Apenas queda un día para que Resucite el Señor, se pone punto y final a la Semana Santa, esos diez días que tanto deseamos que lleguen los cofrades. Diez días en los que hemos vivido en una tristeza constante al no poder realizar nuestras respectivas procesiones con nuestros titulares así como vivirla en las calles de nuestras ciudades que tanto cambian en primavera.
Una Semana Santa en la que hemos estado pegados a las redes sociales de las corporaciones que han realizado actividades especiales para intentar suplir la suspensión de las salidas procesionales, algunas con más acierto que otras, así como las redifusiones que muchas cadenas de TV, sobre todo locales y autonómicas, han hecho de procesiones de otros años. Hermandades que han desplegado todo su potencial a través de YouTube, Facebook, Twitter o Instagram, siendo conscientes del mundo actual, ofreciendo contenido único nunca visto e incluso, produciendo audiovisuales novedosos.
Hemos vivido esta Semana Santa sintiéndola igual que otros años, pero sin salir a las calles con nuestras túnicas, entre aplausos a los que esta pandemia nos han demostrado ser los verderos héroes de nuestra sociedad, los sanitarios y las fuerzas de seguridad, entre políticos que usan a los tristemente fallecidos como arma arrojadiza y que, por desgracia, son los receptores de alabanzas inmerecidas.
Esta Semana Santa triste pero histórica está siendo la muestra patente del sentimiento de multitud de hogares en todo el país, en el que la fe se ha vivido de manera interna. Muchas han sido las casas que han acogido procesiones improvisadas marcadas por las marchas en reproductores musicales, levantadas imaginarias, nubes de incienso y velas.
Queda claro que por mucho que aquellos que nos odian intenten menospreciarnos y pretenden hacer creer que somos pocos, han visto las mismas imágenes que todos nosotros, policías saludando azulejos tras rezar ante ellos mientras suenan marchas en balcones y en sus propios coches patrulla, miles de flores a las puertas de los templos que debían estar llenos, oraciones en tarjetas de floristerías, aplausos de agradecimiento.
Qué triste y dura está siendo esta Semana Santa, pero como ha alimentado nuestros corazones y ha dejado claro que, aunque sea una celebración católica, influye en todo en esta sociedad y lo malo sería que desapareciera, tanto para los cofrades, como para toda la economía de nuestras ciudades.
Mañana Dios resucita, y volveremos a poner el contador en marcha para, esta vez sí, poder procesionar con nuestras imágenes.
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