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XXXVII Aniversario de la Coronación de la Esperanza de Triana

La virgen trianera de la madrugá sevillana cumple su trigésimo séptimo aniversario de su Coronación Pontificia, más de 20 años pasaron para que una virgen sevillana ostentara de nuevo esta distinción, tan solo dos lo habían hecho hasta el momento, la tercera iba a ser una de las mayores devociones de la ciudad de Sevilla, siendo además la primera en ser Coronada de manera Pontificia

La Hermandad de la Esperanza de Triana es la Cofradía más antigua de Triana y de las de Sevilla, remontándose al siglo XV, la Virgen es de talla anónima, aunque a lo largo de su historia a sufrido numerosas restauraciones que han ido modificando su estética y su mascarilla, llegando a las tres últimas restauraciones de Luis Álvarez Duarte, tal y como la conocemos hoy en día. En la última década del siglo XIX la Virgen de la Esperanza procesionó acompañada de San Juan Evangelista y Santa María Magdalena formando el misterio de la Sacra Conversión.

Poco más de 20 años pasaron desde la última coronación, en concreto la de otra Esperanza, hacía ya varios años que el runrún corría por Triana, sin atreverse aún a afirmar con contundencia lo que terminaría por ocurrir. Hubo que esperar no obstante al año 1981 para que el Hermano Mayor, D. Vicente Acosta Domínguez, tras numerosas visitas a S.E.R el Cardenal Bueno Monreal en que le insistía en los criterios para solicitarla, comenzara los trámites necesarios ante el Arzobispado. Una vez autorizado, comenzó un reguero de adhesiones, firmas, solicitudes, compromisos e ilusiones por ver coronada a la Virgen de la Esperanza. Devotos y fieles, hermandades, instituciones, religiosos, y hasta el Ayuntamiento de Sevilla comenzaron a acariciar la idea de que iba a ser posible cumplir ese anhelo. El Cardenal Bueno Monreal había autorizado iniciar el expediente, pues ya sólo quedaba la autorización de Roma.

No todo sería un camino de rosas para la corporación trianera, en febrero del 1982, cuando la búsqueda de adhesiones era frenética, llega la noticia que nadie esperaba, el Cardenal Bueno Monreal había sufrido un ictus mientras se encontraba en Roma. El miedo a que se vieran truncadas las aspiraciones, ya que el Cardenal se había convertido en estandarte de la ansiada Coronación, empezó a recorrer a los oficiales de la Junta de Gobierno. D. Antonio Domínguez Valverde, quien se había hecho cargo de la sede provisionalmente, infundió ánimos y tranquilidad a los trianeros, al decirles que continuaran con el proceso; que la coronación seguía su curso.

La prensa sevillana, veía muy próxima la coronación de la Esperanza de Triana, pero a la Hermandad habían llegado rumores desde la capital italiana, diciendo que allí no constaba petición alguna sobre la coronación de ninguna Virgen de Sevilla. Este hecho, entristecía al hermano mayor Vicente Acosta y a sus miembros de junta que se ponían, cada vez, más nerviosos.

En diciembre del 1982, el hermano Mayor decide ir a Palacio para no perder pista de la situación, donde se encontraría al Cardenal Bueno Monreal acompañado de ocho obispos que acudieron en su visita tras el ictus. Cuando el Cardenal Bueno Monreal, aún afectado, alza su vista y observa la presencia del hermano mayor trianero, comienza a rebuscar entre sus cajones, de los que saca una libreta que guardaba y se la entrega a Tarancón para que lea lo que ponía en ella. Se podía leer “Esperanza de Triana coronada, Esperanza de Triana coronada, Esperanza de Triana coronada…”. Desde Roma ya se había dado el visto bueno y el Cardenal realizaba ejercicios de rehabilitación escribiendo una y otra vez sobre una libreta el nombre de la dolorosa que próximamente se iba a coronar en la Catedral de Sevilla. Dijo Vicente Acosta que, en aquel momento, el Cardenal había desplegado una cara de bondad inusitada, igualmente probablemente también se viera reflejada en Vicente la ilusión por una noticia tantos años anhelada. Aquella escena la vivió Amigo Vallejo, sentado en una silla, casi, recién llegado a la ciudad, quien ya debía sobrevolar en su cabeza el hecho de que sería él quien coronaría a la Esperanza de Triana. No sería hasta el 2 de Junio de 1984 cuando la Virgen de la Esperanza de Triana por fin fuese Coronada Pontificalmente en la Santa Iglesia Catedral de Sevilla.

Esperanza de Triana, Triduo en Santa Ana previo a la Coronación. / Foto: Archivo de la Hermandad

Se quiso que fuera en la Real Parroquia de Santa Ana, sede fundacional e histórica de la Corporación, en la que tuviera lugar el Triduo preparatorio para la Coronación Pontificia de Nuestra Señora de la Esperanza. La Santísima Virgen, que estrenó para la ocasión un manto verde bordado, se encontraba sin corona, al querer remarcar el valor de la Coronación que tendría lugar días después de manos del Excmo. y Rvdmo. Sr. Arzobispo. La virgen además, lucía la medalla de la ciudad de Sevilla en su pecho, otorgada por Manuel del Valle.

El hermano Mayor, decidió que fueran las Monjas Mínimas quienes ejercieran el papel de madrinas de la coronación, una orden con clara vinculación a la Hermandad trianera. Las monjas Mínimas acogieron la noticia con orgullo, pero su disciplinado modo de vida no le permitieron, apenas, disfrutar de la Coronación Canónica.

Una auténtica multitud de personas acompañó a la Esperanza el viernes 1 de junio de 1984 en su camino de ida a la Catedral, iniciándose a las 18:00 horas. Una locura de fieles, devotos, trianeros venidos desde barrios más lejanos, y de toda la Sevilla cofrade que se alegraba porque, al fin, tras 3 años, la Virgen de la Esperanza iba a ser coronada. Se sucedían las calles abarrotadas en una Triana engalanada, un barrio del Arenal que esperaba a su Esperanza y una Catedral con dos Arzobispos que habían hecho posible el sueño. Cuando la Esperanza de Triana ya estaba en Sevilla, ni la lluvia quiso perderse lo que el Santo Padre desde Roma dictaminaba, que Nuestra Señora de la Esperanza iba a ser coronada.

Esperanza de Triana camino de la Catedral para su Coronación. / Foto: Archivo de la Hermandad

Fue un acontecimiento extraordinario. El pontifical comenzó a las 19:00 y tuvo lugar bajo la presidencia religiosa de S.E.R. El Cardenal Bueno Monreal, quien desprendía una inmensa alegría por cumplir el objetivo de ver coronada a la Santísima Virgen. Por otro lado, un jovencísimo Arzobispo, D. Carlos Amigo Vallejo, llegado escasos años antes desde Tánger, y que ya había recibido al Santo Padre en Sevilla y ahora coronaba a la Esperanza de Triana.

Corona Pontificia de la Esperanza de Triana. / Foto: Archivo de la Hermandad

La corona de la Esperanza fue realizada por Orfebrería Triana con donaciones de devotos, hermanos, fieles y particulares; hasta la Casa Real quiso contribuir autorizando que se fundiera una pulsera que había pertenecido a S.A.R. La Infanta Doña Luisa de Orleans, Camarera Honoraria Perpetua de la Santísima Virgen, y que para siempre estará cerca de Nuestra Señora de la Esperanza de Triana.

El 2 de Junio de 1984 por la tarde, ya coronada la Esperanza de Triana, regresaba a la capilla de los marineros la virgen. Fueron doce horas en los que la lluvia quiso respetar la alegría de un barrio que veía a su Virgen coronada, y una ciudad que compartió con Triana a su Esperanza. La Santísima Virgen recorrió las calles de la Ciudad rodeada de los miles de fieles y devotos que quisieron acompañarla. La Virgen visitó a la Casa Consistorial, donde fue recibida por el Alcalde y la Corporación Municipal. A partir de ahí, en una algarabía constante, sólo existió la Esperanza. El Puente de Triana se encontraba engalanado para un acontecimiento único, allí se acuñó una frase que define la esencia del barrio, y proclamar una verdad inalterada, que se ha convertido en santo y seña del mismo, “Triana con su Esperanza”. La calle San Jacinto era un hervidero. No hacían más que repetirse entre susurros “Esperanza de Triana Coronada” en los labios de quienes llevaban horas esperando el regreso de la Señora, quizás porque aún no terminaban de creer que el sueño se había hecho realidad. Pasadas las 10 de la mañana, después de unas jornadas inolvidables y de 12 horas de un regreso que pasaría a la historia cofrade de Sevilla, el capataz Juan Borrero mandó arriar el paso de la Santísima Virgen en la Capilla de los Marineros. Sevilla, adormecida y ausente, despertó con la Esperanza.

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