Córdoba, Galerias

Una jornada mágica

El Lunes Santo arrancaba temprano en el barrio del Zumbacón con la salida de la Hermandad de la Merced que, con puntualidad británica, ponía su cruz de guía en la calle a la hora prevista. Con un sol radiante y un viento que hacía ondear las plumas de los romanos que flanquean entre mofas a Jesús Coronado de Espinas, el barrio aplaudía disfrutando de ver en al Rey de su barrio desfilar a los sones de la Banda de la Coronación de Espinas.

Este año, Jesús, el Humilde Coronado, lucía de manera bellísima la magnífica clámide que donara el grupo joven y ha bordado Antonio Villar y que muchos esperamos que continúe luciendo cada Lunes Santo. El cortejo, con un gusto exquisito, avanzaba perfectamente organizado para dejar paso a Santa María de la Merced, bellísima, cuyo paso mostraba a su pueblo la primera fase de los respiraderos del maravilloso proyecto que lleva a cabo la hermandad para su palio, así como los nuevos candelabros de cola, conformando una imagen renovada para el altar itinerante para la dolorosa mercedaria. Tras una entrada triunfal en carrera oficial la cofradía llegó a su cita en la Santa Iglesia Catedral en cuyo altar, realizó de manera solemne, su ofrenda penitencial ante el Santísimo.

Ya de regreso, por el improvisado recorrido alternativo que la Cofradía tuvo que tomar, por las obras en su regreso natural, que le privaba de uno de los momentos estelares del cortejo, ante la Cruz Blanca, el misterio que dirige Juan Carlos Vidal tenía el placer de disfrutar de las notas musicales que de manera sublime interpretaba la Banda de la Coronación de Espinas que vive uno de los mejores momentos sino el mejor de toda su historia. Sonaba “Humillado” a las puertas de San Antonio de Padua, una marcha que compusiese Francisco Ortiz y que puso más de un vello de punta en los brazos de numerosísimo público que se agolpaba para vivir uno de los momentos más emotivos que cerrase la Virgen de la Merced con los sones de “Tubamirun”, que una vez más, evidenció el excelente nivel al nos tiene acostumbrados en todas y cada una de sus intervenciones. La madrugada se apoderó de los sueños de Córdoba, con el dulce regusto de haber sido testigos de una jornada mágica.