Niño, pasado ya un mes desde el final de la gran Semana Santa que hemos tenido la suerte de vivir, cabe plantearse en base a lo acontecido desde entonces unas cuantas preguntas pertinentes. Aquí va la primera: si en las próximas elecciones a hermano mayor de la Esperanza van a concurrir dos candidatos y uno de ellos es el mismo que se presentaba en el pasado mes de diciembre cuando el consiliario Pablo Calvo suspendió las anteriores, ¿quiere esto decir el candidato incapaz «de proponer actualmente una nueva Junta de Gobierno que contase con respaldo respeto y colaboración mayoritaria de los hermanos que ayude a crear fraternidad de la Hermandad que pueda potenciar un verdadero crecimiento espiritual de sus hermanos y potenciar de manera creciente la devoción a sus titulares y que sirviera para evitar en un futuro inmediato tantos enfrentamientos y disputas como por desgracia y para deterioro de una asociación de la Iglesia se han venido produciendo en estos últimos meses» era el otro?
Pregunta número dos, niño. No menos importante que la anterior. Si el «patriarca» de una parroquia de la ciudad exige a los nuevos sacerdotes que llegan a la misma que vistan tal y como tiene que vestir un «sacerdote» de dicha parroquia, ¿dicho patriarca puede ser considerado como el gurú universal de la moda católica eclesial española?
Y tres, niño, y tres. Esto de que sigan surgiendo pro hermandades de nuevo cuño aquí y allá que se plantean proyectos que se podrían considerar bastante dificilillos para cofradías más que consolidadas de la ciudad -cuanto no para aquéllas-, ¿nos lleva a alguna parte?





