Semana Santa de 1929. Tiempo de blanco y negro. La Plaza del Salvador está abarrotada. Sale Nuestro Padre Jesús de la Pasión y se vuelve a cumplir uno de los ritos de Sevilla. Han pasado casi 100 años y todo sigue igual. Una ciudad entera que acude a ver como Martínez Montañés contempla una de sus obras maestra. Quién niega que no esté vivo, si maestro e imagen se quedaron eternamente en el alma de la ciudad, en el aire de la tarde del Jueves Santo.
Sale la Virgen de la Merced y lo seguimos viendo todo casi igual que ahora. Pero hay diferencias que sólo intervienen en la materia. La misma luz, el mismo encanto, seguirán presentes por los siglos de los siglos. En estas líneas mostramos las diferencias del palio de Nuestra Madre y Señora de la Merced entre el que aparece en esta fotografía y como lo vemos en la actualidad.
Cabe destacar que esta fotografía presenta el estreno de las caídas del palio de la Virgen de la Merced. Una obra que cuenta con el diseño del orfebre cordobés Amián de Austria y que fueron ejecutadas por Carmen Campmany. El bordado que cuenta con casi noventa años de historia vino a complementar al manto que se estrenó el año anterior. La hoja de cardina, tratada con gran soltura, constituye el elemento decorativo principal, tanto en el palio como en el manto y saya de la Santísima Virgen. Aquel año, el paso de palio de la dolorosa presentó además una llamativa ausencia, la imagen de San Juan no procesionó. La hermandad prescindió de la talla porque no se había finalizado la ejecución de la nueva túnica a juego con el nuevo bordado del palio.
El paso de palio estrenó también en 1929 unos magníficos respiraderos, cincelados por los talleres de Seco y José Moguel, según diseño de Manuel de la Cuesta, quien se inspiró en la traza del retablo mayor de la Catedral hispalense. Estaban compuestos a base de hornacinas en las que se alternan esculturas de madera en su color y óleos sobre tabla; las primeras se deben al escultor José Merino y representan Santos vinculados con Sevilla, en concreto: san Fernando, san Ildefonso, san Isidro, san Leandro, san Hermenegildo, san Geroncio, san Pedro de Sevilla, san Félix, san Rómulo, san Florencio, san Laureano, san Fulgencio, san Braulio y santa Florentina. En lo que respecta a las tablas, fueron pintadas por Rafael Blas Rodríguez, simbolizando las deprecaciones de las Letanías Lauretanas.
Los respiraderos fueron sustituidos posteriormente. Al igual que otras partes del palio como los varales, obra de Cayetano González que el propio autor la consideró como “la más importante y perfecta obra realizada” y data de 1956. La candelería es de alpaca plateada y fue realizada por Jesús Domínguez y Antonio Santos entre 1972 y 1974. Y otras piezas fueron cambiadas con posterioridad como los faroles de los entrevarales y las jarras.
Pero el cambio más perceptible es la talla de la imagen de la Virgen de la Merced. No es la que procesiona en la actualidad, sino se trata de la antigua talla. Una obra anónima de principios del siglo XIX. José Bermejo la atribuyó a Pedro Duque Cornejo, seguramente con el fin de darle mayor prestigio a la imagen, ya que no hay documentos ni signos estilísticos que se asemejen a la figura del imaginero. Fue una imagen muy reformada, en la que intervinieron imagineros como Gabriel de Astorga, Emilio Pizarro, Gumersindo Jiménez Astorga, Antonio Infante Reina y José Ordóñez Rodríguez.
Este último autor intervino para hacerle unas nuevas manos que la estrenó aquella Semana Santa de 1929. Veinte años más tarde le realizó una importante restauración Sebastián Santos Rojas, el autor que en los años sesenta realizó la actual imagen de Nuestra Madre y Señora de la Merced. La dolorosa que vemos en la fotografía pasó al Convento de Madres Mercedarias de San José, en la calle Levíes, donde puede contemplarse en el coro bajo de su templo.





