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Miradas bajo el cubrerrostro, 💙 Opinión

¿Y ustedes qué opinan?

Nuevamente se bajan los cirios, señal de que los pasos se arrían y de que este pequeño descanso nos servirá para volver a reflexionar sobre tantos y tantos temas que te abordan la mente cuando estás bajo el cubrerrostro.

En la anterior ocasión estuve reflexionando sobre las palabras y las conclusiones publicadas tras el pasado encuentro de Obispos de las Diócesis del Sur. Recuerdo cómo pensaba que sería necesario elegir bien las palabras que expresasen las preocupaciones y los pensamientos de sus Ilustrísimas a la hora de pronunciarse sobre los acontecimientos que están jalonando nuestro día a día cofrade; cómo la utilización de algunos términos podían herir la sensibilidad de quienes intentan salvar esta situación de desazón continua con la mejor de las intenciones, que no con el mejor de los resultados en algunas ocasiones. Pero con una voluntad indiscutible de mantener la fe de los hermanos y el fervor de sus vecinos.

Pero dejamos para esta nueva parada en el caminar una reflexión sobre qué estaban opinando los otros agentes responsables de la organización de las distintas Semanas Santas desde el punto de vista cofrade: los Presidentes de las Agrupaciones de Cofradías y de los Consejos de Hermandades.

Como en el caso de nuestros representantes en las instituciones del Estado, cuando un cofrade opta a ser elegido Presidente del organismo mayor de la Semana Santa de su ciudad se enfrenta a una serie de trabajos, proyectos, actividades que se repiten con el devenir de los años, como siempre ha ocurrido; pues no podemos ni debemos olvidar que la Semana Santa de cada población es como esa rueda de molino que pasa cada cierto tiempo por el mismo sitio, repitiendo el movimiento y el resultado de su acción. Y con esa perspectiva, más algún que otro proyecto innovador y/o renovador que le hará ser inscrito de forma más o menos duradera en los anales de la Semana Mayor de su ciudad, aunque no siempre para bien, este cofrade se enfrenta a los años que duren su mandato.

Con lo que no contaba este pobre candidato, como no contábamos nadie, es con lo que este 2020 nos ha traído… y que tiene toda la pinta de seguir sucediendo en el 2020 segunda parte.

Y en estas últimas fechas, cuando parece que se acerca de manera irremediable el momento de empezar a tomar decisiones de cara a este nuevo año, comienzan a tomar protagonismo con declaraciones en las que muestran cómo creen que se pueden afrontar Cuaresma, Cultos, Vía Crucis y Estaciones de Penitencia… muy en especial las Estaciones de Penitencia. Y en algunas ocasiones, más vale que no se hubieran pronunciado de manera alguna, unas veces por las soluciones aportadas o las posibilidades plateadas, otras por haber sido una ocasión incomparable para no dejar al descubierto lo poco que demuestran saber sobre el mundo que dirigen y representan.

Propuestas que van desde someter a test a los costaleros y la realización de un solo relevo en las cuadrillas, hasta la realización de las procesiones sin costaleros y dentro de un mismo recorrido acotado para todas las hermandades. Sin dejar de pasar por quienes, con un espíritu más comedido, no ha querido manifestarse en ninguna dirección, lo cual también es muy propio de quienes están al frente de instituciones, y que les mantiene siempre en la tibieza y en la impostura de quien está de perfil en todo momento.

El problema no está en el nazareno, que ya suele guardar la distancia de seguridad con su hermano y lleva una mascarilla que le cubre toda la cara desde tiempo inmemorial, mucho antes de que apareciera la norma de la «nueva normalidad»; tampoco lo está en el grupo de negro, siempre que no tengan inconveniente en estropear el peinado engominado con una mascarilla, también negra, a juego con el terno (y con el escudo bordado de la hermandad en cuestión, a modo de medalla contra el virus).

Comienzan los problemas en los músicos tras descubrirse el alto riesgo de contagio por «aerosoles». Claro, quién se va a parar a escuchar ese solo tan esperado de corneta, con esos mofletes encendidos, donde el aplauso enardecido está dispuesto en la línea de salida para acallarlo con el clamor popular, cuando éste puede ser un foco de contagio todo lo que salga por esa trompa dorada. Y no podemos expandir el espacio que las bandas ocupan en la procesión sin riesgo de que los nazarenos del tramo de palio pierdan la identidad de su cofradía al dejar de divisar a sus hermanos de Cristo en muchas partes del recorrido.

Sobre los costaleros mucho se ha podido ya hablar. No vamos a entrar en la realización de esos tests masivos a cuadrillas. Pero mucho menos vamos a entrar en la solución de un solo cambio. Yo no sé cómo está la situación en el «mundo de abajo» en Huelva, pero dudo mucho que haya hermandades con dobles cuadrillas completas que permitan esa solución. Pero que tampoco me imagino a los costaleros de La Sed, Cautivo de Santa Genoveva o San Gonzalo, por no mencionar Macarenos y Trianeros, haciendo medio recorrido sin descanso. Pensemos que tuvo un mal momento y no se lo tengamos en cuenta.

Pero lo que no podemos olvidar es que las procesiones, la Semana Santa como el cofrade la entiende, es decir, los desfiles procesionales, las salidas, las bullas, incluso la Carrera Oficial, conlleva una aglomeración de personas, de fieles, de devotos, a quienes es de todo punto imposible encajonar en recintos cerrados y acotados, como propusieron desde Málaga. Y ahí, precisamente ahí, en el codo con codo, en el comentario cercano al oído de quien te acompaña en la espera de la revirá o de la salida del templo, es donde está el mayor riesgo de contagio híper masivo.

Por desgracia para los cofrades en particular, pero para la Humanidad en general, la pandemia no está tomando derroteros que nos inclinen a pensar que va a ser posible una Semana Santa como siempre la hemos conocido. No, al menos, en este 2020 segunda parte. Y, pese a que el Consejo de Hermandades de Sevilla se ha marcado este último trimestre del año para comenzar a analizar situaciones y tomar decisiones, queridos hermanos, creo que debemos irnos haciendo a la idea de que esta próxima Cuaresma será nuevamente interior, y que la Semana en la que celebramos la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor será nuevamente íntima, recogida y, quién sabe, más cristiana; esto último nunca está de más.

En la pasada parada de la procesión pedía a los Obispos que no nos quitasen las ganas o la ilusión por querer agarrarnos a los pocos y finos hilos de esperanza que nos quedaban. Pero creo que tampoco debemos engañarnos con algo que, desde mi humilde -y espero que muy errada- opinión, no va a poder ser.

El nazareno que me precede vuelve a levantar el cirio y debemos seguir caminando. Siempre adelante, siempre al frente, con la mirada puesta en el horizonte de capirotes de esperanza que nos deben llevar al final de todo esto.

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