Un grupo de devotos pretende regalar una nueva saya para la Coronación de la Paz y Esperanza

Un grupo de devotos de la Virgen de la Paz y Esperanza se ha marcado como objetivo regalar una nueva saya, de la que hasta el momento nada ha trascendido públicamente, con motivo de la Coronación Pontificia de la Paloma de Capuchinos. Una iniciativa que, al parecer, cuenta con todos los parabienes de la junta de gobierno de la corporación franciscana toda vez que para su financiación se ha organizado una fiesta prevista para el próximo 28 de diciembre en la casa hermandad de la cofradía del Miércoles Santo que contará incluso con actuaciones en directo. Una pieza que se incorporará a otra de muy reciente hechura, donada por la cuadrilla de costaleros del paso de palio de la cofradía. La saya en cuestión será ejecutada por Rafael Jódar, bajo un diseño realizado por él mismo.

Cabe recordar que hace tan sólo unos meses la dolorosa capuchina incorporó una nueva saya a su considerable ajuar. Fue el 10 de marzo cuando la Iglesia Conventual del Santo Ángel era el escenario en el que se ha desvelado la hechura de la última saya para la Paloma de Capuchinos, cuya bendición se adelantaba una semana respecto a la fecha prevista inicialmente. Una pieza que había sufrido determinadas vicisitudes de carácter económico que se solventaron felizmente en aras de su materialización, lo que propició que por fin saliera del taller de Jesús Rosado camino de Capuchinos. Una saya que la Virgen de la Paz y Esperanza estrenó en su tradicional besamanos del Viernes de Dolores.

En junio de 2016, la cuadrilla de costaleros del palio de la Paz con su por aquel entonces responsable, Antonio Morales a la cabeza, acordaba por unanimidad dotar de una nueva saya a la hermosa Imagen que gubiara Martínez Cerrillo, haciendo pública su intención de realizar esta ofrenda a la Reina de Capuchinos en forma de nuevo elemento patrimonial que engrosara su interesante y variado ajuar. Una saya para la cual los costaleros de la Reina de la Paz y la Esperanza quisieron que fuese Rafael de Rueda quien, con su veteranía y prestigio, proyectase una pieza que, a la vista del diseño, ya ofrecía un aspecto envidiable que alentaba a verla terminada en su fase de bordado.

Para culminar esta empresa, se eligió a Jesús Rosado para que en su taller fuese ejecutado el exquisito diseño de Rafael de Rueda, en el que se apreciaban las reminiscencias más clásicas del barroco juanmanuelino combinando con maestría los tonos áureos y argénteos y en el que, de manera significativa se recuperaban las palomas que alguien quiso hacer desaparecer para siempre de la imagen asociada a la Paloma de Capuchinos, y para cuya ejecución se han empleado diversas técnicas, desde la hojilla al milanés, arrojando un magnífico resultado.

Respecto al aspecto económico, esencial en un trabajo de esta índole, desde el primer momento se dejó claro que la financiación de la pieza correría a cargo exclusivamente de la cuadrilla, quedando la hermandad como institución al margen y por ende liberada de cualquier obligación de carácter pecuniario. La realidad puso de manifiesto que las dificultades económicas de afrontar una empresa de tal envergadura convirtió en imposible que la deseada pieza viera la luz el pasado Miércoles Santo a pesar de que su conclusión estaba prevista para el mes de diciembre de 2016.

Sea como fuere, y más allá de que pueda haber quien se cuestione si realmente la dolorosa necesita una saya más, la intención de este grupo de devotos pone en un brete a la junta de gobierno de la hermandad que tendrá que elegir entre ambas piezas para un acontecimiento único e irrepetible que pasará a la historia, como es la coronación pontificia de la Paloma de Capuchinos, si bien todo apunta a que la saya de Rosado y Rueda, donada por la cuadrilla costalera podría quedar reservada para otros momentos secundarios de esta cita, toda vez que si se le dona una saya a lo Niña de Cerrillo para su Coronación, o lógico es pensar que será esta última la que vista la Paz y Esperanza el día en que reciba esta distinción. Algo que veremos cómo aceptan los costaleros que con todo su amor ofrendaron la pieza que lució la Reina de la Paz la pasada primavera.