La Hermandad de la Salutación ha dado a conocer un proyecto patrimonial llamado a marcar un antes y un después en su historia reciente, una propuesta que trasciende el mero diseño artístico para situarse en el terreno de la identidad corporativa, la catequesis visual y la proyección de futuro. El nuevo trono procesional del Divino Nombre de Jesús Nazareno se presenta como una obra de gran ambición conceptual, pensada para narrar con plenitud el misterio de la subida al Calvario que cada Domingo de Ramos se hace visible en las calles de Málaga.
El proyecto, firmado por Manuel Toledano Gómez, fue presentado en la Sala Capitular de la Agrupación de Cofradías como una declaración de intenciones que mira más allá de lo inmediato. La hermandad no solo expuso un dibujo, sino una visión global destinada a convertirse en soporte material de una escena evangélica cargada de dramatismo y profundidad: Cristo cargando con la cruz, acompañado por las Mujeres de Jerusalén, mientras la Verónica enjuga su rostro en pleno camino hacia el sacrificio.
Una obra inscrita en una tetralogía monumental
El futuro trono se concibe como la segunda pieza de una tetralogía iniciada con el trono del Cristo de la Crucifixión, una secuencia artística de largo aliento que responde a una planificación patrimonial sostenida durante años. Esta nueva entrega viene a cerrar una espera prolongada en el tiempo, al sustituir al actual trono, realizado por Manuel Toledano Vega, padre del autor del nuevo diseño.
Para la corporación, la iniciativa no responde a un simple impulso estético, sino a una necesidad profundamente arraigada. Así lo expresó el hermano mayor, Javier Castillero, al definir el proyecto como un anhelo largamente acariciado y una deuda moral con la imagen titular, subrayando que la dignidad devocional del Nazareno exigía unas andas acordes con la hondura teológica del misterio que representa.
Un camino aún abierto a la decisión de los hermanos
Pese al respaldo de la junta de gobierno, el proceso dista de estar cerrado, ya que la ejecución del trono deberá ser refrendada por el cabildo general de hermanos. La hermandad quiso dejar claro que la última palabra corresponderá al conjunto de la corporación, en un ejercicio de responsabilidad y participación que marcará el ritmo definitivo del proyecto.
Además, el diseño presentado no agota el desarrollo artístico futuro, puesto que será necesario incorporar a profesionales de distintas disciplinas, especialmente en los ámbitos de la imaginería y la orfebrería, para completar un conjunto que aspira a una coherencia integral entre talla, simbolismo y mensaje.
Un relato que enlaza pasado y presente
La presentación estuvo atravesada por una fuerte carga emocional ligada a la propia historia de la hermandad, evocando un episodio clave ocurrido en septiembre de 1990, cuando Manuel Toledano Vega recibió el encargo de realizar un trono provisional que permitiera a la corporación realizar su primera estación de penitencia por el recorrido oficial. Aquella obra, concebida con carácter urgente, es la que aún hoy acompaña al Nazareno cada Domingo de Ramos.
Tres décadas después, la situación se invierte simbólicamente, ya que es el hijo quien asume la responsabilidad de proyectar un trono definitivo, no como solución transitoria, sino como obra llamada a perdurar. Este relevo generacional aporta una lectura añadida al conjunto, en la que la continuidad familiar se entrelaza con la evolución artística y devocional de la cofradía.
Barroco, catequesis y valentía formal
El diseño fue definido como una propuesta valiente, de marcado carácter barroco y alta carga simbólica, concebida para interpelar al espectador más allá del impacto visual inmediato. El trono se plantea como un auténtico discurso catequético, capaz de guiar la reflexión del creyente a través de los distintos pasajes bíblicos que se desarrollarán en las futuras cartelas.
La intención declarada es que cada elemento tenga un sentido narrativo, de modo que la contemplación del conjunto permita comprender el itinerario espiritual del creyente dentro de la historia de la Salvación, utilizando el lenguaje propio de la Semana Santa malagueña.
Condicionantes técnicos y soluciones compositivas
El proyecto ha debido enfrentarse a un límite físico ineludible: la anchura del cancel de salida del templo, fijada en 238 centímetros. Dado que el grupo escultórico alcanza aproximadamente los 190 centímetros, la planta del trono se ha resuelto con una traza sinuosa y depurada, pensada para garantizar equilibrio, tránsito y correcta lectura en la calle.
Frente a la verticalidad predominante en el diseño anterior, esta propuesta introduce una horizontalidad narrativa más acusada, sin renunciar a dos principios considerados esenciales: la verticalidad como símbolo de elevación espiritual y la estructura piramidal como recurso visual que conduce la mirada hacia el centro del misterio.
Lenguaje gráfico y proceso creativo
Manuel Toledano ha mantenido el mismo lenguaje técnico empleado en la primera obra de la serie, combinando aguadas de acuarela con plumilla de tinta china para superponer estructura y color. No obstante, el autor ha optado por una contención deliberada del detalle en zonas secundarias, favoreciendo una lectura más limpia y unitaria del conjunto.
El proceso creativo se ha apoyado en estudios del natural y ajustes de escala muy precisos, con el objetivo de que el trono se perciba tal como será contemplado en la vía pública, a una distancia aproximada de cuarenta metros, garantizando así su eficacia visual y simbólica.
Geometría al servicio del barroco simbólico
La base compositiva del trono se articula a partir de un sistema de circunferencias que ordena todo el conjunto, integrando arquitectura y ornamento en una estructura coherente. Cortinajes, maromas, ramas y arcos no funcionan como elementos aislados, sino como piezas interdependientes dentro de un mismo discurso formal.
El canasto se organiza en varios niveles claramente definidos, desde un basamento liso hasta un cuerpo principal de perfil suavizado, coronado por una cornisa que reinterpreta soluciones históricas poco habituales, inspiradas en la libertad formal del Renacimiento tardío.
Naturaleza, símbolo y mensaje central
El apartado ornamental se articula en torno a dos grandes recursos escénicos, un cortinaje barroco que actúa como telón revelador del misterio y dos ramificaciones laterales, un rosal y un espino, que evocan la naturaleza invadiendo la arquitectura sacra.
El simbolismo resulta elocuente: el rosal como imagen de belleza y plenitud, el espino como expresión de dolor y redención. En el centro, una cartela rematada por la corona del Sacro Imperio alude a la realeza de Cristo entendida desde el sacrificio, no desde el poder terrenal.
Materiales, acabado y clave bíblica
La ejecución prevista se realizará íntegramente en madera, recurriendo a refuerzos metálicos solo cuando las exigencias estructurales lo hagan imprescindible. El acabado combinará barnices matizados con ceras y un dorado mate sin bruñir, inspirado en modelos europeos del norte del continente.
El programa iconográfico culmina con una reflexión sobre la libertad humana y la Providencia divina, sintetizada en el proverbio bíblico que afirma que el hombre traza su camino, pero es el Señor quien dirige sus pasos. Este mensaje se desarrollará a través de escenas y símbolos que confluyen en una clave central concebida como eje de estabilidad espiritual.
Un proyecto pendiente de voto y de tiempo
El último paso será la aprobación en cabildo y la concreción de un calendario de ejecución, fases aún por definir pero asumidas con determinación por la actual junta de gobierno. La hermandad ha dejado clara su voluntad de hacer realidad este proyecto, entendiendo el diseño como algo más que un dibujo.
El nuevo trono se presenta así como una promesa tangible, una apuesta por dotar al Nazareno de la Salutación de un soporte capaz de contar, con barroco, geometría y catequesis, el misterio que cada Domingo de Ramos vuelve a interpelar a la ciudad.











