Octubre de 2025 está llamado a convertirse en un mes inolvidable para las cofradías de Córdoba capital y su provincia. Ello, debido a la celebración de la procesión magna, que se llevará a cabo con motivo del 600 aniversario de la restauración, del viacrucis de occidente, por San Álvaro.
A falta de una lista oficial, con las hermandades invitadas a tal evento, en estos días se están conociendo algunas de cofradías a las que se les ha cursado la petición de participar en la Magna.
En este sentido la Hermandad del Stmo. Cristo de la Expiración de La Rambla comunicaba hace unos dias que había recibido invitación oficial para participar en el Vía Crucis Magno y que la participación se llevaría a cabo con la imagen del Stmo. Cristo de la Expiración.
En este sentido, hace tan solo unos minutos, la corporación rambleña ha anunciado la celebración de una junta general extraordinaria de hermanos el próximo 11 de marzo a las 20:15 en la iglesia de la Santísima Trinidad en aras de aprobar la participación del crucificado en este acontecimiento que tendrá lugar el sábado 11 de octubre en la ciudad de Córdoba, así como en la correspondiente exposición en la Santa Iglesia Catedral que se prolongará hasta el 19 de octubre.
Una pieza destacada de la imaginería andaluza
El Cristo de la Expiración de la Rambla, titular de la Hermandad de la misma advocación, procede originariamente de una capilla funeraria que existía en la iglesia del convento de los Trinitarios, desde donde se trasladó a su emplazamiento actual en la iglesia de la Asunción. Es una pieza destacada de la imaginería andaluza que algunos historiadores han atribuido a Juan de Mesa o a su círculo; otros, a Martínez Montañés, Gaspar Núñez Delgado o Alonso de Mena. Representa un Crucificado en el trance de la expiración, aunque carece del patetismo de otras tallas barrocas de la misma iconografía. La imagen no fue concebida para procesionar, de ahí que no poseyera anclaje en la espalda, como es habitual en los crucificados procesionales. La encarnación está tratada por igual en toda la escultura; sin embargo, la parte posterior del paño de pureza no está tan acabada como la frontal.
La imagen ha sufrido dos importantes restauraciones con anterioridad. Posiblemente fue en el siglo XIX cuando se actuó en el paño de pureza y en las piernas, encolando, reforzando las piezas con clavos y estucando, y cuando se aplicó cola animal a la cara con el fin de refrescar la encarnación. En 1958 fue restaurada por los imagineros sevillanos Adolfo Castillo y José Pérez. En este momento se encolaron los brazos al tronco y se cosieron con puntillas, se repararon los ensambles de la pierna izquierda, se resanaron las grietas, se confeccionó una nueva corona de espinas a partir de los restos de la antigua, se pegaron los dedos rotos y se repusieron los que faltaban, se resanó un pequeño ataque de bacterias, se introdujo una chirlata en el ensamble de la tapa de la espalda para evitar desniveles y se repintaron lagunas, sobrepasando los límites y ocultando el original.
Al margen de estas dos ha habido otras actuaciones puntuales; la más desafortunada fue la amputación de la corona de espinas para colocar unas potencias a principios del siglo XX.





