Suspira el querubín perplejo por algunas designaciones que bien podrían considerarse sangrantes si los encargados de los nombramientos supieran de los antecedentes del elegido.
Suspira el amigo alado recordando las visitas del hombre del santo reino cuando, año tras año, pasaba por aquel templo tan cercano a su puesto de trabajo, siempre para pedir y nunca para dar.
Suspira el ángel por aquel Raphael que, para vestir túnica en el hispalense barrio de Mari Cruz la mocita, quiso ahorrarse el parné y llevársela de Córdoba prestada, lo que bien merece una exaltación al sagrado titular de la cofradía del puño agarrado.





