Que la Semana Santa de La Línea sea una de las grandes desconocidas del sur andaluz es algo que llama poderosamente la atención, a tenor de la grandísima calidad del patrimonio que encierran las catorce hermandades de penitencia que procesionan en ella, y de estar indiscutiblemente a la vanguardia de El Campo de Gibraltar en la brillantez de los desfiles procesionales. Un patrimonio que, además, todas y cada una de las cofradías se ha forjado desde la práctica nada, amén de un apoyo recibido por las instituciones que ha oscilado entre la nulidad del pasado y la insuficiencia del presente.
Algeciras, ciudad tan vecina como «rival» -casi siempre en el buen sentido- de La Línea, organizaba el pasado mes de septiembre de 2023 una gran Procesión Magna Mariana que fue todo un éxito organizativamente hablando, y tuvo buena acogida a nivel de público, con la presencia de un patrimonio notable por sus calles junto a bandas de música de gran nivel. En definitiva, fue un acontecimiento religioso destacado, sin olvidar la vertiente cultural, que tanto ayudó a las hermandades locales a darse a conocer en el exterior y que revirtió en un bien económico hacia la ciudad de Algeciras, y si no, que pregunten a los comercios y hosteleros. Todo ello se une a la indiscutible visibilidad hacia el exterior que se proyectó de la ciudad.

Poco después del magno acontecimiento en la vecina ciudad, en La Línea comenzó a barruntarse la posibilidad de hacer, siguiendo la estela algecireña, una Magna Mariana, prevista para septiembre de 2024 bajo el amparo del centenario del Patronazgo de la Inmaculada Concepción a La Línea, a la que da el apellido «de la Concepción». Una posibilidad que fue tomando fuerza y que contaba con el beneplácito de las cofradías, siempre y cuando, faltaría más, no supusiera un gasto económico adicional para las maltrechas cuentas de las mismas. Fue la lógica condición que estableció el Pleno de Hermandades cuando se propuso la ilusionante idea.
En este punto, es imperiosa la necesidad de recordar que las hermandades linenses, hasta la fecha, han visto la cantidad de «ceromil» euros a modo de subvención para sufragar sus gastos anuales, de manera que el altísimo coste que implica poner a una hermandad en la calle ha de salir del arduo trabajo durante todo el año para preparar una salida cuya cuantía suele superar las cinco cifras. Cabe preguntarse, en consecuencia, dónde podrían estar las hermandades linenses si recibieran un colchón económico anual digno. Las cofradías no reciben reciprocidad con respecto a lo muchísimo que aportan a una ciudad tan necesitada en diversos ámbitos: religioso, social, caritativo, cultural, visibilidad hacia el exterior… El agravio comparativo es clarísimo si hablamos de subvenciones recibidas por las hermandades linenses en relación a otros municipios, cercanos y lejanos, que ni se acercan a la brillantez de la Semana Santa linense, aunque quede mucho que mejorar en determinadas cuestiones.
Según informaban medios locales, se contaba con una partida económica de 150.000€ que podría sufragar el coste de las salidas procesionales de las distintas devociones marianas de la ciudad, las catorce de las hermandades de penitencia, más la posible presencia de las de gloria. Un dinero que vendría, siguiendo la citada información, de la Diputación de Cádiz, que ya anunciaba en diciembre de 2023 su apoyo económico a la Magna de Jerez de la Frontera prevista y anunciada para el 12 de octubre de 2024. Diputación también colaboró en cuestiones monetarias con a la Magna de San Fernando del pasado 30 de septiembre. No fue así en Algeciras, donde el propio ayuntamiento local subvencionó a las hermandades para la Magna.

Sin embargo, fueron pasando las semanas y los meses y, aunque hubo medios locales que se aventuraron precipitadamente en asegurar la celebración de la Magna, no había noticias del dinero al más puro estilo de la mítica película española «Bienvenido Mister Marshall«, en la que un humilde pueblecito espera ansioso la llegada de una comitiva americana cargada de dinero para reactivar la economía del lugar. Una comitiva que termina pasando de largo del pueblo. Lo mismo que ha terminado sucediendo en el caso que nos ocupa. Las hermandades se marcaban como fecha tope finales del mes de abril, poco después de que terminara la Semana Santa, para que el apoyo económico llegara con las garantías necesarias y con el tiempo suficiente para poder organizar el acontecimiento de manera digna en términos de cera para los pasos que sea de una buena calidad, horarios e itinerarios y acompañamientos musicales. Superada la fecha límite, el Consejo Local de Hermandades lanzaba un comunicado explicando el desistimiento de organizar esta procesión Magna por cuestiones burocráticas, según se deduce de lo expuesto por su parte.
Una vez expuestas las circunstancias, no cabe otra postura que estar indignado, aunque tampoco he percibido un gran malestar entre los cofrades de la ciudad. No obstante, no termina de quedar claro de quién es la responsabilidad de que finalmente no se celebre la Magna Mariana. Entre todos la mataron y ella sola se murió, que se suele decir. No seré yo quien señale a nadie, puesto que no dispongo de toda la información al completo. Y tampoco seré yo quien alce una bandera que no han deseado alzar quienes deberían. Lo que es totalmente indiscutible es que las perjudicadas son las hermandades, los cofrades y una ciudad que, una vez más, es ninguneada.

No obstante, sí llego a la conclusión de que, bajo mi humilde punto de vista, no tenemos personas al frente ni en la base de las hermandades que sean capaces de unirse de manera sólida para ponerse en su sitio, ni tan siquiera para reclamar algo tan básico como una subvención anual destinada a aliviar las arcas de las propias cofradías, ni tampoco para ponerle los puntos sobre las íes a las instituciones de las que depende, sean locales, provinciales, autonómicas o incluso eclesiásticas. Hace unos días me decía un estimado cofrade de la ciudad que en muchas ocasiones el Consejo Local no recibe todo el apoyo que debería de los propios cofrades, aunque luego sea fácil señalarles. Quizá no le falte razón. A la vista está que nadie va a llamar a nuestra puerta a ofrecer soluciones ni facilidades, y menos si nos conformamos siempre con lo mínimo. Por ello, es imperativo dejar las comodidades y los argumentos inmovilistas del estilo «esto se ha hecho siempre así, es tradición», que tanto daño nos siguen haciendo en muy diversos aspectos.
A veces, solo el agravio comparativo nos hace movernos, tal y como sucedió en el origen de esta iniciativa que tanto bien hubiera reportado a la ciudad. Desgraciadamente, en este sentido Algeciras nos lleva una ventaja abismal en lo que se refiere a la infraestructura y al espaldarazo económico que da sustento a las hermandades. Allí se percibe un movimiento cofrade bien arraigado y valorado, seguro que más sólido y cohesionado que en La Línea, y amparado por las propias instituciones que rigen a la ciudad. En La Línea ese apoyo ni está ni se le espera. Qué sana envidia me dan los algecireños en esta cuestión, y cuánto me alegro de que ellos sí logren lo que merecen. Una subvención anual de más de 120.000€ es la ventaja que nos llevan los vecinos en ese sentido. Repito, ciento veintemil euros contra «ceromil» euros que ven las hermandades. Antes de pensar en celebrar Magnas como quien construye castillos en el aire, eso es lo primero que tenemos que copiar. No valoramos en la justa medida lo que tenemos, y por supuesto, no nos hacemos valorar: qué Magna decepción.






