“Una mirada que vence al dolor”: bendecida en Garrucha la nueva imagen de Nuestro Padre Jesús de la Victoria, obra de Pablo Porras y Juan Jiménez

La Iglesia de San Joaquín de Garrucha acogió el pasado 27 de septiembre la bendición de una imagen de Cristo que irradia serenidad y majestad. Una creación de los imagineros Pablo Porras y Juan Jiménez que eleva el arte sacro a un plano de espiritualidad pura.

La tarde del 27 de septiembre quedó marcada en la memoria de los fieles de Garrucha con la bendición solemne de Nuestro Padre Jesús de la Victoria, una talla que nace del talento compartido de Pablo Porras y Juan Jiménez, dos nombres que han sabido conjugar técnica y misticismo en una obra de honda trascendencia espiritual. La imagen, destinada a la Mayordomía con sede canónica en la Iglesia de San Joaquín, se erige ya como símbolo de esperanza y consuelo para los devotos.

La serenidad de quien vence desde el silencio

La escultura representa el instante en que Jesús es conducido a la casa de Anás, un momento de aparente derrota que en la iconografía cristiana encierra el germen mismo de la victoria redentora. En esta obra, Cristo no se muestra abatido, sino dueño de una calma majestuosa, donde la dulzura del rostro y la gravedad del gesto se funden en una misma expresión de entrega y divinidad. La mirada, serena y profunda, parece traspasar el tiempo, invitando al creyente a contemplar el misterio de la Pasión con recogimiento y fe.

El arte hecho oración

Confeccionada en madera de cedro real, la imagen alcanza el tamaño natural, presentando un cuerpo totalmente anatomizado y brazos articulados, lo que permitirá su uso en los cultos de Semana Santa. El estuco y la policromía al óleo, ejecutados con el refinamiento de las técnicas clásicas, otorgan a la talla una textura casi viva, donde la luz acaricia las carnaciones con sutil realismo. Cada detalle —el modelado de las manos, el leve movimiento del cuello, la tensión contenida en el rostro— habla de una obra orante, fruto de un proceso donde la devoción y la maestría se entrelazan inseparablemente.

Un triunfo de la fe y del arte andaluz

Porras y Jiménez han creado una imagen que no solo emociona por su perfección formal, sino por su unción sagrada, esa cualidad intangible que convierte la madera en presencia divina. En ella se reconocen los rasgos que caracterizan su producción: el equilibrio compositivo, la sobriedad expresiva y la espiritualidad contenida, herederos del mejor legado de la escuela barroca.

La bendición de Nuestro Padre Jesús de la Victoria no ha sido solo un acto litúrgico, sino una epifanía artística, un acontecimiento que renueva la devoción de Garrucha y confirma que el arte sacro sigue siendo un camino hacia lo eterno. En el silencio del templo, entre cirios encendidos, la nueva imagen de Cristo parece susurrar al corazón de los fieles el mismo mensaje que da nombre a su advocación: que la verdadera victoria nace siempre del amor y del sacrificio.