con motivo de su coronación canónica.
Un deleite para los afortunados que se den cita en la orilla de la Madre de Dios para alimentarse de sus maravillas y un motivo más para agradecer a Jiménez que logre acercar con sus manos al espectador y al devoto, un poquito más al Cielo.






