La Hermandad Matriz de Almonte se encuentra de peregrinación extraordinaria en la ciudad de Roma con motivo del trigésimo primer aniversario de la visita de San Juan Pablo II al Santuario de Nuestra Señora del Rocío y del centenario del título de pontificia que ostenta la Hermandad.
Con tal motivo la Matriz ha concebido un intenso programa de actos entre los que destacaba sobremanera la celebración de un rosario público con el simpecado verde de la Hermandad que se ha desarrollado por las calles de la ciudad eterna pero sin la presencia de la pieza que no ha llegado a Roma por un incumplimiento de la empresa de transportes que recibirá la oportuna reclamación por parte de la Hermandad Matriz, que todavía está pendiente de recuperar el simpecado.
Un rosario que, pese a todos se ha celebrado, presidido por un estandarte de la Virgen Milagrosa de la orden de los Mínimos, y ha concluido en la Plaza de España frente al monumento de la Inmaculada Concepción. Conviene subrayar que la orden de los Mínimos custodio a la Virgen del Rocío desde finales del siglo XVI y durante el siglo XVII.
Además, se ha proyectado la película «El Rocío. El amor de Andalucía a la Madre de Dios», realizada por Carlos Valera, en el centro San Luis junto a la Plaza Navona y ha tenido lugar una recepción en la embajada de España ante la Santa sede así como misas, una de ellas en la Capilla de la Inmaculada de la basílica de San Pedro, que ha estado presidida por el párroco de Almonte Francisco Miguel Valencia bando y concelebrada por Salvador Aguilera. En la primera de estas eucaristías ha participado el Coro juvenil de la Hermandad del Rocío de Sevilla.
Otra de las misas previstas tendrá lugar en la basílica papal liberiana de Santa María la Mayor que goza de estrechos vínculos con el santuario del Rocío. Una vinculación que se remonta al año 2012 cuando se concedió el decreto expedido por el cardenal Santos Abril. En definitiva, un cúmulo de acontecimientos, entre los que destacaba sobremanera la presencia del simpecado almonteño por las calles de Roma, cuya ausencia ha empañado, en cierto modo, esta peregrinación histórica, única e irrepetible.















