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Córdoba, El Cirineo, Opinión

Usted, sí usted, el de la vara dorada: a mí no me representa

Habrá quien piense que ha sido un expediente el que ha provocado mi silencio en los últimos meses. Como habrá quien crea que logra alguna reacción, más allá de la chanza, la sorna o el cachondeo, llámenlo como deseen, a través de infantiles comentarios en redes sociales que únicamente provocan el sonrojo y la vergüenza ajena. No sean infelices por Dios. Mi silencio ha obedecido a la falta de tiempo, ni más ni menos y acaso al hastío de volver a redundar una y mil veces en los mismos asuntos sin que en determinadas cabezas pensantes – es un decir – se logre avance alguno. Las cofradías cordobesas continúan encerradas en un perjudicial círculo vicioso del cual resulta cada vez más una quimera salir.

Un círculo vicioso provocado por los mismos personajillos de siempre, que se prodigan con los mismos comportamientos mafiosos de siempre, pasándose por el forro de la entrepierna la normativa vigente y profundizando en el lodazal en el que han convertido algunas hermandades. Y lo que es peor, perdiendo valiosos elementos por el camino, de los pocos que había. Grandes hombres y mujeres que se van alejando del poder, cansados de luchar contra molinos de viento. Está por ver si los nuevos que llegan serán capaces de estar a la altura de quienes se marchan, habrá que concederles el beneficio de la duda, cruzando los dedos a la espera de contrastar si las bondades que de ellos cuentan se materializan en realidades.

En otras casas la vara dorada ni ha cambiado de mano, ni va a cambiar. Bien sea porque a ver quién es el guapo que se arriesga a soportar sobre sus hombros un préstamo en “condiciones manifiestamente mejorables”, como alguien se encargó de escribir en su momento, que genera muchas dudas, bien a resultas de un hartazgo que se ha instalado en el ánimo de muchos hermanos que han decidido exiliarse, probablemente de por vida, amparados en la defensa de la propia dignidad que otros prostituyen por un costal y una presidencia. No olviden tampoco las candidaturas no aprobadas por el consiliario de turno, que han dejado alguna elección con un solo candidato aspirando a la reelección, con la excusa de que la candidatura alternativa estaba encabezada por hermanos que no pisan la cofradía. Ya me dirán ustedes si esta no es una forma encubierta de pucherazo. ¿Cómo van a frecuentar la casa hermandad quienes hace mucho que sienten que no es suya, que han debido soportar miradas inquisitoriales – cuando no insultos -, cada vez que se han acercado al paraíso perdido? Todo un truco, oigan.

La cuestión es que en algunas orillas, las elecciones se han transformado, por una razón u otra, en una mera exaltación de la amistad, con colegas apoyando a su colega, antes y después del partido y la barra, entre bocanadas de incienso – mucho incienso – y abrazos – muchos abrazos -, absolutamente ningún análisis crítico y nula capacidad para aprender de unos errores que se reproducen año tras año sin la más mínima posibilidad de que alguien haga algo que contradiga a los líderes supremos, no vaya a ser que no pueda formar parte de los saraos que se avecinan. ¡Ah!, y con la bochornosa adulación onerosa de algún que otro plumilla a cambio de un “cuéntame algo a ver si doy alguna primicia, que parezca que existimos para algo”.

Es lo que tiene el hastío del personal, que uno es capaz de incumplir la normativa, poniendo en bandeja una impugnación, y que nadie se moleste en perder ni un segundo de su tiempo en denunciarlo. Probablemente en el convencimiento de que es mejor que la pesadilla acabe cuanto antes que dilatar de manera estéril un proceso que, como máximo podría haber desembocado en una repetición idéntica para terminar en el mismo sitio. Mirándolo por el lado bueno, tiene sentido pensar que a cada día que pasa, queda un día menos para perder de vista ciertas caras. Haciéndolo por el malo, no olviden nunca de dónde venimos y tiemblen por hacia dónde vamos y recuerden que otros vendrán que bueno te harán. Más de uno ya ha llegado a pensar que hace cinco años no estaba la cosa tan mal, ¡qué ironía!.

Que nadie se llame a engaño. Por más que se quieran disfrazar las cosas, una votación no necesariamente legitima a un dirigente. Miren si no lo ocurrido en el Congreso de los Diputados. Pedro Sánchez podrá ser un presidente perfectamente legal y aun así, muchos españoles no se sentirán representados por él. Habrá muchos cofrades que por más que un cabildo, en el que votan cuatro gatos – en proporción al número de hermanos -, refrende a un dirigente – también de manera escrupulosa y absolutamente legal –, no se sientan representados por el refrendado y digan, con todo el derecho del mundo, “usted no me representa”, aunque quienes mandan se empecinen en utilizar frases del calibre de “todos los hermanos están muy contentos”, pluralizando como pluralizan los independentistas que hablan en nombre de toda Cataluña, o como hace Al-Zahara hablando en nombre de “todos los vecinos – y vecinas – de Córdoba” cuando atacan a las cofradías.

Y a resultas de estas expresiones viciadas, parece que “todos querían” que se hiciera lo que se ha hecho, “todos apoyan” que se convierta lo extraordinario en repetitivo, “todos comprenden” que se mienta a terceros cuando dirijo al más puro estilo Florentino Pérez y “todos sueñan” con proyectos que no significan absolutamente nada si no se asientan en una verdadera hermandad, en la que no se insulte ni se expulse al discrepante y nadie se vanaglorie porque tal o cual hermano por fin se ha dado de baja. Porque aunque resulte extremadamente complejo evitar el vicio que suponen ciertos abusos del lenguaje, ningún dirigente, por mucho apoyo que tenga, representa a toda una población, la democracia no es eso… pero, ¿vamos a pretender que algunos entiendan lo que significa la democracia, a estas alturas?

¡Hale, a escudriñar textos a ver si podemos hincar el diente! ¡El Cirineo ha vuelto!

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