La Iglesia Católica tiene, como es bien sabido, diez mandamientos a cumplir anunciados por Moisés en unas tablas de piedra por orden de Dios desde hace más de dos mil años. Precisamente en la Iglesia es donde en ocasiones se ha pecado contra uno de ellos paradójicamente, en concreto con el séptimo “No Robarás”. Algunos individuos, por calificarlos de alguna manera, se han dedicado en alguna ocasión a realizar un hurto en el interior de un templo, casi siempre, algún objeto valioso para posteriormente venderlo.
Algunas hermandades han sufrido este hecho desagradable sin motivo aparente, ¿Por qué?, ¿Qué necesidad? El último caso ha ocurrido este mismo fin de semana en la parroquia de San Gil con la hermandad del Rocío de la Macarena, que sufría el robo de algunas joyas que poseía su bendito Simpecado como la medalla de la propia corporación, la de oro de la ciudad o la de la Virgen de los Reyes, regalada por la asociación de fieles a esta filial rociera tras haber presido el Pregón de las Glorias el año pasado, este hecho vandálico ha ocurrido curiosamente en el fin de semana en el que debería haberse celebrado la romería del Rocío, suspendida por esta situación en la que estamos.
Otras hermandades sevillanas han tenido que vivir por esto, como la de la de la Resurrección, que en 2017 sufría el robo de algunas joyas de la Virgen de la Aurora, broches bañados en oro, plata y perlas, la de los Desamparados de Alcosa que en 2018 les fue sustraído las dos sayas de salida o algunos enseres del cortejo, la de las Siete Palabras que les ocurría lo mismo con las bambalinas del antiguo paso de palio de plata y dos de las cuatro águilas que porta el paso del Señor de la Divina Misericordia en sus esquinas, también de plata, o incluso en la provincia también ha ocurrido más de una vez un robo a una hermandad, uno de los más sonados fue el que padeció la Virgen del Rosario de Carrión de su corona.
Pero volviendo a las preguntas de antes, ¿Por qué?, ¿Qué necesidad hay?, ¿Es por el mero hecho de hacer daño o hay una necesidad?, aunque la hubiera no justifica nada, claro está, hay formas para solucionar esa necesidad y ninguna es robar, justamente las víctimas son las que pueden ayudar, las hermandades y la Iglesia con sus obras asistenciales y su caridad, porque que no se nos olvide que pese a todo el oro y joyas que vemos en los templos, en los pasos procesionales o que portan las imágenes sagradas, también se ayuda al prójimo y no derrocha el dinero como muchos piensan, es por eso que quizás ahí se busca la solución, equivocada. Se puede dar el caso que incluso los robos sean para invertir su valor en vicios y la mala vida, algo que todavía es peor.
Sólo puedo decir, como el propio Jesús dijo en la cruz momentos antes de morir, “Padre perdónalos, no saben lo que hacen”.





