«Una obra en la que cada pincelada ha salido del corazón»

Ha querido el destino que una vez más sea Carmona, su Carmona natal, el rincón más afortunado del universo por volver a ser destino y testigo de la revelación al universo cofrade de un nuevo regalo en forma de obra de arte. Ahora, precisamente ahora, cuando el universo cofrade se revuelve airado y herido ante la concurrencia de desagradables ataques que vuelven a minar la paciencia infinita de quienes aprendimos a respirar poniendo la otra mejilla, revistiendo sus insultos bajo la apariencia de presunto arte, Nuria Barrera vuelve a levantar la voz como solamente ella sabe hacer, a través de la inmensidad de su incalculable capacidad artística, capaz de asombrar con cada nueva pincelada y hacer enmudecer las voces que pretenden llamar arte a la provocación barata.

Ella logra con su creatividad lo que otros somos incapaces de expresar con nuestro torpe verbo, representando la misma esencia de la verdad absoluta, de la interrelación más íntima entre el cristiano y el cofrade y sus más profundas convicciones y devociones a través de la pintura. Y su obra vuelve a brillar en el corazón mismo y en la esencia de su herencia recibida en virtud de aquellos rincones donde respiró sus primeros aromas, donde aprendió sus primeras luces, donde concibió sus primeros sueños, donde esa maravillosa amalgama que configura ese divino conglomerado que forma parte inalterable de su poderosa idiosincrasia, dulce y firme al mismo tiempo, late poderosa en lo más profundo de sus entrañas.

«Nada ocurre porque sí. Todo tiene sentido cuando sucede» ha dicho una Nuria Barrera cuya sabiduría se plasma en cada pincelada y que en esta ocasión vuelve a sorprender con un tríptico, un cartel a dos niveles, para ilustrar el 450 aniversario de la Hermandad de la Humildad y Paciencia de su Carmona, que muestra en el centro al Santísimo Cristo de las Ánimas flanqueado por Nuestro Padre Jesús de la Humildad y Paciencia y María Santísima de los Dolores.

Un cartel especial, simbólico, cargado de un singular significado para una Barrera que ha explicado que «apenas a unos metros de esos muros veía la luz que tanto me obsesionaba siempre en mi obra y bajo estas cubiertas me hicieron profesar en la fe que tan profundamente siento, respeto y defiendo. Una obra en la que cada pincelada ha salido del corazón». La nueva obra de la artista carmonense es un óleo sobre tabla que tiene como núcleo central al Crucificado de las Ánimas como eje y centro de todo, Alfa y Omega, principio y fin, base sobre la que se fundó esta hermandad hace cuatro siglos y medio. A sus pies y sobre un fondo rojo se adivina el perfil del bellísimo templo de San Pedro que ocupa un lugar de privilegio en el arcón de los recuerdos de una artista esencial que ha vuelto a demostrar al mundo que tenemos la suerte de poder disfrutar de una de las mejores pintoras del arte contemporáneo.