El Respiradero, 💙 Opinión

Un sueño de padres e hijos

En el transcurso de enero a febrero donde nos encontramos es habitual que muchos jóvenes repletos de ilusión se dirijan a las arcas, los baúles, los armarios y los cajones de sus casas para buscar unas zapatillas, una faja y un costal que allí han guardado durante todo el año con la ilusión de sacarlas cuando se viera venir de lejos la primavera.

Son las prendas que compraron junto a sus padres cuando eran unos pre-adolescentes. Costaleros viejos de décadas bajo los pasos que con más ilusión que sus hijos se ponían delante de un mostrador para comprobar la calidad del saco del costal. Padres de estos muchachos que empezaron a tocar sus primeros palos cuando ya el azahar había caído. Primaveras cálidas en el mes de mayo llevando las cruces que de todos los barrios de Sevilla tienen costumbre de salir una vez pasada la feria.

Su juventud se iba en las largas y frías de noche de enero, febrero, marzo. Horas y horas escuchando a los capataces, el rachear de las zapatillas y viendo innumerables levantás. La primavera, los meses, los años lo agotaban viendo ensayos, sacando cruces de mayo y vírgenes de gloria. Todos ellos perseguían un mismo sueño sacar a su Cristo o a su Virgen en cuanto cumplieran dieciocho.

Estos muchachos crecieron y hoy tienen esa ansiada edad que tantos años la han esperado. Es el sueño de los niños de Sevilla, llevar a su Madre junto a su padre una tarde de primavera. En este momento, muchos de ellos están en su prueba de fuego, la igualá que lo llevaran a formar parte de la cuadrilla de la hermandad, aquellos elegidos que tienen el oficio más hermoso de la humanidad.

La mayoría, muy a su pesar recibirán la noticia que deberán de esperar un año más. Aunque se lo esperaban, las palabras lo golpean muy fuerte en lo más adentro de ellos, es la ilusión de sus vidas. Más le duele a sus padres que cincuentones notan como sus años en las trabajaderas se están agotando y saben que el mejor regalo que se pueden llevar de la vida es ser costaleros junto a sus hijos.

Son estos padres lo que están creando a los mejores costaleros de Sevilla. Padres que cuando sus hijos tan solo tenían tres años lo llevaron delante de los palios para que supieran a disfrutar de la gracia de sus delanteras. Y cuando tuvieron siete convencieron a sus mujeres para que le dejaran llevar a sus hijos a las interminables noches de ensayos.

Hoy estos mismos padres han llevado a sus hijos a la igualá de su hermandad. Han conseguido convencer a sus mujeres, esta vez para que el niño se metiera debajo del paso. Sin embargo, no ha convencido al capataz porque la cuadrilla está completa. Pero también al maestro le duele, porque él de primera mano ha visto a lo largo de su vida como le faltaban costaleros. Pero sobre todo, lo que al capataz le duele, es no ser padre de un hijo costalero.

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