La extensísima historia de algunas de las hermandades cordobesas – esas que parecen tener la capacidad de remontarnos a siglos pretéritos con solo pronunciar su nombre – hace que el tiempo pase, aparentemente, sin hacerse notar, conduciéndonos a pensar, en cierto sentido, que las cofradías denominadas “jóvenes” siempre lo serán, de modo que nuestra mente asume casi por sistema que en el seno de estas todo sigue prácticamente igual que en el momento de sus respectivas fundaciones.
Sin embargo, esto es solo una sensación a la que contribuye la casi inevitable necesidad de comparación entre las corporaciones más añejas y las de historia reciente – o relativamente reciente – pues, en realidad, los constantes avances, las ambiciones, las iniciativas, el incremento del número de hermanos y, por último, la puesta en la calle con todo lo que ello conlleva, nos hace verdaderamente conscientes de lo mucho que esas jóvenes hermandades han recorrido en poco tiempo, hasta consolidarse para formar una parte indivisible del panorama cofrade.
La Hermandad de la Cena constituye un perfecto ejemplo de lo descrito anteriormente ya que, aunque a muchos les parezca mentira, la corporación del Jueves Santo ya tiene sus miras puestas en el próximo año, puesto que será en 2018 cuando se cumplan los significativos 25 años desde la hechura de Nuestro Padre Jesús de la Fe. Es por ello que la cofradía hoy establecida en la Parroquia del Beato Álvaro de Córdoba ya haya comenzado a preparar un programa de eventos orientados a la celebración de esta efemérides que se irán concretando paulatinamente.
Hasta entonces y para contextualizar la llegada del actual titular a la Hermandad de la Sagrada Cena, cabe recordar que, en sus orígenes, la joven cofradía decidió encargar la imagen del titular al imaginero de Puente Genil, Francisco Palos Chaparro, quien había hecho llegar previamente a la hermandad dibujos tanto de frente como de perfil y también de cuerpo completo. Como cabe suponer, el proyecto se terminaría aprobando y la talla labrada por el mencionado artista llegaría a la Hermandad de la Cena para ser al fin bendecida el 11 de abril de 1987, coincidiendo con el Sábado de Pasión en una ceremonia también oficiada por el obispo de la Diócesis, monseñor Infantes Florido.
No obstante, cinco años más tarde la cofradía acordó encargar a Miguel Ángel González Jurado una nueva talla del Señor, quien planteó a sus miembros la posibilidad de afrontar un proyecto que incluyese también a los apóstoles con el fin de recrear una escena más completa y de mayor dramatismo, idea que indudablemente fue más que bien acogida aunque eso supusiera aceptar como parte del pasado al Señor que tiempo atrás realizase Francisco Palos y que terminase por ser cedida el día 10 de febrero de 2002 a la Parroquia de Nuestra Señora de la Encarnación de Santa Eufemia – donde la talla fue acogida con gran ilusión y entusiasmo – tras haber llegado a un acuerdo en Cabildo General de Hermanos de carácter Extraordinario.
Así pues, con la determinación de reemplazar a su primitivo titular por otro de nueva factura y tras haber llegado a la conclusión de que no era posible seguir adelante con el concurso de Palos Chaparro, el 23 de mayo de 1992, los hermanos de la Cena se reunieron en un Cabildo Extraordinario con el objetivo de buscar a un nuevo imaginero dispuesto a asumir el exigente encargo. Esa búsqueda, como saben, tocaría a su fin tras fijarse en el joven imaginero cordobés Miguel Ángel González Jurado, quien propuso el proyecto fuese más global de lo planteado en un primer momento, lo que pasaba por incluir también a los apóstoles para crear de esta forma una escena mucho más armoniosa y coherente.
Una vez expuesta la idea, González Jurado presentó a la cofradía varios bocetos que complacían sin duda los deseos y expectativas de sus miembros. Convencidos del paso que iban a dar, la Junta General Extraordinaria pensada para el 14 de junio de 1992 concluyó con el acuerdo del encargo de todo el grupo escultórico, amén de la imagen del Señor, que llegaría felizmente para complacer a la Hermandad de la Cena, siendo bendecido el 24 de abril de 1993 en una ceremonia oficiada por Miguel Castillejo, Santiago Gómez – entonces nuevo párroco de la Trinidad – y fray Ricardo de Córdoba, miembro fundador de la corporación.
Además y a modo de homenaje, la Hermandad de la Cena realizó para la magnífica y conmovedora talla de Nuestro Padre Jesús de la Fe una reproducción del cáliz que usaba el queridísimo y siempre recordado Antonio Gómez Aguilar, que tanta ayuda prestó a cuantas hermandades fueron a nacer a la Parroquia de la Trinidad.

Con el satisfactorio cambio de titular – realizado en madera de cedro, como una expresión del conocimiento y la destreza de Miguel Ángel González Jurado – ya convertido en realidad, poco antes de que la corporación pasase a integrar la nómina de cofradías del Jueves Santo cordobés, la Hermandad de la Cena se ponía por primera vez en la calle en la fecha del 31 de año de 1994, partiendo desde la Iglesia de la Trinidad. Indudablemente, la ubicación de su primitiva sede, muy próxima al centro de la ciudad, ofrecía en aquellos primeros años un recorrido que la distancia sumada con el establecimiento en la Parroquia del Beato Álvaro impidió en años posteriores.
De aquella primera estación de penitencia, se han podido conservar fotografías como la que da pie a este artículo, en la que se puede apreciar la cofradía a su paso por Capitulares con Nuestro Padre Jesús de la Fe, escoltado por dos faroles a ambos lados y cuatro candelabros arbóreos encargados de iluminar un paso, de dimensiones evidentemente más reducidas que el actual, que portaba la sola efigie del Señor.
Debieron transcurrir dos años para que la Córdoba cofrade fuese por primera vez testigo de la escena de la Sagrada Cena al completo, que por supuesto ya contaba con los 12 discípulos, también realizados por Miguel Ángel González Jurado, los cuales daban forma a una iconografía para la que todos se encontraban dispuestos alrededor de una mesa. Aquella salida procesional en la que la imagen de Judas parecía acaparar un buen número de miradas marcando una notable distancia con la del Señor, incluyó en su itinerario lugares tan emblemáticos como desaparecidos de su recorrido en la actualidad. Este es el caso de la Plaza de Capuchinos, tal y como se deja ver en la inusual y llamativa estampa que nos muestra la instantánea que acompaña estas líneas y en la que el misterio de la Cena comienza a alejarse de un símbolo cordobés de renombre como es el Cristo de los Faroles.





