Que el Maestro López Farfán, nacido en Sevilla, fue uno de los grandes precursores de la música procesional cofrade tal y como la conocemos actualmente es algo que no se le escapa a nadie. Muchas marchas de su autoría vertebran el repertorio de cualquier banda de música de plantilla completa que se precie, así como las crucetas de pasos de palio a lo largo y ancho de nuestra geografía.
Farfán, que tuvo una vida compositora entre finales del siglo XIX y comienzos del XX, fue un aventajado de su época, ya que introdujo elementos que fueron la base compositiva de todos los compositores que le sucedieron. Además, fue clave en otorgarle a la música procesional una importancia de la que, hasta entonces carecía, ya que las composiciones tendían a ser muy fúnebres. Farfán hizo que los pasos de la Semana Santa brillaran con una luz especial gracias a los acordes más alegres de su música. Obras como «Pasan los Campanilleros» o «La Estrella Sublime», entre muchas otras, así lo atestiguan, con el aliciente adicional de lo rompedor que eran para una época en la que las marchas fúnebres marcaban la pauta a seguir en los repertorios.
Tras el gran éxito de «Pasan los campanilleros» en 1924, el año 1925 marcó el punto álgido de Manuel López Farfán en la música procesional con tres composiciones innovadoras: «El Dulce Nombre», «La Estrella Sublime» y «La Esperanza de Triana», cada una con características distintivas.
Centrándonos en esta última, la obra dedicada a la Virgen de la Esperanza comparte elementos con las otras marchas de Farfán estrenadas en 1925 el uso de cornetas, tambores y violín con «La Estrella Sublime» y un fragmento para voces con «El Dulce Nombre». Se trata de una marcha descriptiva que evoca el paso de la cofradía por la Cárcel del Pópulo la mañana del Viernes Santo, un momento emblemático de la Semana Santa sevillana a principios del siglo XX, al igual que había hecho Manuel Font de Anta en «Soleá, dame la mano».

La introducción representa la llegada de la cofradía a la cárcel. Poco después, se escucha una saeta interpretada por un violín solista (o clarinete, en su ausencia), mientras en segundo plano suena la «Marcha Real», interpretada por la banda de cornetas que acompaña al paso de Cristo. En la sección final, un fragmento coral a boca cerrada recrea el murmullo del público que acompaña la procesión. La marcha concluye de forma triunfal con el regreso de cornetas y tambores.
En 1926, la legendaria Banda de Soria 9 volvió a acompañar a la Esperanza de Triana, estrenando esa misma Semana Santa «La Virgen en sus Lágrimas» para la Virgen de la Exaltación. Sin embargo, no regresó hasta la década de 1940. En los años siguientes, la Banda del Maestro Tejera se convirtió en una de las más habituales en la hermandad, difundiendo las marchas de Farfán y asegurando la continuidad de «La Esperanza de Triana» en el repertorio.
Sin embargo, resulta llamativo que tras 1940 la marcha dejó de interpretarse por motivos desconocidos. Entre las posibles razones se encuentran la prohibición de algunas marchas de Farfán en los años 40, su fallecimiento en 1944, la complejidad técnica de la obra y la escasez de partituras.
El olvido duró, desafortunadamente, más de cuatro décadas. No fue hasta 1989, cuando Manuel Carmona Rodríguez rescató la obra en un homenaje a Farfán, con conciertos a cargo de la Banda de la Cruz Roja, la Banda Municipal de Sevilla y la Banda de la División de Infantería Mecanizada Guzmán el Bueno n.º 2 (Soria 9). Ese mismo año, «La Esperanza de Triana» volvió a sonar después de casi 50 años.
No fue hasta el año 2000 cuando la marcha se reincorporó al repertorio del paso de palio de la Esperanza de Triana, convirtiéndose desde entonces en una de las piezas más interpretadas por bandas sevillanas y andaluzas.
En definitiva, con «La Esperanza de Triana», Farfán logró una de las grandes joyas de la Semana Santa sevillana, un estandarte musical inseparable de la Hermandad de la Esperanza de Triana, que además se ha convertido en una de las marchas que todo el mundo conoce e identifica en los repertorios de gran cantidad de dolorosas a lo largo y ancho de nuestra geografía.
Fotografía: Hermandad Esperanza de Triana
Fuente documental: Boletín Hermandad Esperanza de Triana





