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El Cirineo, 💙 Opinión

Yo no quiero una Madrugá patrocinada… ¿y tú?

Que la Semana Santa de Córdoba no necesita para nada más Madrugá que la que protagoniza la hermandad de mi abuelo, la Buena Muerte, para ser una de las más grandes de Andalucía, es una verdad irrefutable –sólo hay que escuchar a cofrades y artistas de otras latitudes para constatarlo– salvo para aquellos que en realidad no están haciendo lo que están haciendo por la motivación de engrandecer nada sino porque están obsesionados con encontrar nuevas formas de financiación para solventar los errores cometidos. Errores que han empujado a suscribir más obligaciones de las que deberían haber formalizado, que, con total seguridad, en época de bonanza se podrían afrontar con presteza, pero que están propiciando que, en tiempos de vacas flacas, más de un tesorero lleve meses practicando el noble y tradicional arte del encaje de bolillos del que mi bisabuela era una auténtica maestra.

Sólo así, por la necesidad de tapar agujeros, se entiende el absurdo empecinamiento de quienes ni siquiera tienen el apoyo necesario en su entorno más cercano para una empresa de esta índole y que comienzan a ser el hazmerreir de dirigentes mucho más versados e ilustrados que ellos por querer construir un castillo innecesario desde el más absoluto desconocimiento, haciendo gala, además, de una ridícula soberbia que hace mucho más daño a las corporaciones que representan que a ellos mismos. Tiempos de carencia, no lo olviden, que un buen dirigente tiene la obligación de prever antes de firmar nada. Porque tal vez no se pueda pronosticar una pandemia, ese argumento lo compro, pero sí un mes de mayo de diluvio universal que se cargue la fuente de ingresos principal de una hermandad, provocando que estemos como estamos, maquillajes aparte.

Una necesidad que se complementa con la de un partido político de nuevo cuño, pescar en caladeros que huelen a incienso, enarbolando una bandera de defensores de quienes a nadie han llamado e induciendo la construcción de un proyecto para el que no hay, repito, no hay, y nunca ha habido, demanda social alguna, poniendo en práctica una de las tácticas más viejas empleadas en marketing, crear una necesidad entre el consumidor para luego satisfacerla con el producto que se desea vender. Como las chocolatinas y caramelos que ponen en los hipermercados junto a la caja para que piquen los incautos compradores que pasan por ahí.

Y, permítanme que les diga que más allá de todo lo expuesto con anterioridad –que no les voy a reiterar para no aburrirles más de lo necesario–, este es el aspecto que más me chirría de todo este enojoso asunto. ¿De verdad queremos construir una Madrugá instigados, tutelados o por iniciativa de un partido político, un grupo de recién llegados que –excepciones personales que desconozco– nada tienen que ver con las cofradías salvo que en los últimos meses, conscientes de que “ahí hay mercado”, sus dirigentes locales acuden a todo acto cofrade que se convoque para hacerse un hueco en el coranzoncito de los convocantes? Personalmente pienso, como cofrade, y tras agradecer, por supuesto, su presencia en todos estos actos, que no quiero poner en marcha absolutamente nada germinado a iniciativa de partido político alguno –otra cosa es que los políticos pongan su granito de arena cuando se les pida ayuda–, y que la independencia del universo cofrade es esencial, irrenunciable, como ya ha defendido mi compañero Antonio Alcántara en este mismo rincón de libertad.

Ser independiente es absolutamente incompatible con inventarse un proyecto que el pueblo nunca ha necesitado para estar satisfecho y orgulloso de su Semana Santa –de la que muchos ya estamos orgullosos–, sacando un conejo de la chistera, como un mago de tres al cuarto, que dependa económicamente de una subvención, una “gracia” concedida por los poderes públicos, una dádiva, en definitiva, que puede concederse hoy pero desaparecer mañana. ¿Esta es la Semana Santa que queremos? ¿Una Semana Santa que dependa del dinero de terceros, abocada al desastre económico si la subvención no se cobra? ¿Hace falta recordar a dónde les llegaba la soga a más de uno porque parecía estar en el aire la percepción de la subvención municipal de 6.000€ o menos (depende del número de pasos que se saquen a la calle), por los pormenores ya conocidos por todos?

Yo no quiero una Madrugá patrocinada, ni una Semana Santa subvencionada. Quiero hermandades que logren la independencia económica, autosuficientes, que vivan y crezcan a costa de sus propios recursos –de las cuotas de hermano– y no necesiten una subvención o un “préstamo” doloso –y doloroso– de nadie para construir absolutamente nada, ni una Madrugá ni un palio ni un paso de misterio, donaciones aparte, siempre bienvenidas. Y si no se cuenta con recursos suficientes, en esto es en lo que hay que trabajar, en propiciar que existan, no en llorar por las esquinas para que nos regalen un puñado de monedas. Hace unas semanas, José Antonio Fernández Cabrero, hermano mayor de la Macarena, que algo debe saber de esto y de Madrugá, afirmaba que su hermandad vive básicamente de las cuotas de hermanos y del Museo… A eso debemos aspirar, no a mendigar con una mano, mientras gastamos y gastamos con la otra. Y no me saquen a colación el manido argumento de la obra social. Si para que exista obra social, debe nutrirse de la subvención de alguien, entonces quien hace obra social es ese alguien, no tú.

Y, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, no olviden que para entender qué es (o qué ha de ser) la Madrugá, lo primero que hay que hacer es leer un poquito, documentarse, para descubrir por qué existe donde existe y por qué en Córdoba tenemos la que tenemos, para que si realmente deseamos crear algo nuevo no lo hagamos invocando un recuerdo que, como se pretende crear, jamás existió. Pero eso lo dejo en manos de los más avezados y curiosos, de quienes quieran aprender algo antes de seguir haciendo el ridículo construyendo un castillo de naipes patrocinado, auspiciado y subvencionado por nadie que no sean las propias cofradías.

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