Diametralmente opuesto. Ese era el primer comentario de buena parte de los cofrades cordobeses cuando intercambiaban impresiones con cualquiera con los que compartían sonrisa de ilusión y felicidad. La noche y el día ha sido este Sábado de Pasión en relación al tormentoso y desasosegante que sufrimos y penamos hace ahora un año. Un lluvioso Sábado de Pasión que se convirtió en la antesala de un Domingo de Ramos para olvidar.
En esta ocasión en cambio, la jornada ha rebosado luz y brillantez en cada uno de los rincones de una ciudad que se ha impregnado de olor a incienso y aroma a cera derretida como preámbulo de los días más grandes. Seis barrios que se han echado a la calle para ser testigos de cómo se va fraguando lentamente, pero de manera pertinaz, como va goteando la cera de una candelería, la Semana Santa del futuro. Cuatro cofradías, dos traslados y un Vía Crucis, rememorando aquella famosa película británica, que han materializado la ilusión de una ciudad que lleva soñando meses de espera la llegada precisamente de este día mejor.
La jornada comenzó a primera hora de la tarde, en pleno corazón del barrio del Naranjo, desde donde la Hermandad de la Agonía peregrinó en masa hacia la Santa Iglesia Catedral, rodeada, como siempre, de la gente de su barrio, el que siempre acompaña al crucificado de Antonio Castillo Ariza. Un traslado bajo el calor que abrazaba esta magnífica tarde de primavera al paso del cortejo por la Asomadilla, avanzando con paso firme y sin concesiones, como mandan los cánones en un traslado y que culminó en un suspiro, en el interior de las naves catedralicias donde ya aguarda el Hijo de Dios para recorrer el próximo Martes las calles de la ciudad de San Rafael, por última ocasión en soledad, llevado en volandas por una cofradía que ya espera con ansia el momento en que su Madre bendita reparta Salud por los rincones de nuestros sueños. Un traslado que también se produjo en Capuchinos, donde la Virgen de los Dolores y el Santísimo Cristo de la Clemencia descansan ya en sus pasos con vistas a su salida procesional por las calles cordobesas para inundar de fe y de luz los corazones de sus devotos. Una luz que repartió la hermandad de la Sagrada Cena, cuyo crucificado, el Santísimo Cristo de Luz, la imponente talla que gubiase Edwin González que tanto anhela la Córdoba Cofrade ver salir el Jueves Santo camino de la Santa Iglesia Catedral, protagonizó su tradicional Vía Crucis por las calles de su feligresía.
A partir de las cinco de tarde, todas las miradas se orientaron al Parque Figueroa, un barrio obrero por excelencia en el que felizmente ha cuajado la semilla cofrade con una fuerza que en otro tiempo se antojaba insólita porque los cofrades de la Hermandad de Las Lágrimas así lo han sembrado. Un barrio donde muchos cordobeses soñaron durante décadas que el aroma del incienso se impregnase por cada rincón de su fisionomía y en el que poco a poco ha ido germinando la semilla cofrade con una fuerza inusitada. Hoy es una fructífera realidad lo que hace años pareciese una entelequia, que una tarde cualquiera de primavera, unos hombres vestidos de costalero, se hicieran presentes en sus calles con el único objetivo de honrar con su esfuerzo a la mismísima Madre de Dios.
Bajo el cielo de abril se dieron cita 60 corazones para materializar un sueño de cofradía, 60 almas al servicio del esfuerzo colectivo, 60 hombres construyendo un futuro de ilusión por obra y gracia de su amor a Nuestra Señora de la Penas que de la mano de sus capataces, Rafael Cerezo y Pedro Buitrago, caminan siempre adelante, con paso firme, como los buenos costaleros, en esta maravillosa chicotá que encauce sus sueños y los convierta en una incontestable certeza. 60 costaleros que evidencian su compromiso con un proyecto global que florece con cada gota de sudor y con cada fracción de esfuerzo que hace ya dos años empezó a cimentar lo que ahora se halla al alcance de la mano. Una cofradía que mostraba orgullosa su nuevo hábito de nazareno que permite soñar con su presencia entre los arcos musulmanes del templo catedralicio. Especialmente emotivo fue la visita de la Virgen a la Residencia de Mayores del Parque Figueroa donde la magnífica Banda Sinfónica de Dos Torres embelesó al numeroso público presenta con la excelente interpretación de La Madrugá y Mater Mea que demostró un nivel de muchos quilates para una banda, que más pronto que tarde ha de sonar entrando en Carrera Oficial.
La solemnidad se transformó en bullicio en otro de los barrios obreros por excelencia que este Sábado de Pasión se convertían en protagonistas de las ilusiones materializadas. Electromecánicas contenía la respiración con el pensamiento desterrado del inoportuno chaparrón que a punto estuvo de destrozar su sueño el año pasado y la desazón que persiguió a la cofradía en aquella inquietante jornada. Esta vez todo fue diferente. El sol estallaba con una fuerza incontenible y todo era felicidad para una hermandad que no se cansa en los últimos tiempos de hacer historia. Y es que fue el pasado 6 de marzo apenas hace un mes, cuando La Conversión, recibió la aprobación de sus estatutos definitivos, su consiguiente erección canónica y transformación en hermandad de pleno derecho, concedidas por Demetrio Fernández González, Obispo de la diócesis. Una corporación que continúa avanzando en ese devenir metafórico que deberá culminar con su presencia camino de la Santa Iglesia Catedral a medio plazo.
Una hermandad que hace poco más de un año presentaba al pueblo de Córdoba su nueva imagen sagrada, el Santísimo Cristo de la Oración y Caridad. Un crucificado cuya impactante efigie ya forma parte de la inabarcable riqueza que un día será traspasada a las generaciones venideras y cuya presencia ayuda a hacer crecer con fuerza el fruto de la semilla de la fe que floreció hace tiempo en el corazón de Electromecánicas. Acompañado con la rotundidad incontestable de la Agrupación Musical del Santísimo Cristo de Gracia, que hace tiempo que se ha situado en la primera fila de las agrupaciones cordobesas, que con marchas de una elevadísima calidad pusieron muy alto el listón para lo que ha de venir. «Conversión», «Gloria Tibi Trinitas», «Cerca de ti» o «Creo en Jesús», fueron algunas de las magníficas piezas que la excelente agrupación del Alpargate ofrendó al crucificado de Pedro García Velasco antes de regresar a su hogar donde su Madre le aguardaba, tras recorrer los barrios de Miralbaida y Azahara, donde la hermandad continúa sembrando la semilla del futuro con la esperanza cierta de que vaya germinando con el paso del tiempo. Un recorrido a hombros de la cuadrilla mandada magistralmente por Enrique Garrido, que combinó con la mezcla justa la elegancia y el espíritu propio de una cofradía de barrio.
Con la sensación del goce y el buen sabor de boca de haber presenciado la incuestionable evolución hacia el horizonte del éxito de dos cofradías de barrio de un corte netamente diferente, la atención comenzó a virar hacia la otra punta de Córdoba. Hacia otro de los barrios donde muchas generaciones de cofrades soñaron que fuese recorrida por largas hileras nazarenas, sin llegar jamás a pensar que el sueño se convertiría en una realidad tan pujante materializado en probablemente uno de los proyectos más sólidos, desde el punto de vista humano, de cuantos configuran las cofradías del futuro de la ciudad de San Rafael. Es un auténtico espectáculo ver salir el cortejo de la Cofradía de Cañero, un cortejo que para sí quisieran muchas hermandades que sí hacen Carrera Oficial, y que permite soñar con un brillante futuro para una corporación que apunta ser una de las grandes, a poco que se continúe evolucionando por el sendero de las cosas bien hechas.
Su apuesta por la Agrupación Musical Sagrada Cena es otro de esos aciertos. Una formación que superó hace tiempo cualquier duda que su evolución pudiera haber generado en el pasado para revelarse en una evidente e incontestable realidad con un pujante presente y un prometedor futuro. Marchas clásicas como «La Oración en el Huerto» o «La Clámide Púrpura» ahondan en este gusto exquisito que la formación que dirige con gran acierto Rafael Palos demuestra en cada una de sus interpretaciones y que se ha convertido en la banda perfecta para una cofradía como la Presentación al Pueblo, que es el paradigma de cofradía de barrio que cualquier cofrade cordobés pudiera haber concebido para Cañero. La banda perfecta para la cofradía perfecta, con todos los condicionantes para triunfar y marcar época y para convertirse en el ejemplo de las cofradías del mañana como antaño lo fueron la Cena o la Estrella. El caminar poderoso de la cuadrilla del Señor de los Afligidos, la imponente talla de gubiase Manuel Martín Nieto conquistó cada rincón de la encrucijada de callejuelas que forman parte de su barrio y lo hizo sobre su nuevo paso de ocho trabajaderas que a pesar de hallarse en fase de carpintería, permitió a propios y extraños imaginar el futuro Misterio que acompañará al Señor, dejando volar la imaginación hasta límites insondables.
La noche había caído cuando la algarabía del populoso barrio levantino mutó en solemnidad y recogimiento en la Barriada de la Paz de la mano de Nuestra Señora de la Salud y Traspaso, que con una puesta en escena mucho más arriesgada por la dificultad que entraña enganchar con el gran público con una propuesta de estas características, recorrió de manera muy digna las calles de la Barriada de la Paz. Silencio ceremonial en las formas de la corporación. Una severidad que se aprecia en cada una de las personas que forman parte del cortejo y en el acompañamiento del Trío de Capilla «Trivium», cuyo buen contribuía a crear el aura perfecta para la introspección y la oración. Por ponerle un pero, quizá sería bueno que el Traslado al Sepulcro se plantease modificar sus horarios con vistas a años venideros para evitar un regreso desangelado a su templo, potenciado por el frío de la noche que ya había hecho acto de presencia y que bien podría evitarse anticipando la presencia de la bellísima dolorosa a horas más tempranas.
Mientras la dulce dolorosa de José Antonio Cabello retornaba a su templo, aún retumbaba en la lejanía el compás de la Agrupación Musical del Cristo de Gracia en Electromecánicas y allá en Cañero, la Córdoba Cofrade continuaba soñando imaginando su futuro. Un futuro brillante que se alimenta con el trabajo bien hecho de sus nuevas cofradías, de las que este Sábado de Pasión han convertido en Semana Santa el preludio de la Semana más hermosa y de aquellas cuya presencia perenne aún está por llegar, como La O, la Bondad o la Quinta Angustia. Todas ellas forman parte ya del imaginario colectivo de los cofrades cordobeses, que ansían un futuro que la aportación de todas estas corporaciones contribuirá a lograr que el esplendor que merece nuestra Semana Santa se potencie hasta el infinito.





