Villa del Río se vuelca con la Santa Misión Jubilar 2025 en una jornada de fe, belleza y fervor compartido

Santa María Magdalena recorrió las calles entre altares efímeros, plegarias y emociones profundas en la segunda jornada misionera organizada por la Agrupación de Hermandades

Villa del Río escribió el pasado 12 de julio una de sus páginas más luminosas del calendario religioso, al celebrarse la segunda salida de la Santa Misión Jubilar 2025, una cita que quedará grabada en la memoria de sus habitantes por la intensidad espiritual y el compromiso colectivo que la envolvieron. En esta ocasión, la responsabilidad de guiar la jornada recayó en la Hermandad de Santa María Magdalena, que convirtió las calles de la localidad en un auténtico camino de fe compartida.

Desde las primeras horas de la tarde, el pueblo entero se movilizó para embellecer el itinerario: balcones engalanados con colchas y colgaduras, altares efímeros surgidos de la creatividad popular y un ambiente que destilaba devoción y esperanza. Todo estaba dispuesto con esmero para recibir a la Santa entre flores, incienso y plegarias. La imagen partió desde la Capilla de Jesús en dirección a la Plaza de España, en un recorrido que no solo fue procesión, sino catequesis viva: miembros de la hermandad ofrecían explicaciones sobre el verdadero sentido de la Santa Misión, dotando de profundidad cada momento del trayecto.

El clímax espiritual de la jornada se vivió con la celebración de la Santa Misa en la Plaza de España, transformada por completo en un escenario sacro gracias al empeño de los vecinos, que cuidaron hasta el más mínimo detalle. El templo improvisado al aire libre acogió a una multitud sobrecogida por la solemnidad del acto, que resonó como un eco de unidad, fe y gratitud.

Tras la eucaristía, la imagen de Santa María Magdalena emprendió su regreso a la Capilla, envuelta en el recogimiento de la noche y el fervor de los asistentes. El broche de oro llegó con una atraca de fuegos artificiales en el callejón que une las calles Caballero y Miguel de Cervantes, un instante largamente esperado que despertó aplausos y emociones contenidas.

El acompañamiento musical fue otro de los pilares de esta jornada inolvidable. La Banda de Música Puente Romano puso sonido a los sentimientos, mientras que el Coro Parroquial de Villa del Río elevó las almas con sus voces, convirtiendo la tarde en un canto litúrgico permanente. Entre los presentes se encontraba una nutrida representación institucional y cofrade: el alcalde Jesús Morales Molina, el presidente de la hermandad, Rafael García, junto a su junta directiva, hermanos mayores de distintas generaciones y miembros de la Asociación Española Contra el Cáncer, que participaron activamente como fieles colaboradores.

La jornada fue, en esencia, un testimonio palpable de lo que ocurre cuando un pueblo se entrega a lo sagrado con generosidad y belleza. Villa del Río volvió a mostrar su alma, aquella que transforma el espacio urbano en templo y el tiempo cotidiano en liturgia. Una comunidad que, una vez más, se hizo pueblo de Dios al paso de su Santa.